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Nevaco Global
11 de junio de 2026

Un informe revela que Perú lidera el mercado de oro ilegal en América del Sur con exportaciones millonarias

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El oro continúa siendo uno de los recursos más valiosos del planeta y una pieza clave dentro de la economía global. Sin embargo, detrás de su creciente demanda existe un fenómeno que avanza con fuerza en América del Sur y que plantea enormes desafíos para las autoridades. Un reciente informe puso el foco sobre un país que concentra una parte significativa de esta actividad, revelando cifras que muestran la magnitud de un mercado difícil de controlar.

La extracción ilegal de oro se ha consolidado como una de las actividades ilícitas más rentables de América del Sur. A medida que el valor del metal precioso aumenta en los mercados internacionales, también crece el interés de organizaciones informales y redes criminales por participar en su explotación y comercialización.

En diversos países de la región, la minería continúa siendo un motor económico fundamental. Sin embargo, junto a las operaciones reguladas conviven circuitos paralelos que escapan al control estatal y generan importantes pérdidas fiscales, además de impactos ambientales y sociales de gran alcance.

En este contexto, la atención de especialistas y organismos internacionales se ha centrado en una nación sudamericana que concentra una porción particularmente elevada de las exportaciones de oro de origen ilegal.

De acuerdo con un estudio difundido en 2025 por el Instituto Peruano de Economía (IPE), Perú representa aproximadamente el 44% del oro ilegal que sale de América del Sur hacia los mercados internacionales.

La investigación señala que las exportaciones vinculadas a esta actividad podrían alcanzar cerca de US$12.000 millones durante 2025. La magnitud de esta cifra resulta especialmente llamativa porque se acerca al valor generado por la producción aurífera desarrollada bajo los marcos legales establecidos.

Para los analistas, estos números reflejan que la minería ilegal ha dejado de ser una actividad marginal para convertirse en una estructura económica de gran escala, con capacidad para movilizar enormes cantidades de recursos y operar a través de complejas cadenas de comercialización.

Diversas investigaciones coinciden en que la expansión del oro ilegal responde a una combinación de factores que se han fortalecido durante los últimos años.

Entre los elementos más importantes aparece el sostenido incremento del precio internacional del oro, que ha convertido a este recurso en un negocio cada vez más atractivo. A esto se suma la debilidad de algunos mecanismos de fiscalización y control en las zonas productoras, donde las autoridades enfrentan dificultades para supervisar territorios extensos y de acceso complejo.

Otro factor clave es la participación de organizaciones criminales que han encontrado en la minería ilegal una fuente de ingresos altamente rentable. Según distintos informes, muchas de estas redes han diversificado sus operaciones y ya no dependen exclusivamente de actividades como el narcotráfico.

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la sofisticación que han alcanzado los mecanismos utilizados para introducir el oro ilegal en los mercados internacionales.

Las investigaciones indican que parte del mineral es incorporado al circuito formal mediante empresas fachada o mezclado con producción legal antes de ser exportado. De esta manera, resulta mucho más difícil rastrear su verdadero origen.

Posteriormente, el metal suele llegar a refinerías y centros de procesamiento ubicados en regiones como Asia, Europa y Medio Oriente, donde continúa su recorrido dentro de la cadena global de suministro.

Aunque países como Colombia, Bolivia, Brasil y Venezuela también participan en esta dinámica regional, Perú concentra el mayor volumen. Esto se debe tanto a la importancia histórica de su producción aurífera como a la existencia de zonas especialmente sensibles, entre ellas Madre de Dios, donde la actividad minera ha provocado profundos cambios ambientales.

Para organizaciones dedicadas a la transparencia y el control financiero, el fenómeno representa mucho más que una pérdida económica para los Estados. También constituye una importante fuente de financiamiento para estructuras criminales que operan en distintos puntos de América del Sur, consolidando un problema que sigue creciendo al ritmo de la demanda mundial de oro.

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