En los pasillos de la alta política y en los despachos del sector agroalimentario español, el nombre de Luis Planas evoca una figura tan respetada por su oficio diplomático como observada con recelo por la orientación de sus alianzas. El actual ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, un veterano de la gestión pública con una trayectoria labrada en las instituciones europeas y en la acción exterior, ha encarnado como pocos la compleja relación entre España y el Reino de Marruecos. Sin embargo, su perfil marcadamente atlantista y magrebí le ha valido dentro de círculos políticos y agrarios la etiqueta del ministro "más marroquí" del Ejecutivo de Pedro Sánchez.
La vinculación de Planas con el país vecino no es fortuita ni superficial. Formado en la alta diplomacia, ocupó la embajada de España en Rabat entre 2004 y 2010, una etapa convulsa pero decisiva en la que tejió una tupida red de contactos e influencias en la corte alauita. Tras su paso por la embajada ante la Unión Europea y su posterior llegada al Ministerio en 2018, Planas no solo mantuvo intactos esos puentes, sino que se convirtió en el principal interlocutor y mediador del Gobierno español ante las autoridades de Rabat para los asuntos más sensibles del comercio rural, las aguas territoriales y los caladeros de pesca.
Esa hiperconexión con la política marroquí ha situado a Planas en el centro de varios episodios controvertidos de la historia reciente de la diplomacia española. El más delicado de ellos saltó a la luz en la primavera de 2021, en pleno punto crítico de las relaciones bilaterales desencadenado por la acogida médica en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, y la posterior entrada masiva de miles de personas a través de la frontera de Ceuta.
En ese clima de máxima tensión fronteriza e institucional, el teléfono móvil de Luis Planas fue uno de los dispositivos atacados e infectados por el software espía Pegasus, de fabricación israelí. Las investigaciones del Centro Criptológico Nacional (CCN) confirmaron que el terminal del ministro de Agricultura había sido intervenido en las mismas fechas estratégicas en las que también se vulneraron los teléfonos del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y de la ministra de Defensa, Margarita Robles. Aunque desde las esferas gubernamentales se evitó señalar de forma explícita a los servicios de inteligencia de Rabat, en la comunidad de inteligencia española y en los análisis del sector diplomático siempre se apuntó a la autoría del vecino del sur.
Pese a la gravedad del espionaje y en pleno estallido de la crisis migratoria de Ceuta en mayo de 2021, Planas protagonizó un gesto que causó una profunda marejada política: su asistencia a una recepción oficial en la Embajada de Marruecos en Madrid en la misma jornada en que la frontera ceutí colapsaba bajo la mirada pasiva de las fuerzas de seguridad marroquíes. Aquel encuadre fue interpretado por sectores de la oposición y por analistas internacionales como una muestra del papel de "comodín" o canal directo que el ministro desempeñaba para mantener las vías de comunicación abiertas con el régimen alauita, incluso a costa de proyectar una imagen de debilidad institucional.
Si en el plano político la figura de Planas suscita suspicacias, en el ámbito económico y agrario la distancia con sus gestionados es manifiesta. El ministro ha mantenido de forma sistemática un tono de templanza y entendimiento hacia los acuerdos comerciales entre la Unión Europea y Marruecos, una postura que choca frontalmente con los intereses de las principales asociaciones de productores de España.
Organizaciones agrarias como Asaja, COAG y UPA, especialmente en comunidades con un fuerte peso del sector hortofrutícola como Andalucía, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana, han acusado repetidamente a Planas de actuar con tibieza ante lo que consideran una "competencia desleal" sistemática. Los agricultores del sur y del levante peninsular denuncian que las producciones marroquíes (en cultivos clave como el tomate, el pimiento, el calabacín o los frutos rojos) entran en el mercado comunitario sin cumplir los mismos estándares fitosanitarios ni las condiciones laborales que se exigen a las explotaciones españolas.
Los recelos se han intensificado tras las sucesivas denuncias sobre el desbordamiento de los cupos de importación libres de aranceles acordados con Rabat y la falta de controles estrictos en los puntos de entrada aduaneros. Frente a las exigencias de los productores del campo español para que el Ministerio presione en Bruselas a fin de activar las cláusulas de salvaguardia, la respuesta de Planas ha sido históricamente de prudencia y defensa del diálogo bilateral, evitando cualquier choque frontal con su homólogo marroquí. Para los agricultores andaluces y levantinos, esta actitud equidistante responde más a una servidumbre diplomática con Marruecos que a la defensa acérrima de la soberanía alimentaria y económica nacional.
Las visitas oficiales y encuentros de trabajo de Luis Planas a Marruecos han sido una constante a lo largo de sus mandatos al frente de la cartera de Agricultura. A diferencia de otros ministerios donde la agenda internacional es más esporádica, la presencia del ministro en Rabat, Casablanca o Agadir ha sido recurrente para abordar la renovación de los acuerdos pesqueros o la cooperación en materia de sanidad animal y vegetal.
Esta frecuencia de viajes y la fluidez de su trato con la élite política alauita contrastan fuertemente con la postura marcadamente pasiva o de perfil bajo que el titular de Agricultura ha adoptado ante las crisis recurrentes que afectan a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Ante los nuevos repuntes de tensión en la verja y la reorganización de los controles fronterizos que impactan en la economía local, Planas ha evitado el choque dialéctico, optando por mantener una línea de comunicación discreta que prioriza el mantenimiento del pacto de buena vecindad por encima de la contestación pública.
En el actual escenario, marcado por el reordenamiento del tablero geopolítico en el norte de África y el continuo malestar del sector primario español frente a las exigencias regulatorias europeas, el perfil de Luis Planas sigue siendo el de un diplomático incrustado en el Consejo de Ministros. Un gestor que, a ojos de sus detractores y del propio campo español, continúa ejerciendo como la principal correa de transmisión de los intereses de Rabat en la capital de España.