Zonas Francas ante el reto de la competitividad
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La revisión del T-MEC podría llevar las reglas de origen a un terreno hasta ahora poco explorado en Norteamérica y no solo identificar dónde fueron fabricados los componentes de un producto, sino también de qué país proviene el capital de las empresas que los producen, una discusión que podría afectar especialmente a inversiones chinas en sectores considerados estratégicos.
Gabriela Soni, Head of Investment Strategy de UBS en México, explicó en entrevista con Expansión que especialistas en comercio han comenzado a plantear que la próxima etapa de integración regional podría ir más allá del contenido regional establecido actualmente para industrias como la automotriz.
Hasta ahora, las reglas de origen se concentran en determinar qué porcentaje de un vehículo, una autoparte u otro producto fue fabricado en México, Estados Unidos o Canadá para acceder a los beneficios arancelarios del tratado. En el caso automotriz, por ejemplo, el T-MEC exige actualmente un contenido regional de 75%, pero dentro de las negociaciones se han planteado porcentajes todavía más altos.
“Ahora lo que se está hablando es que podrían incluso ya no solo hacer las reglas de origen de los componentes, sino ir más allá y fijarse en el origen del capital”, explicó Soni. La discusión implicaría conocer no solo dónde opera una fábrica, sino quiénes son sus propietarios y de dónde proviene el capital que controla sus operaciones.
La estratega señaló que el planteamiento sería particularmente relevante para industrias relacionadas con la seguridad nacional o económica, donde Estados Unidos podría buscar limitar la participación de capital chino. Sin embargo, advirtió que se trata todavía de una discusión novedosa y difícil de llevar a la práctica, debido a que rastrear con precisión el origen último del capital de una compañía puede ser considerablemente más complejo que identificar la procedencia física de una pieza.
“Ya no solo [sería] el componente, sino el dueño de la fábrica: ¿de dónde eres?”, explicó. Soni añadió que este tipo de criterios apenas comienza a aparecer en acuerdos comerciales recientes y que México tendría dificultades incluso para identificar de manera precisa el origen de algunas inversiones extranjeras.
El eventual establecimiento de criterios relacionados con la propiedad de las empresas abriría así una nueva variable para las decisiones de inversión. Soni reconoció que esta posibilidad podría modificar la manera en que se había concebido hasta ahora la llegada de capital chino a México, incluyendo alternativas como asociaciones con empresas mexicanas o norteamericanas para generar empleos y transferencia tecnológica.
El cambio buscaría reducir la dependencia de Norteamérica de insumos provenientes de Asia y desarrollar cadenas de suministro con una integración vertical mayor dentro de la propia región.
De acuerdo con información de la Secretaría de Economía, México recibió 23,591 millones de dólares de IED durante el primer trimestre de 2026, el monto más alto registrado para un periodo enero-marzo. El flujo fue cercano a 10% superior al del mismo periodo de 2025.
Sin embargo, buena parte de esos recursos correspondió a reinversión de utilidades de compañías extranjeras que ya operaban en México, por lo que el récord no implica necesariamente que exista una expansión equivalente en nuevas fábricas o proyectos productivos.
A pesar de que el peso de China en la IED que recibe México no ha sido históricamente comparable con países como Estados Unidos, la Secretaría de Economía contabilizó entre enero de 2023 y abril de 2025 anuncios de empresas chinas por 20,816 millones de dólares , segundo monto más alto entre los países identificados después de Estados Unidos, cuyos anuncios sumaron 91,785 millones.
Esos 20,816 millones no equivalen a IED ya materializada; son proyectos anunciados que pueden ejecutarse en varios años, reducirse, posponerse o incluso cancelarse. No obstante, revelan que el apetito empresarial chino por México es mucho mayor que antes. De hecho, los anuncios chinos equivalen a casi ocho veces toda la IED china registrada en México desde 1999 hasta 2024.
Una de las industrias donde esta discusión puede volverse especialmente relevante es la tecnológica. El sector mexicano de equipo de cómputo aumentó sus exportaciones 144.8% durante 2025 y llegó a representar 12.85% de las ventas mexicanas al exterior, de acuerdo con un análisis de Grupo Financiero BASE difundido en julio.
Solo durante el primer trimestre de 2026 las exportaciones del sector alcanzaron 34,969 millones de dólares, superando en tres meses todo lo exportado durante 2024.
El auge, asociado parcialmente con la construcción de centros de datos y el incremento de la inversión en inteligencia artificial en Estados Unidos, también revela el grado de dependencia que mantiene México respecto de proveedores asiáticos. Según el análisis de Banco Base, Taiwán suministra 44.1% de los microprocesadores y memorias importados utilizados por el sector, China aporta 10.4% y Malasia 9.8%. Después del proceso de ensamble en México, alrededor de 94.8% de los equipos tiene como destino Estados Unidos.
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