Cuando Tim Cook asumió el cargo de director ejecutivo (CEO) de Apple, no intentó llenar el enorme vacío dejado por su legendario fundador y visionario de productos, Steve Jobs. En su lugar, siguió su consejo: “Nunca preguntes qué haría yo; simplemente haz lo correcto”.
Quince años después, tras transformar al fabricante del iPhone de una empresa valorada en 350,000 millones de dólares en un gigante de más de 4.5 billones, Cook pasará la batuta a John Ternus, jefe de hardware de Apple, quien liderará la compañía en la era de la inteligencia artificial (IA).
Ternus asumirá el cargo de CEO este 1 de septiembre y se encargará de gestionar las relaciones de Apple con los responsables políticos, en un contexto de tensión entre su mercado de origen, Estados Unidos, y China, donde se fabrican muchos de sus productos.
Esta transición pone el broche de oro a uno de los mandatos más trascendentales en la historia de los directores ejecutivos.
A diferencia del genio de Jobs para el diseño de productos, Cook ascendió en Apple convirtiendo la cadena de suministro de la empresa en la envidia de todos los fabricantes. Como CEO, aplicó esta mentalidad centrada en las operaciones para llevar los productos de vanguardia de Apple al gran público.
En una muestra perfecta de su perspicacia empresarial, Cook comprendió que Apple podía seguir generando ingresos de los clientes mucho después de la venta del iPhone, transformando su base de 2,500 millones de usuarios activos en una máquina de ingresos recurrentes. En los últimos años, este segmento de negocio ha superado en crecimiento a la división de hardware de la compañía.
Las ventas anuales de Apple pasaron de 108,000 millones de dólares al inicio del mandato de Cook a 416,000 millones en el último ejercicio fiscal, mientras que los beneficios se multiplicaron por más de cuatro, alcanzando los 112,000 millones de dólares.
Su división de dispositivos vestibles (wearables) —que incluye accesorios para el iPhone lanzados bajo la gestión de Cook, como el Apple Watch y los AirPods— generó 35,000 millones de dólares en ventas durante el ejercicio fiscal 2025.
“Cook no solo forjó su propio camino de éxito operativo y en la cadena de suministro, sino que también creó una cultura basada en valores dentro de Apple”, señaló Christopher Brown, asesor financiero de Synovus Securities, una firma de gestión de patrimonio privado que posee acciones del fabricante del iPhone.
“El resultado fue un círculo virtuoso de lealtad a la marca y dependencia por parte del consumidor que generó billones de dólares en ingresos”.
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Los críticos llevan tiempo acusando a Apple de haber perdido su ventaja innovadora durante la era de Cook, pues para ellos, no logró responder a la pregunta de qué vendrá después del iPhone, mientras los rivales del sector del hardware buscan desplazar al teléfono inteligente como el dispositivo de consumo por excelencia.
La gestión de Cook también registró otros fracasos: un proyecto de vehículo eléctrico que duró una década y que Apple canceló en 2024, justo cuando estos vehículos empezaban a despegar en China. La compañía también protagonizó un sonado fiasco con el lanzamiento de Apple Maps en 2012 —pocos meses después de que Cook asumiera el mando—, lo que provocó la salida de Scott Forstall, jefe de software y estrecho colaborador de Steve Jobs.
La apuesta de Apple por las gafas de realidad aumentada Vision Pro, lanzadas en 2023 a un precio elevado de 3,499 dólares, no logró generar ventas sólidas; además, sus productos se han quedado rezagados en cuanto a funciones de IA, incluyendo retrasos en la renovación de Siri.
“La IA es el mayor desafío para Ternus. Apple necesita demostrar que la IA será algo más que una aplicación en el iPhone, algo más que Siri”, afirmó Brian Mulberry, estratega jefe de mercado de Zacks Investment Management, firma que posee acciones de Apple.