Buscan prohibir por cinco años la importación de ropa usada en Argentina
Un diputado presentó un proyecto para prohibir durante cinco años la importación de ropa usada por razones sanitarias y defensa de la industria textil.
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Ahí se explica el sentido político de los nuevos aranceles mexicanos a países con los que no tenemos tratado de libre comercio. Formalmente se trata de una medida general
La visita de Donald Trump a China no debe leerse como una simple fotografía diplomática entre dos líderes poderosos. Para México, el encuentro entre Trump y Xi Jinping tiene una lectura mucho más profunda: confirma que la disputa entre Estados Unidos y China no se resolverá mediante una ruptura total, sino mediante una competencia administrada, dura, selectiva y profundamente pragmática.
Washington no quiere desaparecer su relación económica con Beijing. Quiere disciplinarla. Quiere comprar menos donde se sienta vulnerable, controlar mejor las cadenas estratégicas, reducir la dependencia en sectores críticos y, al mismo tiempo, negociar con China cuando ello convenga a sus agricultores, empresas aeronáuticas, consumidores e intereses geopolíticos. Ese es el verdadero mensaje para México.
La paradoja es evidente. Mientras Trump se sienta con Xi Jinping para buscar acuerdos, abrir canales de negociación y preservar espacios de cooperación, México entra esta semana a la fase más delicada de la revisión del T-MEC bajo presión para demostrar que no será una puerta trasera de China hacia el mercado estadounidense. En otras palabras: Estados Unidos sí negocia con China, pero le exige a México que ordene, límite y transparente su propia relación con China.
Ahí se explica el sentido político de los nuevos aranceles mexicanos a países con los que no tenemos tratado de libre comercio. Formalmente se trata de una medida general. En la práctica, el destinatario principal es claro: China. Si China es nuestro segundo socio comercial y una fuente central de importaciones industriales, electrónicas, textiles, automotrices y de maquinaria, la señal no puede ocultarse. México está intentando reducir su exposición a insumos chinos, proteger sectores vulnerables y enviar a Washington el mensaje de que entiende la lógica de seguridad económica que dominará la revisión del T-MEC.
Pero hay que decirlo con claridad: desacoplar importaciones no es lo mismo que construir desarrollo. Subir aranceles puede corregir distorsiones, pero no sustituye una política industrial. Si México encarece importaciones chinas sin generar proveedores nacionales, financiamiento productivo, infraestructura, energía suficiente, innovación y capacidades tecnológicas, el resultado puede ser inflación, presión sobre empresas y pérdida de competitividad. La sustitución de importaciones solo funciona si va acompañada de sustitución de capacidades.
La revisión del T-MEC ya no será una negociación comercial tradicional. Será una negociación sobre origen, trazabilidad, seguridad de cadenas, contenido regional y confianza geopolítica. Estados Unidos observará no sólo qué exporta México, sino con qué componentes produce, de dónde vienen sus insumos, quién controla sus proveedores y qué tanto contenido chino se esconde detrás de una etiqueta mexicana.
Por eso México debe actuar con inteligencia estratégica. No le conviene romper con China, pero tampoco puede depender pasivamente de China. No le conviene confrontar a Estados Unidos, pero tampoco puede aceptar una subordinación automática.
La salida está en construir una posición propia: aprovechar el T-MEC, ordenar la relación con China, atraer inversión productiva de Asia bajo reglas claras y desarrollar proveedores nacionales capaces de insertarse en cadenas de mayor valor.
En este contexto, el acuerdo modernizado con la Unión Europea es importante, aunque secundario frente al tablero asiático. Su valor no está en sustituir a Estados Unidos ni a China, sino en ampliar el margen de maniobra de México. Europa puede aportar inversión, tecnología, transición energética, estándares regulatorios y diversificación. Pero la verdadera prueba de México seguirá estando en Asia: cómo administrar su relación con China sin perder credibilidad ante Norteamérica.
Trump en China nos recuerda una lección incómoda: las grandes potencias no se desacoplan por completo; negocian desde la fuerza. México debe dejar de reaccionar y empezar a diseñar. En el nuevo orden geoeconómico, el país que no construye estrategia termina convertido en territorio de ajuste de las estrategias de otros.
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Un diputado presentó un proyecto para prohibir durante cinco años la importación de ropa usada por razones sanitarias y defensa de la industria textil.
CaixaBank ha anunciado este jueves un nuevo paso en su avance en Gipuzkoa con la apertura del que se será el tercer centro de empresas del territorio, que se suma a los otros dos ubicados en la capital guipuzcoana. El nuevo espacio, que cuenta con 250 metros cuadrados, se encuentra en el Parque Tecnológico de Zuatzu, en el edificio Urola. El equipo liderado por Josu Alkain cuenta con 10 profesionales al servicio de las empresas en Gipuzkoa, que hoy en día atiende a una cartera de cerca de 600 clientes.