Este cantón ya posee producción, infraestructura y empresas. Lo que necesita es una política capaz de transformar ese potencial económico en bienestar...
Durán representa una de las mayores paradojas económicas del Ecuador. En su territorio operan industrias, empacadoras, camaroneras, centros logísticos, comercios y empresas de servicios que movilizan miles de millones de dólares cada año. Sin embargo, para una parte importante de su población, encontrar un empleo formal, estable y remunerado continúa siendo una tarea difícil.
Los registros empresariales de 2025 muestran una economía potente: alrededor de 1.600 compañías, más de $ 6.600 millones en ventas y cerca de 42.500 empleos declarados. A primera vista, estas cifras deberían reflejar prosperidad. No obstante, la realidad es más compleja. Más de la mitad de las ventas se concentra en apenas diez empresas, mientras una mayoría de negocios pequeños enfrenta baja liquidez, pérdidas, ventas reducidas o limitada capacidad de contratación.
La principal actividad del cantón es la cadena del camarón, que genera producción, procesamiento, transporte, almacenamiento y exportaciones. También destacan la manufactura, el comercio, la logística y los servicios industriales. Pero el crecimiento de estas actividades no siempre se convierte en empleo proporcional. Las empresas pueden aumentar ventas mediante automatización, tecnología, productividad, tercerización o utilización intensiva del personal existente, sin abrir suficientes plazas nuevas.
La verdadera dificultad de Durán no es la ausencia de actividad económica, sino la débil conexión entre la riqueza producida y las oportunidades laborales de sus habitantes. Muchas empresas desconocen dónde encontrar trabajadores con las competencias requeridas. Al mismo tiempo, miles de personas buscan empleo sin contar con perfiles actualizados, certificaciones, experiencia verificable o información clara sobre las vacantes disponibles.
A esta desconexión se suman la inseguridad, las dificultades de transporte, los turnos nocturnos, las responsabilidades de cuidado familiar, la informalidad y la falta de formación técnica adaptada a las necesidades reales de las empresas. Así, pueden coexistir vacantes sin cubrir y ciudadanos sin empleo.
Durán necesita convertir su estructura productiva en un sistema territorial de empleo. Esto exige un observatorio laboral, una bolsa de trabajo inteligente y transparente, capacitación corta vinculada a vacantes concretas, transporte seguro para trabajadores y apoyo a pequeñas empresas que puedan convertirse en proveedoras de las grandes industrias.
El desafío no consiste únicamente en atraer más compañías. Consiste en lograr que las empresas existentes compren localmente, formen talento local y contraten de manera verificable a residentes del cantón. El éxito no debe medirse solo por ventas, activos o exportaciones, sino por empleos formales creados, salarios dignos y permanencia laboral.
Este cantón ya posee producción, infraestructura y empresas. Lo que necesita es una política capaz de transformar ese potencial económico en bienestar compartido. La productividad sin inclusión genera estadísticas impresionantes, pero no desarrollo. El crecimiento comienza cuando la riqueza del territorio también se convierte en oportunidades para su gente. (O)
Jorge Ortiz Merchán, máster en Economía y Políticas Públicas, Durán
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