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Las importaciones de petróleo des Venezuela superan el millón de toneladas entre enero y mayo
La nueva sintonía entre Repsol y la Casa Blanca se está trasladando a las estadísticas. Apenas unos meses después de recuperar las licencias para operar en Venezuela, el crudo venezolano ha vuelto entrar en España con la intensidad que lo hacía en 2024, año previo a que Washington volviera a cerrar el grifo.
Los datos publicados este lunes por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores) muestran que España importó 371.000 toneladas de crudo venezolano en mayo, el mayor volumen desde septiembre de 2024. La recuperación ha sido constante: tras un enero todavía sin importaciones, llegaron 148.000 toneladas en febrero, 186.000 en marzo y 304.000 en abril, hasta culminar en mayo con el registro más elevado de los últimos ocho meses.
Más revelador aún es el acumulado. Entre enero y mayo, España ha importado algo más de un millón de toneladas de petróleo venezolano, ligeramente por encima de las 992.000 toneladas registradas en el mismo periodo de 2024. En apenas cuatro meses, el flujo de crudo venezolano ha vuelto al ritmo previo al paréntesis impuesto por el Gobierno de Donald Trump.
Detrás de ese salto hay meses de negociaciones entre Washington, Caracas y Repsol, la única compañía petrolera española que opera en el país.
Durante casi una década, el petróleo venezolano ha viajado al ritmo que marca Washington, con las sanciones impuestas por Estados Unidos al régimen de Nicolás Maduro. El primer deshielo comenzó en 2022, cuando el expresidente Joe Biden abrió la puerta a licencias individuales para compañías petroleras. Con ello, permitía a empresas como Repsol, Chevron, Eni o Shell reiniciar su actividad y empezar a cobrar la deuda que tenían pendiente del país caribeño.
Las cifras de las importaciones petroleras de España reflejaron inmediatamente ese giro. Tras un comienzo irregular en 2024, la llegada de crudo de Venezuela se disparó hasta 632.000 toneladas en mayo, el mayor registro de la serie reciente. Después llegaron 371.000 toneladas en junio, 353.000 en julio, 303.000 en agosto y 392.000 en septiembre, consolidando al país como uno de los proveedores relevantes de las refinerías españolas.
Incluso durante el primer trimestre de 2025 el flujo continuó con normalidad, con 299.000 toneladas en enero, 150.000 en febrero y 296.000 en marzo. Pero a finales de marzo de ese año, la Administración Trump decidió endurecer de nuevo la presión sobre Caracas y revocó las licencias que permitían a Repsol mantener su actividad petrolera en Venezuela.
El impacto fue inmediato: entre abril de 2025 y enero de 2026 España no importó una sola tonelada de crudo venezolano. Durante diez meses desapareció completamente un flujo comercial que había vuelto a cobrar relevancia apenas un año antes.
Lejos de dar por perdida Venezuela, Repsol arrancó una operación de paciencia diplomática. Mientras mantenía abiertas las conversaciones con la petrolera estatal PDVSA, la compañía intensificó los contactos con la nueva Administración de Donald Trump para recuperar las licencias que le permitieran volver al negocio.
La apuesta cristalizó a principios de 2026. El 9 de enero, Josu Jon Imaz fue uno de los invitados por Donald Trump a la Casa Blanca junto a los máximos ejecutivos de Chevron, Exxon o ConocoPhillips para diseñar el futuro petrolero de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro. Allí, el consejero delegado de Repsol puso sobre la mesa una oferta difícil de rechazar: triplicar la producción de la compañía en el país, de 45.000 a 135.000 barriles diarios en apenas tres años.
Un mes después llegó la recompensa. El 13 de febrero, el Departamento del Tesoro devolvió a Repsol la llave de Venezuela al incluirla, junto a Chevron, BP, Shell y Eni, entre las petroleras autorizadas para reactivar operaciones en el país. Apenas dos meses más tarde, la compañía cerró un acuerdo con PDVSA para recuperar el control operativo de sus activos y ejecutar ese plan de expansión.
La buena sintonía con Washington no ha quedado ahí. En los últimos meses, Imaz ha multiplicado los guiños hacia la nueva Administración: desde adoptar públicamente la expresión "Golfo de América" hasta utilizar la Fundación Consejo España-Estados Unidos, que preside, para escenificar la bienvenida al nuevo embajador estadounidense, Benjamín León Jr.
La estrategia de Repsol pasa por cumplir su promesa de triplicar su producción. Por eso, el mes pasado firmó un acuerdo de intenciones con el Gobierno de Venezuela y PDVSA para analizar el desarrollo de una nueva zona petrolera en el país, denominada Horcón, situada al sureste del Lago de Maracaibo.
La estrategia de aproximación de Repsol a Washington ha empezado a traducirse en barriles, pero el verdadero objetivo está más allá de recuperar el terreno perdido. Si logra ejecutar el plan pactado con PDVSA y mantener el respaldo de Estados Unidos, la petrolera española aspira a convertir Venezuela de nuevo en uno de los pilares de su producción internacional.
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