Cuenta atrás para la histórica caída de la verja de Gibraltar, el «muro de Berlín» del sur de Europa
Christian tenía 6 años cuando Franco cerró Gibraltar el 8 de junio de 1969. La frontera separó a su madre y a su tía, dos hermanas muy unidas. «Hablaban a través de la verja como si fuera el muro de Berlín», recuerda. La primera vez que Jenique, profesora de 48 años, cruzó a España para ver a su familia tuvo que coger un ferry a Tánger (Marruecos) y de ahí, otro a Algeciras. Un familiar de Manolo tuvo que echarse al mar para llegar a nado a territorio español con la Guardia Civil disparando tiros al agua para ir a visitar a un padre enfermo que estaba a punto de morirse. «Lo que se ha sufrido con esa frontera cerrada... Todavía hay heridas abiertas», cuenta.Estos son solo tres de los muchos testimonios de los miles de gibraltareños que fueron producto del cerrojo a la frontera terrestre con España bajo mandato del régimen franquista —duró 13 años hasta que el socialista Felipe González lo levantó en el primer Consejo de Ministros que presidió en 1982— y que ahora celebran su derribo, que se consumará, a más tardar, el próximo 15 de julio. Esta es la fecha tope fijada para la entrada en vigor del tratado que la Unión Europea (UE) y Gibraltar, con la aprobación de España, sellaron en junio del año pasado para que la colonia británica de poco más de 40.000 habitantes se considere como un territorio asociado al espacio Schengen gracias a la aceptación, por parte de Reino Unido, del principal escollo, que era la necesidad de que la policía española controlara las llegadas de viajeros a Gibraltar por aire y por mar. Su entrada en vigencia será, eso sí, provisional, dado que posteriormente habrá de recibir un doble aval de Europa —una ratificación del Consejo Europeo y del Pleno de Estrasburgo— y luz verde por parte del Parlamento británico, aunque, a priori, superará ambos trámites sin sobresaltos.Noticia relacionada No No De suprimir el paso fronterizo a acuerdos sobre fiscalidad o corrupción: los detalles del pacto Pablo de la VargaLa solución acordada supondrá en apenas un mes —sino antes, ya que la firma del acuerdo, anunciada por Bruselas para el día 13, podría producirse incluso antes, según traslada el Ejecutivo gibraltareño— la eliminación de todos los controles fronterizos entre Gibraltar y el territorio español, puesto que este enclave británico de ultramar de apenas 7 kilómetros cuadrados (de lo que, aproximadamente, 3 han sido ganados al mar en el último medio siglo) pasará a considerarse, a estos efectos, como una extensión del espacio comunitario. A cambio, las autoridades británicas aceptan que se instaure un doble control para las los pasajeros que lleguen desde el mismo Reino Unido u otro lugar fuera de la UE, uno por la policía española y un segundo por la británica.De este modo, se implementará la libre circulación de personas y mercancías que beneficiará a los aproximadamente 15.000 trabajadores transfronterizos que cruzan diariamente, así como un marco de cooperación fiscal (productos como la joyería, el alcohol y el tabaco, actualmente gravados al 3%, habrán de equipararse en tres años hasta llegar al 18%, aunque a partir de septiembre empezarán con un 15%). Y, como no podía ser de otro modo, se producirá la desaparición física de la icónica verja, cuyas labores de derribo ya están en marcha. Se elimina el paso fronterizo terrestre, pero habrá un doble control para todos los pasajeros que lleguen por mar y aire, uno por la policía española y un segundo por la británicaLos operarios llevan tiempo centrados en la instalación de andamios, en horario de 21.00 a 06.00 horas, de cara al desmontaje contrarreloj de las marquesinas aduaneras a ambos lados. De hecho, a falta de 20 días para la entrada en vigor del tratado, a partir de cierta hora ya ni siquiera chequean las entradas y salidas del Peñón e incluso hay ya escáneres de documentos apagados. El resto de la jornada, la revisión de pasaportes y/o documentos de identidad, tal y como ha podido comprobar ABC de primera mano, es meramente testimonial. «Yo no me lo llego a creer. Esto se supone que lo iban a quitar hace años», comenta uno de los agentes, que duda de que todo este listo para el día 15.Según trasladan fuentes del equipo del ministro principal de Gibraltar, Fabian Picado, está previsto que entre hoy y el miércoles 24 desaparezca por completo el grueso de la infraestructura (garitas, columnas, techos e incluso algunos edificios). La idea, añaden, es que el día 15 no haya ni rastro de la que ha sido la última frontera de la Europa continental. Tampoco se colocará una placa en recordatorio. «No va a haber un Checkpoint Charlie como el de Berlín», dejan claro a la vez que adelantan que sobre la mesa ya están los planes del rediseño de la entrada al Peñón y que va a quedar «muy 'british'». «Hemos comprado 20 cabinas telefónicas rojas y 20 'black cabs' (los tradicionales taxis negros de Londres)», avanzan. Del lado español, eso sí, está previsto que se se levante un nuevo espacio para Policía Nacional y Guardia Civil una vez derribado el paso fronterizo. Todo listo en la frontera entre España y Gibraltar para el desmontaje de la icónica verja y de todas las instalaciones de la aduana. Imágenes: EP y ABCAnte el silencio del Gobierno de Sánchez, la Administración Picardo confirma que habrá ceremonia, pero no detalla cuándo ni cómo se organizarán los fastos. Aún está todo por hacer. «Queremos que sea un momento cultural y simbólico, no político, que represente la unión de las dos culturas, la gibraltareña y la española», exponen voces internas de la misma. Está pendiente de organizar aún también la lista de invitados por parte de los cuatro gobiernos —comunitario, británico, español y gibraltareño—. «Se ha especulado con que Pedro Sánchez quiere venir, pero que hay que cuadrar agendas», señalan. Aunque no es está descartada la asistencia del presidente, todo apunta a que será el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, el que acuda en representación del Ejecutivo de España dada su buena relación tanto personal como profesional con el propio Picardo. «Podemos presumir de tener la mejor relación que ha habido en la historia entre ambos gobiernos», confesaba recientemente el dirigente gibraltareño, que en octubre, tras quince años en el cargo, oficializará su salida, en conversación con medios españoles, entre ellos, este diario. Soberanía«Se ha hecho un gran trabajo. Era muy difícil llegar a un acuerdo sin tocar el tema de la soberanía. Debemos estar satisfechos», festeja Loren Periáñez, portavoz del Grupo Transfronterizo, la asociación de sindicatos y patronales del Campo de Gibraltar y el Peñón fundada hace 15 años para hacer frente al endurecimiento de la postura del Gobierno español respecto a este enclave británico y los controles en la frontera practicados por el entonces responsable de Exteriores, el popular José María García-Margallo, ahora firme detractor de la caída de la verja. Entre broma y broma, hay quien dice que el que fuera ministro de Mariano Rajoy entre los años 2011 y 2016 es considerado, tanto del lado Ejecutivo socialista de Picardo como por empresas y agentes sociales, una de las «tres pandemias» que ha asolado la nación en los últimos años junto con el Covid y el Brexit.En este sentido, Periáñez pide no confundir el deseo de que no exista una frontera con querer que haya un cambio de soberanía en la roca. De hecho, las dos únicas veces que la colonia sacó las urnas a la calle para decidir en referéndum sobre su autodeterminación, en 1967 y 2002, ganó el 'sí' masivo a Londres. «La soberanía ni nos va ni nos viene. Nos da igual, esto es convivencia». Un sentir compartido en la calle. «Gibraltar es huérfano de madre y padre. A Reino Unido le importa un rábano y a España, también. Estamos los dos el uno para el otro, no nos queda otra», afirma Amy, gibraltareña de padre y madre republicanos exiliados en la dictadura. «De Despeñaperros para arriba intentan generar un mal rollo que no hay. Lo que hay es vecindad, 'quid procuo' y respeto», defiende otra ciudadana del Peñón, que, en la actualidad basa su economía en actividades como el 'bunkering', las apuestas online, el turismo y los servicios financieros.«La historia demuestra que la opresión y el divorcio no traen nada más que odio, y no queremos volver a eso» Manolo Triano Secretario del Grupo Transfronterizo y líder de CC.OO. Campo de Gibraltar«La historia demuestra que la opresión y el divorcio no traen nada más que odio, y no queremos volver a eso. El matrimonio es dedicación, tiempo y convivencia. Y la relación ha mejorado. Ahora mismo tenemos algo mejor de lo que nunca hemos tenido. No se trata solo de lo que va a pasar económicamente, sino de relaciones personales. Desde Madrid y desde Bruselas se ve muy distinto a como se vive aquí, en el Campo de Gibraltar», añade a este respecto Manolo Triano, secretario del Grupo Transfronterizo y líder de Comisiones Obrera para el área de Campo de Gibraltar. Inseguridad y avalancha de residentes«Esto ta' esho», bromea Alfie Bassadone, el presidente de la Patronal de Gibraltar pese a ser consciente de que la implementación del tratado es «complicada» y que aún quedan flecos que se irán resolviendo con el paso de los meses aunque confían en que se les acabe concediendo un periodo de gracia, ya recogido en la letra pequeña del texto. «Va a haber problemas e incertidumbre a la hora de ver cómo se aplica. Todavía no se sabe exactamente qué hay que hacer. Pero hay mucho empeño en hacerlo bien y va a ser un gran logro para ambos lados de la frontera». opina este empresario llanito que acepta la teoría de que «todo cambio grande siempre da miedo».Entre los principales temores a la implantación del tratado entre la UE y Gibraltar, el incremento de la inseguridad. «Estamos contentos, pero preocupados porque ahora mismo no tenemos okupas ni carteristas, por ejemplo», cuenta, intranquilo, a ABC un taxista gibraltareño. «Hay mucha paranoia por la futura delincuencia entre la población porque esto es muy seguro. Ahora hay unos diez o quince presos en la cárcel de la roca solo», cree Francis, guía turístico. La respuesta del Ejecutivo gibraltareño de Picardo ante un hipotético auge de la delincuencia, explica el propio ministro principal en conversación con la prensa española, consistirá en una «grandísima» inversión «extra» en términos de seguridad con la instalación, por ejemplo, de cámaras biométricas para reconocimiento facial por todo el Peñón. «Seguirá habiendo una criba minuciosa de quién entra y sale», asegura el dirigente laborista. ¿Temor a un Gobierno de PP y Vox en España que impugne el acuerdo? PP y Vox han arremetido duramente este último año contra el Gobierno de Sánchez por el acuerdo con Gibraltar, especialmente por no haberlo sometido a votación en el Parlamento. A ojos de los de Alberto Núñez Feijóo lo pactado «da ventajas» tanto al Peñón como a Reino Unido mientras «España pierde». El partido de Abascal, por parte, cree que la implementación del tratado es «perjudicial» para los intereses de nuestra nación. Los sondeos de los últimos meses apuntan a que ambas formaciones, en coalición, podrían alcanzar la Moncloa tras las generales de 2027. Pero en Gibraltar, ni patronal ni sindicatos, tampoco Picardo, creen que vayan a impugnar el acuerdo una vez entre en vigor pese a que el texto recoge una cláusula destinada a ello. «Tenemos fe de que la prioridad ciudadana sea lo primordial de los partidos gobierne quien gobierne», señalan en el Grupo Transfronterizo. «Aconsejaría a la derecha española que siguiera echándole la culpa al PSOE por este acuerdo, pero que permitan que la ciudadanía continúe teniendo el beneficio de la fluidez en el tránsito y de la prosperidad compartida», señala, por su parte, el ministro principal.También se prevé una avalancha de solicitudes de residencia por parte de ciudadanos del Reino Unido que se espera paliar con el endurecimiento de criterios para obtener la misma. Ahora será necesario estar en posesión de un patrimonio mínimo de cinco millones de libras, tener casa propia y menos de 55 años de edad. Ya en la calle, al comerciante gibraltareño como Loli, regente de un estanco en Main Street, le preocupa perder al cliente español por la subida de impuestos, aunque espera que la llegada de nuevos turistas gracias a la libre circulación supla el encarecimiento de productos como el alcohol y el tabaco, dos de los principales reclamos.

