Eva Blanch, escritora, autora de 'Urkinaona'
Gala Espín
Barcelona
Fue muy duro para todos, aunque, de forma especial, para los no independentistas, que no entendieron el furor ni la violencia, en algunos casos, que se dio en las algaradas de octubre de 2019. El centro de Barcelona estuvo bajo las llamas. Y la escritora Eva Blanch (Barcelona, 1968) ha reflejado aquellos instantes a través de una novela coral, con muchas aristas. Lo ha hecho en Urkinaona (Tusquets).
Blanch ha escrito otras novelas en las que Barcelona es protagonista, como Esto no está pasando, o Corazón amarillo, sangre azul, más centrada en la que fue su cuñada, la editora Esther Tusquets. También ha abordado las relaciones humanas y sociales, como en Ahora que te vas. Urquinaona es la cuarta novela de Blanch, que ha desarrollado su carrera profesional en el campo de la fotografía y el diseño gráfico, aunque ha escrito "durante toda la vida".
La autora asegura en esta entrevista audiovisual en Letra Global que le “agrada” la complejidad de la sociedad catalana y que ha querido reflejarla con personajes como Jordi, un Mosso d'Esquadra de L'Hospitalet, con padres originarios de León, o con Nicolau, miembro de una familia de la burguesía catalana. “Lo catalán y lo español tienen que convivir, es parte de la historia de esta cultura y me agrada que sea así”.
Hay otros personajes, como Virginia, catalana que pertenece a una familia que vivió bien durante el franquismo, y que se declara española sin ningún aspaviento.
La autora reflexiona sobre la “emotividad” de la sociedad catalana, desde su pertenencia a una parte muy concreta de ella, catalanista y burguesa.
Escribir una novela sobre los acontecimientos de octubre de 2019 en Barcelona poco tiempo después de que ocurrieran podía parecer arriesgado por la falta de distancia histórica. ¿Ha sido complicado tomar esa distancia?
Para mí no fue una dificultad. Tenía la pulsión desde hacía muchos años —incluso antes del procés— de escribir una historia sobre la complicada convivencia entre la identidad catalana y la española. Es algo que me toca de cerca, como a todos los catalanes, y me parecía un gran material literario. Solo me faltaba el contexto o la chispa. Esa misma semana de octubre de 2019, mientras caminaba por la Via Laietana rodeada de una "calma chicha" muy cinematográfica previa a los disturbios nocturnos, lo vi claro: ‘Es esto lo que tienes que contar’, pensé. Esa semana me sirvió para enmarcar historias íntimas y relaciones personales azuzadas por lo que pasaba en la calle.
La novela transmite una implicación emocional muy fuerte en todos los personajes, pero también sugiere una cierta frialdad en la trastienda organizativa de las protestas por parte de una élite.
Explicar las cosas desde lo emocional y lo humano me sale de forma natural. Mi manera de escribir es bastante física. No me considero una pensadora de ideas ni jamás escribiría un ensayo. En cuanto a esa frialdad de los organizadores, no fue algo deliberado. Intento que cada personaje se defienda por sí solo con lo que hace y dice. Si el lector lo deduce así, debe de ser así.
Un personaje representativo es Nicolau, miembro de la burguesía catalana que gestiona la operativa de Tsunami Democràtic con una contención peculiar. ¿Hay un peso de la tradición de esa burguesía en su conducta?
Nicolau sufre y duda mucho. Se siente atrapado entre la lealtad a una causa familiar heredada durante generaciones y los riesgos reales que empieza a anticipar. Tiene una contención emocional muy catalana. Todos cargamos con nuestras mochilas emocionales. Hay gente capaz de prescindir de ese peso y cambiar, y otra que no. Gran parte de lo que ha pasado en Cataluña se explica por personas que sienten que deben actuar por el peso histórico de sus apellidos.
La complejidad de la sociedad catalana también queda reflejada en Jordi, un mosso d’esquadra con padres originarios de León, que se siente desorientado.
Jordi es uno de los personajes más adorables de la novela. Él se siente plenamente catalán, aprendió la lengua y creyó sinceramente en que la independencia traería un país mejor. De repente se ve cuestionado, insultado y excluido por las circunstancias. Representa a esa parte de la sociedad para la que todo este proceso supuso un gran engaño.
En la novela también aparecen las diferencias generacionales a través de los padres de Jordi, inmigrantes de León que regentan un bar en L'Hospitalet.