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Nevaco Global
20 de septiembre de 2026

El imperio conspira contra la producción de arroz dominicano

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1 – En decenas de páginas del internet se encuentra la información siguiente: La política impulsada por el gobierno de Bill Clinton en 1994, que obligó a Haití a reducir sus aranceles a la importación de arroz del 35% a apenas el 3%. Esta imposición macabra tuvo efectos devastadores a largo plazo en la economía, la sociedad y la seguridad alimentaria haitiana. Aunque la estrategia se planteó bajo postulados neoliberales y planes de industrialización, el propio Clinton la calificó años después (en 2010) como un «pacto con el diablo» y un error histórico.

Antes de la apertura arancelaria, Haití era un país prácticamente autosuficiente en la producción de arroz, su principal alimento básico, y el sector agrícola protegía la economía rural. Al eliminar las barreras arancelarias, el mercado haitiano se vio inundado por el denominado «Miami Rice» (arroz de Miami). Los agricultores haitianos, que utilizaban métodos tradicionales y carecían de apoyo estatal, no pudieron competir con una producción tecnificada con el grano estadounidense, el cual estaba fuertemente subsidiado por el gobierno de EE. UU. y se vendía a precios artificialmente bajos. Esto causó la quiebra masiva de los productores locales.

1B. Dependencia alimentaria absoluta y vulnerabilidad externa

Haití pasó de producir la mayor parte del arroz que consumía a importar más del 80% del grano desde los Estados Unidos. Esta pérdida de soberanía alimentaria dejó al país a merced de la volatilidad de los precios internacionales y de las crisis cambiarias. Cuando el precio global de los alimentos subía, la población haitiana —ya sumida en la pobreza extrema— sufría hambrunas inmediatas al no contar con una red de producción interna que amortiguara el impacto.

La ruina del sector arrocero en regiones clave como el valle de Artibonito destruyó el empleo en el campo. Miles de familias campesinas e industrias molineras locales se vieron obligadas a abandonar sus tierras. Esto aceleró un éxodo rural masivo hacia Puerto Príncipe y otras urbes, donde los desplazados terminaron viviendo en barriadas marginales y precarias.

La teoría económica que justificó la medida argumentaba que, al disponer de arroz extranjero barato, los haitianos dejarían la agricultura de subsistencia para convertirse en mano de obra barata en zonas francas y fábricas de ensamblaje. Sin embargo, la inestabilidad política interna y la falta de infraestructura impidieron que dichas inversiones industriales cuajaran a gran escala. Como resultado, los empleos fabriles prometidos nunca llegaron a compensar los cientos de miles de empleos agrícolas destruidos.

El cambio drástico en el suministro del grano modificó los hábitos de consumo de la población. El arroz importado, altamente procesado en comparación con las variedades locales haitianas de grano entero (más nutritivas), comenzó a consumirse diariamente. Diversos estudios y expertos de la salud vincularon esta transición dietética forzada con el surgimiento de epidemias de diabetes y problemas metabólicos en el país.

2 – En marzo de 2010, compareciendo ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de los EE. UU. en su rol de enviado especial de la ONU para Haití, Bill Clinton asumió la responsabilidad total del desastre con estas palabras:

Puede que haya sido bueno para algunos de mis agricultores en Arkansas, pero no ha funcionado. Fue un error. Tengo que vivir cada día con las consecuencias de la pérdida de la capacidad de producir arroz en Haití para alimentar a esa gente, debido a lo que hice». Fin de la cita.

3 – La agravante de esta situación es que Estados Unidos, tan propenso a exigir reparaciones cuando algo ha afectado sus intereses, nunca se dignó a pagar indemnización a Haití por este daño tan atroz. Es grave e inhumano que semejante potencia haya hecho ese mal a un pueblo pobre tan solo para que sus agricultores de Arkansas se ganaran algunos pesos a costa de llevar a la miseria con hambre devastadora a otra nación que subsiste en la más abyecta pobreza.

Trump y su imperio conspiran contra la producción del arroz dominicano

4 – Si Trump materializa su exigencia de que el gobierno dominicano derogue el decreto 693-24 del presidente Luis Abinader, que establece medidas arancelarias para proteger la producción nacional de arroz, repetirá en nuestra RD la misma destrucción que en 1994 causó en Haití Bill Clinton al reducir los aranceles a la importación de arroz desde EE. UU. del 35% al 3%.

5 – Trump justifica su medida, argumentando que es necesaria para garantizar el acceso del arroz estadounidense al mercado local bajo el DR-Cafta. Esta es la misma inhumanidad que alimentó la imposición de Bill Clinton en 1994. Esta conspiración de Trump contra la producción del arroz dominicano demuestra una vez más que Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses.

El imperio es egoísta, solo vela por sus intereses; los demás que se jodan.

6 – Por causa de sus intereses, en 1826 EE. UU. boicoteó el Congreso de Panamá. Posteriormente, por el mismo motivo, se opuso radicalmente a la integración de toda América y el Caribe. Por esta razón se ha opuesto al ALBA (Alianza Bolivariana para América), al MERCOSUR (Mercado Común del Sur), al BANCOSUR (El Banco del Sur), a TELESUR (canal de televisión latinoamericano).

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