Caputo celebró un récord de exportaciones por u$s 32.000 millones: los sectores que impulsaron el salto
Las ventas agroindustriales crecieron 15% en valor y 13% en volumen durante los primeros siete meses de 2026
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México captó 34 mil 968 millones de dólares de inversión extranjera directa en el primer semestre de 2026, una cifra 2.1 por ciento superior a igual período del año pasado y constituye el mayor nivel registrado para un mismo lapso desde que se tiene registro, de acuerdo con la Secretaría de Economía (SE).
“Este máximo histórico en el primer semestre de 2026 reafirma la posición de México como una plataforma atractiva para recibir la inversión extranjera directa”, informó la dependencia.
Según la entidad encargada del comercio exterior, en los últimos cinco años, la inversión extranjera registró un incremento de 89.7 por ciento entre el primer semestre de 2021 y el mismo periodo de 2026.
“Estos resultados se sustentan en la solidez de los fundamentos macroeconómicos e institucionales, así como en las directrices del Plan México”, comentó la institución al mando de Marcelo Ebrard Casaubón.
Agregó que la fortaleza también se refleja en la posición de México frente a otras economías del mundo.
En 2025, los flujos globales de inversión aumentaron en 6 por ciento, mientras que en México subió 10.8 por ciento la inyección de capital extranjero, dijo.
México se mantuvo entre los 10 principales receptores de inversión extranjera directa a nivel mundial, por encima de economías como India, Francia, España e Italia, destacó la SE.
En el primer semestre de 2026, las empresas extranjeras reinvirtieron utilidades por 30 mil 957 millones de dólares, las compañías hicieron nuevas inversiones por 2 mil 726 millones de dólares y las cuentas entre compañías fueron de mil 285 millones de dólares, de acuerdo con la entidad gubernamental.
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De acuerdo con la dependencia, Estados Unidos se mantuvo como el principal país de origen de la inversión extranjera directa en México, a pesar de la política arancelaria de Donald Trump y una serie de llamados a los inversionistas a invertir en su país.
Las compañías de origen estadounidense inyectaron más de 16 mil 871 millones de dólares en el primer semestre de 2026, lo que equivale al 48.2% del total de la inversión extranjera directa, indicó.
España, agregó, se ubicó en la segunda posición con una inversión de 4 mil 954 millones de dólares, le siguieron Canadá con mil 741 millones de dólares, Australia con una inyección de capital de mil 698 millones de dólares y Alemania con mil 647 millones de dólares.
“Estas cinco economías representan el 77 por ciento del flujo total de inversión extranjera recibido por México al cierre del primer semestre de 2026”, informó.
Estados Unidos y Canadá concentraron 53.2 por ciento, lo que es reflejo de la profunda integración de las cadenas de valor en América del Norte, explicó la Secretaría de Economía.
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Las ventas agroindustriales crecieron 15% en valor y 13% en volumen durante los primeros siete meses de 2026
El primer ministro canadiense se adentra en un pulso de desgaste con Washington y desafía los planes de Trump de convertir en vasallos a sus antiguos aliados El primer ministro de Canadá reconoce la “mentira” del orden internacional ante las amenazas de Trump Después de Irán , Canadá podría ser el siguiente en mostrarle a Donald Trump dónde se encuentran los límites de su poder. La guerra comercial de Washington con Ottawa se ha recrudecido este fin de semana después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, abandonara las negociaciones ante las exigencias de última hora estadounidenses. “No estábamos dispuestos a comprometer la soberanía de Canadá”, dijo Carney en un discurso a la nación el sábado . El primer ministro denunció que se había levantado de la mesa de negociación porque la parte estadounidense había introducido nuevas condiciones que eran “injustas, antieconómicas y ponían en duda la fiabilidad de cualquier acuerdo”. “Cuando te atacan, estás en guerra”, aseguró Carney en un discurso sentido en el que decidía marcar un límite muy claro al presidente estadounidense en su estrategia de convertir en vasallos a sus antiguos aliados. “La pasada primavera señalé que Estados Unidos intenta debilitarnos para poder dominarnos. Y les prometí que eso nunca, jamás, ocurriría. Estamos cumpliendo ese compromiso. Canadá se está haciendo más fuerte y depende menos de Estados Unidos. Ya ofrecemos más de lo que ellos pueden quitarnos. Y esto es solo el principio” afirmo desafiante el canadiense. Somos nosotros quienes trazamos nuestro camino. Somos nosotros quienes forjamos nuestro propio destino. En Canadá, somos dueños de nuestra casa, de un océano a otro“, añadió en una clara alusión a la Revolución Tranquila de Quebec de la segunda mitad del siglo XX. En su tónica habitual, la respuesta de Trump fue imponer nuevos aranceles del 50% a Canadá, que se suman al 10% que ya había aplicado el mes pasado a Ottawa bajo la reedición de los antiguos “aranceles universales”. Ante el desafío de Carney, que prometió aranceles de represalia para el 8 de septiembre , el republicano ha anunciado este lunes otra tanda de impuestos del 50% a las importaciones canadienses , la cual entrará en vigor a partir del 1 de enero del 2027 si no se llega a un acuerdo. El lejano horizonte tiene más forma de farol que de amenaza real. Estados Unidos intenta debilitarnos para poder dominarnos. Y les prometí que eso nunca, jamás, ocurriría. Estamos cumpliendo ese compromiso. Canadá se está haciendo más fuerte y depende menos de Estados Unidos. Ya ofrecemos más de lo que ellos pueden quitarnos. Y esto es solo el principio Mark Carney — primer ministro de Canadá Los gravámenes del 50% que ya están en vigor tendrán un impacto por un valor de 20.000 millones de dólares sobre los bienes de uno de los principales socios comerciales de EEUU. La gran mayoría de bienes que exporta Ottawa van al mercado estadounidense (el 72% el año pasado), lo que significa que la vulnerabilidad es mutua: para Canadá porque se trata de su principal comprador, y para Estados Unidos porque sus ciudadanos van a ser los principales perjudicados. Una de las principales razones por las que actualmente la popularidad de Trump está por los suelos es el encarecimiento del coste de vida. El presidente estadounidense prometió que cuando regresara al Despacho Oval los precios bajarían, pero el carro de la compra no ha hecho más que subir para las familias. Ya sea por la guerra en Irán, con el bloqueo de Ormuz disparando el precio del petróleo, o por la guerra comercial que repercute en los estantes del supermercado. Canadá es consciente de ello y por eso ha decidido adentrarse en un pulso con Trump que no se suele ver entre otros países de Occidente. Se trata de ver quién es capaz de resistir y soportar más tiempo el daño. Carney ha decidido entrar en el juego justo en un momento en que parece que Washington ya se está topando de bruces con la realidad. El viernes, tras insistir durante más de un año en que los aranceles no afectaban a los precios del consumidor, el mandatario estadounidense eliminó los gravámenes para las importaciones de carne de vaca. Trump anunció la medida como una acción para paliar el desangre de los bolsillos de los estadounidenses. Una acción que se produce pocos meses después del revés del Tribunal Supremo contra uno de los pilares de la política económica del magnate, los aranceles universales. La Administración Trump tuvo que buscar otro mecanismo para restaurarlos recientemente bajo la forma de impuestos contra aquellos países que no hagan lo suficiente para combatir el trabajo forzado. Otra medida que ya ha vuelto a ser llevada ante los tribunales. Este lunes, Carney recordaba a Washington que “existe la posibilidad de un acuerdo mutuamente beneficioso con EEUU”. Pero para que ello ocurra, la Casa Blanca debe abandonar el estilo chantajista: “Canadá volverá a la mesa de negociaciones cuando Estados Unidos vuelva a la mesa de negociación con la actitud adecuada respecto a nuestra industria”. La defensa de la industria del país va más allá de una simple cuestión comercial. El sábado Carney enmarcó los ataques económicos que Trump está ejerciendo contra el país como parte de una estrategia en su empeño por convertir Canadá en el estado 51 de EEUU. “Las exigencias estadounidenses no son coherentes con la relación entre dos Estados independientes, sino que perseguían uno de los objetivos declarados por Donald Trump: convertir a Canadá en el 51o estado”, expuso el mandatario canadiense. Desde el principio hemos reconocido que Estados Unidos ha cambiado. No estábamos dispuestos a comprometer nuestra soberanía, la protección de la lengua francesa ni nuestra cultura. A nuestros colegas estadounidenses, queremos dejarlo claro: para mi Gobierno y para Canadá, estos asuntos nunca estuvieron sobre la mesa, a pesar de que Estados Unidos intentó hacerlo hasta el último minuto Mark Carney — primer ministro de Canadá Según denunció Carney, a última hora la parte negociadora estadounidense había introducido nuevas condiciones que interferían directamente con la capacidad de Ottawa para negociar con terceros países. Washington buscaba restringir el derecho de Canadá a firmar acuerdos comerciales con otros países, un elemento clave de la estrategia de Carney para reducir la dependencia de su vecino del sur, cada vez menos fiable. “Desde el principio hemos reconocido que Estados Unidos ha cambiado”, sentenció Carney, que también señaló cómo, incluso, Washington había puesto otras condiciones vinculantes al uso del francés. “No estábamos dispuestos a comprometer nuestra soberanía, la protección de la lengua francesa ni nuestra cultura. A nuestros colegas estadounidenses, queremos dejarlo claro: para mi Gobierno y para Canadá, estos asuntos nunca estuvieron sobre la mesa, a pesar de que Estados Unidos intentó hacerlo hasta el último minuto”, señaló. Además, EEUU también habría intentado excluir de las reducciones arancelarias los camiones pesados fabricados en Ontario, como los Ford F-350 y F-450, y el GM Silverado. Según Carney, a la larga, esto habría hecho que para los fabricantes de automóviles resultara menos rentable seguir produciendo estos vehículos en Canadá. Aunque oficialmente la Casa Blanca no ha confirmado ninguna de las afirmaciones de Carney, y tampoco se ha pronunciado sobre la insinuación de que la agresión comercial forme parte de un intento para debilitar el país y anexionárselo, la primera reacción de Trump al desplante fue bastante elocuente: “¡Quiere los beneficios de ser un Estado, ¡sin serlo!”. Carney parece dispuesto a mantener el pulso y ver dónde están los límites de la guerra comercial de Trump. Un movimiento que siguen de cerca otros países que también han firmado acuerdos bilaterales con EEUU, como la Unión Europea.