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Nevaco Global
25 de septiembre de 2026

Cuando cumplir ya no basta: nuevos riesgos para el comercio exterior

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La fiscalización está cambiando. El SAT programó para 2026 alrededor de 3 mil auditorías de comercio exterior sobre un universo de 116,467 contribuyentes

En comercio exterior, una multa nunca es solamente una multa. Puede convertirse en inventario detenido, flujo de efectivo comprometido, una línea de producción en riesgo o incluso la suspensión de una autorización indispensable para operar. Por eso, lo que ocurre este año en materia aduanera merece atención más allá de los especialistas.

La fiscalización está cambiando. El SAT programó para 2026 alrededor de 3 mil auditorías de comercio exterior sobre un universo de 116,467 contribuyentes, equivalente a una tasa de 2.5%. A primera vista podría parecer una proporción pequeña. Pero esa lectura pierde de vista lo importante: la autoridad no busca revisar a todos, sino concentrarse donde identifica mayores señales de riesgo.

Hoy una operación puede observarse desde distintos ángulos al mismo tiempo. Pedimentos, facturas, pagos, inventarios, permisos, valores declarados y comportamiento fiscal pueden cruzarse para detectar inconsistencias. En otras palabras, todos los documentos de una empresa deben contar la misma historia.

El problema aparece cuando una fiscalización más inteligente no se traduce también en revisiones más ágiles. La propia ANAM utiliza como indicador de eficiencia el porcentaje de reconocimientos aduaneros que concluyen en tres horas o menos y, todavía en 2025, ubicaba los tiempos de revisión en México en ese rango.

Tres horas pueden parecer razonables desde la perspectiva administrativa, pero para una operación logística significan mercancía detenida, unidades inmovilizadas y costos que se acumulan. El objetivo no debe ser revisar menos, sino revisar mejor: aprovechar la tecnología y el análisis de riesgo para concentrar recursos donde realmente existen inconsistencias y facilitar la operación de quienes cumplen.

A esto se suma un segundo factor: las consecuencias de un incumplimiento son hoy más severas. La reforma a la Ley Aduanera, que entró en vigor el 1 de enero, modificó el régimen de infracciones y sanciones. En algunos supuestos, la multa ya no guarda una relación directa con el daño fiscal. Por ejemplo, no acreditar regulaciones y restricciones no arancelarias puede generar una sanción de entre 250% y 300% del valor comercial de la mercancía. La omisión de impuestos al comercio exterior puede sancionarse con entre 130% y 150% de las contribuciones omitidas.

Pensemos en lo que esto significa para una empresa. Una operación puede haber pagado correctamente sus impuestos y, aun así, enfrentar una consecuencia económica elevada por una falla documental, regulatoria o de etiquetado. Además, el costo no termina en la multa: puede existir embargo precautorio, suspensión del padrón o afectaciones a programas como IMMEX.

Los datos de recaudación muestran la dimensión del fenómeno. En 2025, las infracciones de comercio exterior generaron 2,584 millones de pesos. En los primeros seis meses de 2026, la cifra alcanzó ya 2,986 millones: 131% más que en el mismo periodo del año anterior y más de lo recaudado durante todo 2025.

La discusión de fondo no debe reducirse a cuánto recauda la autoridad. Lo verdaderamente relevante para las empresas es cómo se calcula una sanción, qué tan proporcional resulta y qué capacidad existe para corregir antes de comprometer la continuidad de una operación.

Otros sistemas aduaneros también han endurecido su fiscalización. Estados Unidos gradúa determinadas sanciones con base en la culpabilidad y el ingreso fiscal perdido; Canadá utiliza montos por contravención y reincidencia. México, en cambio, puede calcular algunas multas sobre el valor total de la mercancía. Son modelos distintos y no directamente comparables, pero la diferencia ayuda a entender por qué el diseño de la sanción importa tanto como su monto.

En comercio exterior, cumplir no consiste solamente en tener los documentos. Revisar la consistencia entre pedimentos, facturas, pagos, inventarios, permisos y registros dejó de ser una tarea administrativa para convertirse en una decisión de competitividad. Para las empresas que exportan, la prioridad es clara: hoy prevenir vale mucho más que corregir.

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