cope_esLa tradición de Todos los Santos se marchita: los floristas notan una caída del 20% en las ventas
Con la llegada del Día de Todos los Santos, las floristerías de todo el país trabajan a pleno rendimiento para una de las jornadas más importantes del año. En las Ramblas de Palma, uno de los puntos de referencia en la venta de flores, los profesionales del sector se preparan para recibir a miles de personas, aunque notan un cambio en esta tradición tan arraigada. Así lo explica Marga Sastre, de la floristería Flor Marga, que analiza la situación actual. Sastre confirma que los preparativos para esta fecha clave comienzan con mucha antelación, aunque la organización es crucial. "Es un producto perecedero, y la flor se tiene que preparar a lo último para que la flor salga lo más fresquita posible", detalla. Este año, además, han notado que los clientes han sido previsores: "Hace más de un mes que tenemos encargos apuntados, y este año podemos prever un poquito antes qué tipo de flor tenemos que coger". En cuanto a las preferencias de los compradores, las flores más clásicas se mantienen como las más demandadas. Triunfan el clavel, la clavellina y la margarita, por ser variedades duraderas, además de la anastasia, un tipo de crisantemo. Sin embargo, Sastra no tiene dudas al señalar que, por encima de todas, "sin duda el producto estrella es la rosa". A pesar del ajetreo de estos días, la percepción general en el sector es que la costumbre de llevar flores al cementerio está en declive, sobre todo entre las nuevas generaciones. Marga Sastre estima que las ventas han podido bajar en torno a un 20% y lamenta que la tradición pierde fuelle. "Me sabe muy mal, pero yo diría que está perdiendo fuerza", afirma, y añade una previsión a futuro: "Yo creo que en unos 10 años se perderá mucho". El motivo principal de esta caída es un cambio generacional. "La gente joven no suele ir tanto al cementerio", explica Sastra, quien lo atribuye también a que "la mayoría de gente se incinera". Los jóvenes se decantan por otras fechas como San Valentín o la nueva moda de regalar flores amarillas el 21 de septiembre, impulsada por redes sociales como Instagram o TikTok. La florista cree que llegará un momento en que "será más fuerte la campaña de los enamorados que la de Todos los Santos". En cuanto a los precios, el sector ha hecho un esfuerzo por contenerlos. "Llevamos 4 años manteniendo los precios", asegura Marga Sastra, aunque no descarta que "llegará un momento que los tengamos que subir un poquito". Para garantizar la frescura, la logística es clave: los pedidos a proveedores se hacen con 15 días de antelación y se dosifican las entregas para no saturar el almacén. Aunque intentan trabajar con producto de la isla, parte del género procede de fuera, como de Valencia. El resto del año, una floristería subsiste gracias a los "detalles de ramos para regalar un día especial, como un cumpleaños". Como resume Sastre, el sector les acompaña a lo largo de toda la vida: "Estamos desde que nacemos hasta que nos morimos". A pesar de su ubicación privilegiada en Las Ramblas, su clientela es mayoritariamente local, ya que el turista "muy pocas veces viene a comprar flores".