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Nevaco Global
20 de septiembre de 2026

Europa retuerce su mapa de alianzas para protegerse de Trump

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La relación de dos aliados históricos como son Estados Unidos y Canadá no pasa por su mejor momento y, en plenas tensiones, la Unión Europea y Ottawa muestran su sintonía de cara a una futura "membresía asociada"

Donald Trump comenzó su segundo mandato asegurando que iba a convertir Canadá en el Estado 51 de Estados Unidos. Con talante de 'hombre de paz', dialogante y con ganas de terminar guerras y firmar acuerdos. Sin embargo, la 'amistad' entre aliados históricos no duró demasiado y la relación no pasa por su mejor momento. Tras cruces de acusaciones y amenazas arancelarias, la Unión Europea y Ottawa muestran su sintonía de cara a una futura "membresía asociada" después de que el mandatario norteamericano impusiera gravámenes del 50% a productos de su vecino. Ante un presidente del todo imprevisible, Bruselas busca nuevos aliados, diversificación de socios, reducción de dependencias y refuerzo de la seguridad económica para protegerse.

Esta semana, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha comparecido ante el Parlamento Europeo asegurando que "acoge con satisfacción" la ambición de convertir a Canadá en el primer "miembro asociado" de Bruselas. Según el primer ministro canuck, la futura alianza tendrá "un enfoque único y positivo" que ambas partes tendrán aún que definir.

"Canadá y la Unión Europea son fuertes por separado", aseguró Carney pero haciendo hincapié en que ambos "son más fuertes juntos" en su intervención ante el pleno de la Eurocámara en Estrasburgo. La llamada "membresía asociada" es un estatus inédito creado para potenciar la cooperación entre dos actores en múltiples frentes.

Lo cierto es que los tratados europeos no contemplan actualmente una categoría específica de "miembro asociado", aunque los Veintisiete sí disponen de mecanismos para establecer relaciones especiales con terceros países. Canadá, que no podría ser miembro de pleno derecho por no ser un país europeo, ya mantiene con la UE un acuerdo de libre comercio provisionalmente vigente desde 2017 y cooperación en ámbitos como la investigación, la educación y la defensa.

De esta manera, la fórmula que Bruselas podría ofrecer a socios estratégicos como Ottawa aún está por definir y se suma a otros modelos de integración y asociación existentes con países como Noruega, Islandia, Suiza, Japón, México o Reino Unido. No obstante, la respuesta del inquilino de la Casa Blanca no se hizo esperar y, en plenas tensiones por la guerra comercial con Carney, Trump ha amenazado con grandes aranceles contra Europa si se produce dicha asociación.

Que el regreso de Trump al despacho con mayor poder del mundo iba a suponer un vuelco al tablero geopolítico mundial era previsible. Un hecho que minaba la creencia durante décadas de que Europa vivía con una certeza que parecía intrínseca: al otro lado del Atlántico estaba Estados Unidos. No era simplemente un aliado. Era mercado, un paraguas militar, un socio tecnológico y una referencia política. Pero esa seguridad es cada vez más frágil y volátil.

El inicio del segundo mandato del líder republicano lo marcó su medida estrella, los aranceles, una herramienta que ha empleado hasta la saciedad para presionar y conseguir concesiones. Esta estrategia de Washington ha provocado que Europa se cuestione qué ocurriría si la potencia norteamericana dejara de ser un socio previsible y fiel.

La respuesta que empieza a dibujarse en Bruselas no consiste en sustituir a Estados Unidos por otro país, sino en algo que parece más ambicioso: construir una red con nuevos socios ante un aliado histórico que no escatima en 'sustos' y ataques. Los Veintisiete, que normalmente no suponen precisamente una barrera férrea para los planes de la Administración Trump, han fijado su objetivo en formar una red de países suficientemente próximos como para compartir comercio, tecnología, materias primas, energía y seguridad y eliminar la dependencia del exterior.

Y en ese mapa aparece, de manera inesperada, Canadá. Ottawa siempre estuvo cerca de Europa, aunque el Atlántico pareciera colocarlo en otra habitación. El país norteamericano y Bruselas comparten instituciones, valores políticos y una larga tradición de cooperación. De hecho, ya existe el CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement), el acuerdo comercial que ha ido reforzando los vínculos económicos. Asimismo, desde 2017, también existe una Asociación Estratégica entre ambos.

Sin embargo, el pasado miércoles, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, plenteó ante los europarlamentarios la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer "miembro asociado" del bloque comunitario. No obstante, este movimiento posee un cariz más simbólico que tangible, ya que mientras Washington habla de fronteras, aranceles y presión comercial, Bruselas y Ottawa hablan de puentes.

Pero esta decisión del Gobierno comunitario no es improvisada ni es una respuesta repentina a las últimas amenazas del presidente estadounidense. En los últimos años, la política comercial europea ha adquirido una dimensión más amplia. Entre los países con los que la UE ha llegado a negociaciones comerciales figuran Australia, India, México, Mercosur, Indonesia, Japón, Nueva Zelanda o Corea del Sur.

En marzo de 2026, la UE y Australia concluyeron las negociaciones de un acuerdo de libre comercio que elimina más del 99% de los aranceles sobre las exportaciones europeas a Australia. Por parte de la India, el pacto comercial -concluido en enero de 2026- supone conectar dos gigantes económicos que, juntos, representan aproximadamente una cuarta parte del PIB mundial. En cuanto a México, en mayo de 2026, ambos actores firmaron nuevos acuerdos; y completan el mapa el resto de actores.

Corea del Sur se sitúa como uno de los socios más interesantes para la Unión Europea. Pese a no compartir la geografía atlántica ni la tradición histórica con el país asiático, este cuenta con potenciales capacidades industriales y tecnológicas. Ambos ya cuentan con un acuerdo de libre comercio y una asociación estratégica, pero este año ambas partes han comenzado a construir algo más profundo. El pasado mes de abril pusieron en marcha un diálogo estratégico centrado en seguridad económica, materias primas críticas, tecnologías avanzadas y baterías. Crearon, además, una 'competitiveness partnership'.

La postura de Europa se enmarca en un escenario en el que los anuncios desde el Despacho Oval relacionados con la guerra comercial pueden interrumpir una cadena de producción en cuestión de semanas y tener buenos 'amigos' puede convertirse en una cuestión industrial. Así, una fábrica de chips surcoreana puede ser tan estratégica para Europa como una mina de minerales en Canadá.

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