En julio, el presidente de Estados Unidos ordenó diseñar una lista de productos españoles. Washington endurece sus aranceles tras el varapalo del Supremo.
"Socio terrible”, “causa perdida” y “no pagan”. Con estas palabras se ha referido Donald Trump a España por el choque con Pedro Sánchez a cuenta del gasto en la OTAN, con la amenaza de “cortar todo el negocio” con el país. Incluso en julio los funcionarios de Estados Unidos empezaron a diseñar una lista de productos españoles susceptibles de ser embargados para cumplir con la orden del presidente, que, como suele ser habitual en su política económica, dio un giro de guión repentino y días más tarde elogió a España por “su generosidad” para cumplir con el plan de gasto de los socios de la alianza militar.
Aunque el riesgo de embargos sigue latente y condicionado a cualquier golpe de timón de Trump, que ya lo ha convertido en una seña de identidad de su gestión y que queda patente casi a diario en las negociaciones con Irán para poner fin a la guerra. El temor en la industria española existe, según distintas fuentes empresariales, sobre todo porque Estados Unidos ha sustituido los aranceles temporales que tumbó la justicia por otros de entre el 10% y el 12,5% dirigidos a 60 países, que representan el 99% de sus importaciones de bienes.
Lejos de suponer una relajación de la política arancelaria, esta medida reafirma la determinación de Washington de mantener una elevada protección comercial, como ponen de manifiesto los economistas de Coface, una de las grandes aseguradoras mundiales en la gestión del riesgo de crédito comercial. Y una ‘lista negra’ de productos españoles puede ser el arma que Trump se guarde como represalia al choque en la OTAN.
La primera batida de aranceles de Trump fue cuestionada por la ausencia de una autorización expresa para imponer estas medidas. Pero ahora, la Administración Trump se ha dotado de una base jurídica más sólida, a través de la conocida como Sección 301, que ya utilizó para imponer aranceles especialmente a China, según señalan desde Coface.
Está por ver si Trump culmina su amenaza sobre España, aunque desde julio, como publicó Político, los funcionarios de Estados Unidos ya trabajan en una lista de productos españoles que pueden ser vetados. Aunque este tipo de medidas drásticas ponen en peligro el acuerdo comercial firmado en 2025 por Estados Unidos y la Unión Europea, ya que España es miembro del bloque de los 27 países.
Eso sí, una especie de veto preventivo ya se ha aplicado sobre operaciones corporativas, como publicó este medio. A inicios de marzo, en pleno choque entre Trump y Sánchez, la etiqueta de “socio terrible” provocó el bloqueo a compras de compañías propiedad de grandes fondos norteamericanos por el riesgo de que la Administración Trump acabara frenándolas en última instancia.
Fuentes de la banca de inversión sufrieron en primera persona que se cerraba la puerta a inversores españoles en pujas para hacerse con proyectos o compañías controladas por los grandes 'private equity', a pesar de que se presentaban ofertas milmillonarias superiores a las del resto de competidores.
Se temía que Trump revocara cualquier acuerdo corporativo a través del Comité de Inversiones Extranjeras en Estados Unidos, denominado CFIUS por sus siglas en inglés, que tiene la última palabra para dar luz verde a las operaciones corporativas con capital foráneo y que está presidido precisamente por el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, a quien Trump dio orden para cortar el comercio con España.
Este organismo tiene autoridad para revisar, bloquear e incluso deshacer ciertas transacciones que implican inversiones extranjeras en empresas u operaciones estadounidenses que puedan poner “en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos”. La crisis con España se cruzó en el camino del Santander, que en febrero había anunciado la compra del banco estadounidense Webster por más de 10.000 millones de euros.
Incluso senadores republicanos de Estados Unidos pidieron a las autoridades investigar la compra del Webster y plantearon precisamente preocupaciones sobre la seguridad nacional, que es uno de los pretextos que puede usar la Casa Blanca para tumbar operaciones a través del CFIUS.
Al final, Ana Botín logró despejar cualquier sombra de duda. Hizo valer su buena sintonía con Trump y activó la diplomacia para ‘ganarse’ a los políticos estadounidenses. La presidenta del Santander acudió a mediados de julio al canal de televisión americano CNBC para defender la adquisición y garantizar que Estados Unidos recibiría en su conjunto “miles de millones de dólares en inversiones”. Y apareció de forma sorpresiva en una transmisión en directo del famoso streamer estadounidense IShowSpeed durante las semifinales del Mundial entre Francia y España, que se disputaron en territorio norteamericano.
Botín esquivó cualquier riesgo y recientemente recibió la luz verde de la FED para hacerse con el Webster, cuya operación prevé cerrar el 20 de agosto y con la que creará un gigante de más de 2 billones de euros en activos, el doble del BBVA. Que el Santander sea la excepción o la estela a seguir dependerá de si Trump finalmente cumple sus advertencias a España.
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