Las señales de desaceleración de las zonas francas encienden alertas sobre la competitividad de Costa Rica para atraer inversión extranjera directa (IED).
Aunque este régimen continúa siendo uno de los principales motores de la economía nacional, su menor ritmo de expansión debe llevar al país a prestar atención a factores como la apreciación del colón frente al dólar, el encarecimiento de las materias primas, las limitaciones de infraestructura y, especialmente, la capacidad para incorporar nuevas tecnologías en los procesos productivos.
Así lo señaló el director de la Escuela de Ciencias de la Administración (ECA) de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), Federico Quesada, quien consideró que el comportamiento actual no debe analizarse de manera aislada, sino como parte de las transformaciones que atraviesa la economía internacional y que podrían incidir en las decisiones futuras de inversión.
"Durante los últimos 25 años, el crecimiento de la economía costarricense ha sido impulsado por el sector externo y, particularmente, por las exportaciones de zonas francas. En los últimos cinco años mostraron un comportamiento muy dinámico y durante 2025 el crecimiento fue de dos dígitos; sin embargo, en 2026 la desaceleración es clara, especialmente durante los últimos meses", explicó.
Los datos de IED refuerzan estas señales: en 2025, Costa Rica alcanzó un máximo histórico de $5.216,9 millones en inversión extranjera directa, pero el crecimiento fue de apenas un 2 % respecto de 2024.
En el caso específico de las zonas francas, la inversión pasó de $3.797,4 millones en 2024 a $3.567 millones en 2025, una disminución cercana al 6,1 %. Pese a esta reducción, el régimen concentró alrededor del 68 % de toda la inversión extranjera directa recibida por el país.
Además, persiste una marcada concentración territorial: aproximadamente, el 92,6 % de la inversión en zonas francas se ubicó dentro de la Gran Área Metropolitana (GAM) y solo el 7,4 % fuera de ella, aunque esta última registró un crecimiento cercano al 22 % entre 2024 y 2025.
Para el académico, existen dos elementos que requieren especial atención: el encarecimiento de las materias primas, como factor coyuntural, y la capacidad de adaptación y asimilación de nuevas tecnologías, como un desafío de carácter estructural.
Este último aspecto podría convertirse en una limitación para la competitividad si no es atendido desde la política pública, particularmente ante una economía internacional en la que la tecnología adquiere cada vez mayor peso en las decisiones de localización y expansión empresarial.
La apreciación del colón constituye otro elemento que podría afectar las condiciones bajo las cuales operan las empresas exportadoras.
Según Quesada, la tendencia registrada durante 2025 y su continuidad en 2026 reducen el poder adquisitivo de los ingresos recibidos en dólares frente a los costos asumidos en moneda nacional.
El impacto no se limita a las grandes compañías instaladas bajo el régimen de zonas francas, sino que también puede alcanzar a pequeñas y medianas empresas costarricenses que mantienen contratos pactados en dólares y enfrentan gastos locales en colones.
Ante este panorama, el director de la ECA consideró necesario revisar la estrategia de inversión del país en el mediano plazo, particularmente si al comportamiento cambiario se suman los costos energéticos y los desafíos de adaptación tecnológica.
Mantener la competitividad también implica ampliar el impacto de las zonas francas sobre el resto de la economía. Uno de los caminos consiste en fortalecer los encadenamientos con pequeñas y medianas empresas, pero también en avanzar hacia una mayor transferencia de conocimiento, capacitación e investigación.
Las multinacionales que ya incorporan tecnologías emergentes en sus operaciones podrían contribuir al desarrollo de capacidades locales y favorecer que las empresas costarricenses eleven su nivel de sofisticación.