En Piura, el campo es como un motor que pone en movimiento muchas cosas. Cuando una campaña va bien, hay más trabajo, más movimiento en las carreteras, más personas comprando en los mercados y más clientes en los pequeños negocios.
Pero cuando el campo empieza a tener problemas, ese movimiento también se frena. Poco a poco aparecen menos oportunidades de trabajo, disminuyen los ingresos de muchas familias y varios negocios comienzan a sentir que ya no venden como antes. Por eso, lo que ocurre en la agricultura termina afectando a muchas más personas de las que imaginamos.
Por eso, hablar de crisis agraria no es hablar solamente de productores o hectáreas afectadas. También es hablar de jornaleros que encuentran menos trabajo, transportistas que realizan menos viajes y pequeños negocios que venden menos que antes.
Incluso herramientas como una calculadora de liquidación pueden aparecer en este escenario. Cuando una campaña termina antes de tiempo o las empresas necesitan contratar menos personal, algunas personas deben revisar pagos pendientes o beneficios relacionados con el tiempo que trabajaron.
La agricultura es una de las actividades más importantes de Piura. Cultivos como el arroz, el mango, el banano, el limón y otros productos generan trabajo para miles de personas en distintas provincias de la región. No solo para quienes trabajan directamente en el campo, sino también para muchas personas que participan en actividades relacionadas. Y es que la agricultura funciona como una cadena.
Todo empieza en el campo, pero luego vienen la cosecha, el transporte, los almacenes, los mercados, los servicios y los pequeños comercios que dependen de ese movimiento diario. Cuando una campaña agrícola avanza con normalidad, muchas actividades económicas también se benefician. Por eso, los problemas no se quedan únicamente en el productor.
Las consecuencias terminan llegando a familias, trabajadores temporales, comerciantes y pequeños negocios que dependen de los ingresos generados por la actividad agrícola.
Durante los últimos años, la gente del campo en Piura no la ha tenido fácil.
Primero vino la preocupación por el agua. En varias zonas empezó a faltar y muchos agricultores tuvieron que mirar al cielo esperando lluvia o preguntándose si habría suficiente para sacar adelante la campaña. Por eso, en octubre de 2024 el MIDAGRI anunció algunas medidas para enfrentar esta situación y visitó el reservorio de Poechos, una pieza clave para el abastecimiento de agua en la región.
Pero ese no ha sido el único problema. Cuando parecía que una dificultad terminaba, aparecía otra. Hubo lluvias fuertes que dañaron cultivos, días de mucho calor y gastos que no dejaban de subir. Mientras tanto, muchos agricultores veían que vender sus productos ya no les dejaba el mismo margen que antes.
Además, el Gobierno Regional de Piura informó que más de 1,500 hectáreas de cultivos fueron afectadas por las lluvias, principalmente de arroz, mango y banano.
Al final, todo esto se parece a una cadena. Cuando una pieza se rompe, las demás también empiezan a sentir el golpe. Y lo que comienza como un problema en el campo termina llegando a muchas familias que dependen de la agricultura para llevar dinero a casa.
Cuando se habla de agricultura, muchas veces se piensa primero en los productores. Sin embargo, detrás de cada campaña también hay miles de jornaleros. Estas personas suelen trabajar en la siembra, el riego, la limpieza de campos, la cosecha, la selección de productos y otras labores que aparecen según la temporada.
Por eso, cuando una campaña se reduce o no avanza como estaba previsto, los primeros efectos suelen sentirse en sus ingresos.
Menos actividad significa menos días trabajados. Y menos días trabajados significan menos dinero para cubrir gastos básicos del hogar. Para muchas familias, esto genera preocupación porque nunca saben con certeza cuándo volverá a aparecer una nueva oportunidad de trabajo.