El indicador llegó a 628 puntos, mientras el Ejecutivo vinculó el deterioro con las tasas internacionales y descartó por ahora cambiar su estrategia financiera.
(BUENOS AIRES).- “La turbulencia del mundo”, resumió el oficialismo. El Gobierno Nacional atribuyó al contexto internacional la suba del riesgo país, que el viernes 25 de septiembre volvió a superar los 600 puntos básicos después de diez ruedas consecutivas en alza. El indicador tocó los 628 puntos, su nivel más alto desde fines de marzo, y luego recortó parte del avance.
El índice de JPMorgan cerró en 609 puntos básicos, después de escalar 30 unidades. Ese registro marcó el nivel más alto desde el 7 de abril, mientras que el riesgo país acumuló un deterioro cercano a 200 puntos desde el mínimo de alrededor de 403 que había alcanzado a comienzos de julio. La caída de los bonos argentinos fue además mayor que la registrada por varios países de la región.
La Reserva Federal de Estados Unidos subió el 16 de septiembre su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta un rango de 3,75% a 4%. El rendimiento del bono del Tesoro norteamericano a diez años superó esta semana el 5%, mientras las tasas de esos títulos se estabilizaron en máximos desde 2007. En el Ejecutivo describieron ese escenario con una frase: “La tendencia es a la inestabilidad”.
Javier Milei sostuvo que la Argentina enfrenta el impacto de las tasas internacionales con una posición externa distinta, apoyada en el crecimiento de las exportaciones y del saldo comercial. Dentro del Gobierno Nacional proyectan que la situación internacional puede comenzar a normalizarse alrededor de las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Funcionarios creen que a Donald Trump no le resultará conveniente llegar a esa instancia con una escalada de conflictos y esperan que después bajen las tensiones y, más adelante, las tasas estadounidenses.
Consultoras e inversores plantean una explicación distinta. Sostienen que el movimiento argentino fue mayor que el de otros mercados emergentes y suman factores domésticos, entre ellos la desaceleración de la actividad, el ritmo de acumulación de reservas y la incertidumbre sobre el programa financiero de 2027. Los últimos datos muestran una caída de la actividad económica de 2,9% mensual y 1,4% interanual en julio, una baja industrial interanual de 5% y una pobreza de 32,3% en el primer semestre.
El Gobierno Nacional no comparte, por ahora, que esos números expliquen la suba reciente de los bonos. “No lo vemos de esa forma”, expresaron en el Gobierno, que reconoce que los datos fueron negativos pero espera una desaceleración adicional de la inflación y una recuperación de la actividad durante los próximos meses. El intercambio comercial acumuló un superávit de US$18.249 millones entre enero y agosto, y agosto cerró con un saldo positivo de US$2187 millones. Luis Caputo destacó además un acuerdo con Estados Unidos por US$7000 millones y afirmó: “Tendrá un impacto extraordinario”.
Economía no contempla emisiones internacionales de deuda soberana dentro de su programa financiero para 2026 ni para 2027. Para este año prevé necesidades por US$19.200 millones y fuentes por US$22.900 millones; para 2027 proyecta US$24.900 millones de necesidades y la misma cantidad de fuentes, sin contar colocaciones externas. El Tesoro repite su estrategia de ofrecer instrumentos de corto plazo para evitar elevar el riesgo crediticio de los bonos de mayor plazo. La suba del riesgo país no modifica, por ahora, esa estrategia financiera oficial.