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Nevaco Global
25 de julio de 2026

Amenazas, insultos y retrasos: un año del acuerdo comercial entre la UE y los EE. UU.

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BruselasDebía ser el gran acuerdo comercial que pusiera fin a la beligerancia de los Estados Unidos contra la Unión Europea y restaurara las buenas relaciones entre las dos potencias transatlánticas. Sin embargo, un año después del apretón de manos entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente estadounidense, Donald Trump, en Escocia, el pacto no ha conseguido cambiar la actitud de la Casa Blanca hacia los aliados europeos. Durante estos doce meses –el lunes se cumple el primer aniversario–, el magnate neoyorquino no ha dejado de amenazar e insultar a los socios de la Unión Europea, lo que ha puesto en peligro la aplicación del acuerdo comercial en reiteradas ocasiones y ha retrasado la entrada en vigor en las instituciones europeas.

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El último exabrupto de Trump contra la Unión Europea ha llegado justo en vísperas del primer aniversario del pacto. El presidente de los Estados Unidos dijo que aplicará entre un 10% y un 12,5% a los productos que importe y estén fabricados con trabajo forzado, incluidos los europeos. La gran mayoría de los dirigentes europeos, sin embargo, hicieron como si oyeran llover y se limitaron a reaccionar al hecho de que estos porcentajes de tasas aduaneras se encuentran por debajo del 15% acordado. Es decir, respecto a lo que se firmó. "Valoramos positivamente el anuncio de Trump", aseguró un comunicado del ejecutivo comunitario.

Pocas horas después, Trump volvió al ataque. A raíz de las múltiples multas que Bruselas ha aplicado a grandes tecnológicas estadounidenses por vulnerar la normativa digital de la UE, el presidente de los Estados Unidos ha prometido que presentará un nuevo "impuesto" contra los aliados europeos "cuanto antes mejor". "Estén atentos. Los EE. UU. no pueden ser la caja fuerte de Europa", añadió Trump en un mensaje a través de las redes sociales.

Ahora bien, ha habido amenazas y humillaciones de Trump que la UE no ha podido obviar. La más destacada fue la voluntad del presidente de los Estados Unidos de anexionarse la isla de Groenlandia. Todos los dirigentes europeos salieron a dar apoyo a Dinamarca y las instituciones europeas frenaron la tramitación del pacto comercial. El Parlamento Europeo, por ejemplo, aplazó la votación que debía ratificar el texto legal.

Cuando parecía que Trump se había olvidado de la isla ártica, amenazó con nuevos aranceles a algunos de los estados miembros en más de una ocasión y, por tanto, con incumplir el acuerdo firmado en verano. El Parlamento Europeo aplazó hasta dos veces más la votación para validar el pacto y, de hecho, no ha sido hasta el 1 de julio que el texto legislativo ha entrado en vigor de manera definitiva en la Unión Europea.

Las amenazas constantes del presidente de los Estados Unidos también provocaron que las negociaciones sobre el texto legal del acuerdo entre la Comisión Europea, los estados miembros y el Parlamento Europeo se alargaran mucho más de lo previsto en un inicio. La Eurocámara quería incluir varias disposiciones en el acuerdo comercial para intentar forzar que la Casa Blanca no se saltara el acuerdo y dejara de tratar de esta manera a la UE.

Entre otras, la cámara comunitaria –y algunos estados miembros, como Francia– abogaban por añadir una cláusula en la que se recogiera que el pacto dejaba de estar en vigor si el magnate neoyorquino lanzaba una nueva amenaza. Finalmente, sin embargo, se rechazó este punto por miedo a enfadar al presidente de los Estados Unidos y reavivar la guerra comercial, si bien el Parlamento Europeo sí que consiguió incluir que el acuerdo comercial deje de estar en vigor justo antes del final del mandato del actual presidente de los Estados Unidos. Así, en caso de que se quiera prorrogar el pacto, la Comisión Europea deberá presentar una nueva propuesta legislativa, que deberá ser volver a ser aprobada y negociada con los estados miembros y la misma Eurocámara.

Sea por necesidad o convicción, la Comisión Europea no ha perdido la confianza en el acuerdo comercial y en el hecho de que el presidente de los Estados Unidos lo cumpla. El mismo comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, aseguró en un comunicado que el primer año del pacto "ha sido una historia de cumplimiento, estabilidad y cooperación constructiva". Además, el dirigente comunitario considera que puso remedio a las "turbulencias" que sufrieron las relaciones transatlánticas durante los primeros meses del segundo mandato de Trump en la Casa Blanca.

De hecho, Bruselas ve el acuerdo comercial como un punto de partida para mejorar la colaboración en otros campos que son claves, como el de los materiales críticos o la inteligencia artificial. "Continuamos dialogando con los EE. UU. para una reducción arancelaria en más áreas", asegura Sefcovic. La realidad es, sin embargo, que el primer año de vida del pacto comercial entre Bruselas y Washington se ha visto marcado por los tirones y las amenazas constantes de Trump y se ha puesto en peligro su existencia incluso antes de que entrara en vigor.

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