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Durante los últimos días, los titulares de medios nacionales y de Estados Unidos anunciaron el apocalipsis económico que representaría el fin del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC) con la no renovación del mismo, arma con la que Donald Trump había amenazado de forma constante.
Los factores más políticos y cambiantes que técnicos sobre el T-MEC le dan otra dosis de complicación a un tratado trilateral de más de 30 años. Y en asuntos económicos, pocas cosas generan más daño que la incertidumbre.
La gobernadora Maru Campos, insistente en las últimas semanas en criticar al “gobierno de la muerte” de Morena y su protección a personajes acusados por Estados Unidos, posiblemente tenía algo de información de la administración de Trump, porque fue de las primeras en apuntar el riesgo que corría el T-MEC.
De esta forma, la relación comercial ha dejado de ser meramente comercial. Ahora es geopolítica y plantea varios horizontes para el país y el estado.
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