Cuando ocurre un terremoto o cualquier otra emergencia natural, la respuesta inmediata suele estar en manos de las autoridades y los organismos de socorro.
Sin embargo, las empresas privadas también pueden aportar recursos para atender a las comunidades afectadas. Y ahí surge una pregunta importante: ¿cómo garantizar que esas contribuciones realmente lleguen a quienes las necesitan?
Aquí, empresas del sector financiero, comercial y tecnológico han participado en iniciativas de ayuda humanitaria. La industria de juegos de suerte y azar tampoco es ajena a estas acciones, aunque tiene una particularidad. Sus operadores ya están obligados por ley a realizar aportes económicos al Estado.
Es más, parte de ese dinero se destina a financiar la salud pública. Según Coljuegos, entre enero y agosto de 2026 el sector generó un recaudo de $977.220 millones para el régimen subsidiado de salud, un 39,38 % más que en el mismo periodo de 2025. De esa cifra, $473.023 millones provinieron de los juegos por internet.
Eso sí, una cosa son los pagos que exige la ley y otra las donaciones que las empresas hacen por iniciativa propia. Estas últimas son aportes adicionales y también deben contar con mecanismos que permitan saber cuánto se entregó y adónde fueron a parar los recursos.
El operador autorizado por Coljuegos, con la participación del proveedor tecnológico Amusnet, destinó una campaña a reunir recursos para atender las necesidades humanitarias derivadas del terremoto entre el 11 y el 30 de agosto de 2026.
El compromiso consistió en aportar el equivalente a 100 % de los ingresos brutos del juego Caramelo Sortudo durante ese periodo, calculados después de descontar los premios pagados. Los fondos están destinados a la Fundación Falcao, como entidad receptora encargada de canalizar la ayuda.
Este caso plantea una cuestión que va más allá de la contribución económica. En una emergencia, no basta con anunciar una donación. También importa explicar de dónde sale el dinero, cómo se calcula y qué mecanismos permiten comprobar su entrega y destino final.
Cuando una empresa de juegos de suerte y azar anuncia que destinará parte de sus ingresos a una causa social, es importante entender de dónde sale ese dinero. No es lo mismo donar una parte de las apuestas recibidas que calcular una contribución sobre los ingresos que realmente genera el juego.
Para esto se utiliza el Gross Gaming Revenue (GGR), conocido como ingreso bruto de juego. Su cálculo es sencillo: se toma el total apostado por los usuarios y se restan los premios pagados. El resultado permite conocer cuánto generó el juego antes de descontar otros gastos de operación, impuestos y obligaciones del negocio.
Por ejemplo, si un juego registra $100 millones en apuestas y paga $94 millones en premios, su GGR sería de $6 millones. Este valor no equivale a la utilidad neta de la empresa, pero sí ofrece una base contable para calcular una aportación.
Este fue el mecanismo elegido para la iniciativa desarrollada por Stake Colombia con la participación del proveedor tecnológico Amusnet.
Durante el periodo comprendido entre el 11 y el 30 de agosto de 2026, la compañía se comprometió a destinar el equivalente al 100 % del GGR generado exclusivamente por Caramelo Sortudo a la ayuda humanitaria.
El cálculo se limitó a ese juego y a las fechas establecidas. No incluyó los ingresos de toda la plataforma ni las apuestas realizadas en otros títulos.
Según la información facilitada para este informe, el valor de la contribución se sitúa alrededor de los 5.000 euros, una cifra que debe contrastarse con el cierre contable definitivo de la campaña.