El país sudamericano se ha convertido en un campo de pruebas del gobierno del presidente Trump para frenar la influencia de Pekín en el hemisferio occidental, pero sin mayores resultados.
Luis Miguel Castilla, quien era en ese entonces embajador de Perú en Washington, recibió en 2015 una severa llamada telefónica del Departamento de Estado, después de que funcionarios estadounidenses se enteraran de que una empresa china financiaría un nuevo y ambicioso proyecto portuario en la costa del Pacífico.
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