La vanidad de Trump es asimétrica al orgullo de Carney para representar y defender a su país que respondió como no esperaba la Casa Blanca
Washington.- El pragmatismo y determinación con la que Mark Carney, el primer ministro de Canadá, enfrentó las acciones unilaterales en materia arancelaria de Donald Trump, lo colocan como el ejemplo a seguir el mundo y como antídoto a la arrogancia imperialista.
La vanidad de Trump es asimétrica al orgullo de Carney para representar y defender a su país que respondió como no esperaba la Casa Blanca.
Trump pensó que con imponer 50% de gravamen a las importaciones canadienses humillaría y doblegaría a Carney, pero, vaya sorpresa se llevó el ególatra mandatario estadunidense cuando le respuesta que le llegó del norte fue de ojo por ojo, diente por diente.
Por cada dólar de arancel de Estados Unidos a las importaciones de Canadá, en esa nación se impuso un dólar de gravamen a las importaciones estadunidenses. Hoy hay una guerra comercial que tiene políticamente arrinconado a Trump y a los republicanos; nunca calcularon que Carney actuaría como lo hizo y que los pusiera en mayor riesgo de perder el control representativo en el Congreso federal.
Trump sigue diciendo que la palabra ‘tarifa’ es la más hermosa del diccionario. Carney le acaba de demostrar que otro de los significados en el léxico de la tasa arancelaria es guillotina electoral y política.
Por esos exabruptos narcisistas e inesperados de Trump no solamente se puso en duda al futuro inmediato de una relación comercial entre Estados Unidos y Canadá que en términos anualizados tiene un valor de 700 mil millones de dólares, por igual se llevó entre las patas al mañana del T-MEC y eventualmente a la economía de México.
Las negociaciones comerciales entre los gobiernos de Trump y Carney están suspendidas. El impase ya dejó de lado a las revisiones o renegociaciones que se harían del T-MEC a nivel bilateral y luego uniendo a México a nivel trilateral en las próximas semanas.
El enfrentamiento norteamericano que ha generado repudio a Trump entre sus conciudadanos, a Carney lo transformó en la envidia del mundo entre jefes de Estado y de Gobierno y en el político más popular del orbe. Quién no quisiera tener un líder que frente a frente le diga a Trump, a mí no y menos a mi nación. Quiero uno así.
Es demencial lo que hace Trump bajo su inexistente manto de emperador. Millones de estadunidenses se preguntan si su presidente ya perdió el juicio. La disputa con Canadá no es entre escuincles malcriados. Carney es un gran dignatario consciente del poder de la economía de su país que es una de las siete más grandes de la tierra.
Incapaz de admitir un error y carente del talante de un auténtico líder, Trump rayó de ignorancia y expuso rastros de inestabilidad cognitiva este pasado fin de semana cuando, echando mano de la inteligencia artificial, subió a su cuenta personal de la red Truth Social una mofa contra Canadá con dibujos animados.
Con pelo rubio e imitando el estilo de su peinado, la sorna animada de Trump consistió en un batallón de gansos disparando rifles de alto poder contra Canadá desde la frontera de Estados Unidos.
El tiro le salió por la culta, por favor; que alguien le diga al presidente de Estados Unidos que esa clase de gansos que usó en su tira cómica no son gringos: son y serán canadienses, tal y como el Lago Ontario.
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