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Nevaco Global
18 de octubre de 2026

Una profecía inconclusa en la capital del poder

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Washington recibió a Milei con ánimo inversor, pero también con inquietud por los indicadores; la Casa Blanca y el FMI están dispuestos a ser más laxos para asegurar su reelección; preocupación empresarial por la ley de Malvinas

Por las calles de Washington transitan las venas del poder político de Estados Unidos que bombea las dinámicas globales. En esa capital de ritmo por momentos extrañamente provinciano Javier Milei cosechó esta semana un recibimiento amable y varias señales de que el dueño de casa, Donald Trump, seguirá estando de su lado más allá del resultado de las elecciones de medio término del 3 de noviembre.

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Detrás del jefe de la Casa Blanca, opera el establishment norteamericano, que transformó la relación con la Argentina en una prioridad para el desarrollo de los negocios estratégicos y está sobreinvertido en el proyecto libertario. Incluso cuando la rebelde Nueva York, el corazón de Wall Street y de los mercados, le siga siendo esquiva a Milei, dude de su futuro electoral y lo condene a un riesgo país que roza los 650 puntos.

En Washington se habla de alianza política e inversiones a largo plazo. En Nueva York late la incertidumbre del día a día. En la primera, hay apuro para aprovechar la ventana de oportunidad que ofrece la presencia de Milei, más la vigencia del RIGI; en la segunda, por el contrario, prima la lógica de sentarse a esperar hasta que el escenario aclare.

En medio de esas dos percepciones se deslizó el presidente argentino esta semana en Estados Unidos. En su discurso ante empresarios en la Cámara de Comercio llevó un mensaje que en sus lineamientos generales parecía repetir su libreto habitual sobre cómo logró salvar al país del infierno. Pero en forma sutil también deslizó varias frases que sugirieron que el tránsito económico está resultando arduo.

“Es obvio que el despegue iba a costar”, señaló en un pasaje, después de hablar de que “siempre hay efectos colaterales” en este tipo de procesos. Planteó que en los cambios profundos “hay ganadores y perdedores”, y se preguntó “¿por qué la inversión no está subiendo tanto?”.

En una revisión de su planteo temporal, situó el horizonte de la prosperidad en el futuro, no en un presente que luce desteñido. “Tenemos confianza en que vamos a ratificar este rumbo el año que viene en las urnas y en que la Argentina volverá a transitar el camino de la grandeza”, resaltó. El paraíso que había retratado en visitas anteriores como un predicador de la resurrección económica se desplazó un año más. Una profecía inconclusa.

No leyó mal Milei a su auditorio. Porque esa misma élite que le promete apoyo incondicional, al mismo tiempo trasluce alguna inquietud por los indicadores económicos de los últimos meses y las consecuencias electorales de ese cuadro. Está al tanto del freno de la actividad, de la caída del consumo y de la baja de expectativa de crecimiento del FMI y del Banco Mundial. Se trata de un empresariado, esencialmente focalizado en energía, minería e infraestructura, que está posicionado para escalar sus emprendimientos en el país, bajo el paraguas de la relación entre Trump y Milei. Detrás de la estrategia de la Casa Blanca hay un esquema de negocios muy frondoso que encontró en la Argentina una enorme oportunidad. Para esos actores, un Milei en problemas representa un oscurecimiento de ese potencial comercial.

Esa preocupación llegó en las últimas semanas hasta la Casa Rosada por vías diplomáticas. En esos sectores desearían ver a un Milei más cercano a los problemas cotidianos de la economía real, dispuesto si hace falta a otorgar ciertas concesiones en el año electoral. El embajador Peter Lamelas no deja de repetir que la prioridad que le trazó Trump a su misión es lograr que el Presidente reelija. Cada vez que Milei insiste en que él no está dispuesto a cambiar de ideas, y que prefiere irse a su casa antes que ceder, se estremecen toda una estrategia política y una línea de negocios en pleno despliegue.

El tema también es materia de conversación en el FMI, donde siguen el caso argentino como el más importante de su cartera. Antes de que Luis Caputo se encontrara esta semana con Kristalina Georgieva en Tailandia para la cumbre del Fondo, funcionarios del organismo ya habían mantenido conversaciones reservadas en las que mencionaron la posibilidad de conceder un waiver (perdón) si había algún incumplimiento con las metas de la próxima revisión, o incluso de flexibilizar los objetivos fiscales del año próximo, para que el Gobierno tenga un mayor margen de disponibilidad en los meses previos a las elecciones.

Paradójicamente, la duda que tienen es si el líder libertario estaría dispuesto a utilizar ese margen presupuestario para apuntalar la economía cotidiana. Se trata de un contrasentido histórico: la Casa Blanca y el FMI aparecen dispuestos a ceder algún grado de ortodoxia, y Milei se planta inflexible en su convicción espartana.

En las entidades que operan inversiones en la Argentina también conviven los elogios por los resultados de Milei en materia de equilibrio fiscal y ordenamiento macro, con las cavilaciones sobre el horizonte del programa. Allí se conversa sobre la conveniencia de evaluar algún tipo de ajuste al plan, un menú de opciones que incluye desde la posibilidad de salir a tomar deuda en los mercados internacionales para demostrar opciones de financiamiento, hasta dejar correr un poco el tipo de cambio para reanimar la actividad.

El mensaje que transmitió la semana pasada en el gabinete el economista Alberto Ades no es una posición individual. En la capital del poder hay varios que comparten la idea de que las prestaciones del modelo están en fase de agotamiento y de que es necesario un recalibramiento antes de ingresar en la fase dura de la campaña.

Esta discusión está instalada en el corazón de la mesa política de la Casa Rosada desde hace algún tiempo. De eso también tomaron nota en Washington. Allí conocen de la silenciosa disonancia entre Caputo, que brega por adoptar algunas señales que fomenten la reactivación y lograr un acuerdo amplio con los gobernadores, y los Milei, que no habilitan flexibilizaciones en el plan (Javier) ni un pacto general con los mandatarios provinciales (Karina). Bajo la sombra de la Casa Blanca piensan que esas divergencias deben ser administradas rápidamente. Nadie imagina una salida del ministro de Economía. Para EE.UU. es el garante de la interlocución.

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