La Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas (EFPIA) reaccionó con cautela ante la ratificación por parte del Parlamento Europeo del nuevo acuerdo comercial UE-EE.UU. El pacto, aprobado en el pleno del pasado martes por 440 votos a favor y 151 en contra, busca estabilizar las relaciones bilaterales tras las fuertes tensiones transatlánticas, pero provocó preocupación en el sector de la salud y la innovación. La resolución aprobada elimina los aranceles para productos industriales y agrícolas que entran desde el mercado estadounidense, incluyendo medicamentos genéricos y principios activos, pero fija un tope máximo del 15% en los aranceles que aquel país impondrá a las exportaciones europeas de medicamentos innovadores.
A través de un comunicado, la patronal farmacéutica europea reconoció que el texto ofrece "un cierto grado de certeza para las empresas con sede en la Unión Europea", pero matizó que el desenlace global de la negociación "está lejos de ser un resultado óptimo para el sector". La gran preocupación de las compañías radica en el impacto real que tendrá ese límite del 15% fijado para los fármacos de última generación desarrollados en suelo europeo. La federación señaló de forma textual que "aún está por verse cómo impactaría el tope del 15% en los aranceles sobre medicamentos innovadores en la atención a los pacientes, las cadenas de suministro globales y la presencia del sector en Europa si se aplicaran dichos aranceles".
El escenario se enmarca en un contexto de pérdida de competitividad frente a otros mercados globales. Actualmente, Estados Unidos representa más del 74% de las ventas mundiales de nuevos principios activos, frente a un escaso 15,6% de Europa. El coste de desarrollo en el sector biotecnológico y de terapias avanzadas, como las génicas, celulares u oncológicos avanzados, alcanza los 2.500 millones de euros por molécula, y el mercado estadounidense es el principal destino para amortizar dicha inversión de riesgo.
Los laboratorios europeos afrontan un dilema financiero ante este gravamen, ya que si absorben el coste para mantener precios competitivos reducirán sus márgenes de beneficio y frenarán la inversión en proyectos de I+D en suelo europeo. Por el contrario, si trasladan el porcentaje al precio final, los proveedores sanitarios estadounidenses priorizarán fármacos locales.
Esta coyuntura afecta directamente a España, consolidada como un centro de producción de medicamentos en regiones como Cataluña, Madrid o Andalucía. Las multinacionales que eligen estas plantas para fabricar sus fármacos globales podrían a la luz de estas manifestaciones, replantear el desarrollo de sus líneas estratégicas.
La fragmentación de los procesos de fabricación, donde un principio activo se sintetiza en Alemania, se formula en España y se envasa en Francia, puede romper la fluidez del modelo interconectado por la aduana estadounidense. Ante esta situación, la organización sectorial exigió fortalecer todo el ecosistema desde la regulación y la investigación clínica hasta la fabricación, mejorando las condiciones del mercado para asegurar el acceso oportuno de los pacientes a los nuevos medicamentos.
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