Volver a la edición
Nevaco Global
30 de mayo de 2026

Umair Waqas: «El cierre de Ormuz no acabará con el turismo de masas, pero los viajes serán menos frecuentes y más caros»

Cargando análisis estratégico...

Umair Waqas es profesor adjunto de Gestión de la Cadena de Suministro y Logística en la Universidad de Dhofar, Omán, y sus investigaciones se centran en la resiliencia de la cadena de suministro, la seguridad energética y cómo todo esto afecta a los países. El impacto de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán no se limitará al aumento de los precios de la energía: se extenderá a diversos sectores y durará años, según advertía en un sugerente artículo de Al Jazzera el pasado 21 de mayo. El experto responde a todas las preguntas y repreguntas por correo electrónico, complementando así otras visiones acerca de este asunto publicadas en la sección Conversaciones al margen sobre cómo el cierre del Estrecho de Ormuz ya está transformando el mundo tal y como lo conocíamos.

¿Ve posible un colapso energético en cadena que afecte a cada país de manera desigual?Un colapso energético global a gran escala sigue siendo muy poco probable, incluso bajo un escenario de interrupción grave como un cierre parcial o prolongado del Estrecho de Ormuz. Los sistemas energéticos modernos están respaldados por múltiples mecanismos de estabilización, incluidas las reservas estratégicas de petróleo, rutas de suministro diversificadas, mercados flexibles de Gas Natural Licuado (GNL) y respuestas políticas coordinadas entre las principales economías consumidoras.

Aun así, no niega que existan graves riesgos. El más plausible radica en un escenario de tensión en cascada, donde los picos de los precios de la energía se propaguen a través de los sistemas de transporte de mercancías, seguros, manufacturas y alimentación. Esto puede generar presiones inflacionistas sincronizadas y cuellos de botella temporales en el suministro en todas las regiones. Es importante destacar que estos efectos no se manifestarían de manera uniforme. El sistema global actual está altamente interconectado pero también es altamente heterogéneo, lo que significa que las perturbaciones se transmiten de manera desigual según el espacio fiscal, la combinación energética y la capacidad institucional. Por lo tanto, el riesgo se entiende mejor no como un colapso, sino como una tensión económica asimétrica y una amplificación de la volatilidad en los mercados interconectados.

¿Podría el colapso energético cubano, a pesar de haber sido provocado por factores singulares, replicarse en otros países del Sur Global —y del Norte Global— como consecuencia del cierre de Ormuz?Si bien la crisis energética cubana refleja una combinación de perturbaciones externas y limitaciones estructurales de larga data, su replicación en otros lugares requeriría una convergencia específica de vulnerabilidades en lugar de un único evento desencadenante. En el contexto de una interrupción en Ormuz, el riesgo más relevante no es la replicación sistémica, sino la exposición diferenciada entre las economías.

¿Cómo se concretaría?En partes del Sur Global, particularmente los importadores netos de energía con colchones fiscales limitados y acceso restringido a rutas de suministro alternativas, las crisis prolongadas de precios podrían dar lugar a un racionamiento energético temporal, presión inflacionista y una reducción de la actividad industrial. Por el contrario, las economías avanzadas del Norte Global poseen reservas estratégicas, carteras de importación diversificadas y herramientas de estabilización institucional, lo que reduce significativamente la probabilidad de una ruptura sistémica. Por lo tanto, en lugar de la replicación del modelo de crisis de un solo país, el resultado más realista es un espectro graduado de respuestas al estrés condicionado por la resiliencia estructural y la capacidad política.

En Europa, el escenario plausible más adverso no sería un apagón energético, sino un entorno estanflacionario prolongado

Dada la situación actual, ¿cuál es el peor escenario factible que prevé para Europa? En Europa, el escenario plausible más adverso no sería un apagón energético, sino un entorno estanflacionario prolongado, donde los precios elevados del petróleo y del GNL repercutan en los costes del transporte, los precios del turismo y la inflación de los insumos industriales. Esto podría afectar particularmente a las industrias intensivas en energía y a partes de la economía turística del Mediterráneo, al tiempo que pondría a prueba la capacidad fiscal mediante repetidas medidas de estabilización.

¿Y para Oriente Medio?La vulnerabilidad clave radica en la interrupción de la logística marítima y las primas de riesgo asociadas, que sustentan no solo las exportaciones de petróleo sino también las actividades de aviación, transporte marítimo y reexportación. Incluso los estados ricos en recursos podrían experimentar mayores costes de transacción y retrasos en sus trayectorias de diversificación debido a la mayor incertidumbre regional.

¿Cómo lo ve en el caso de África y Asia?En África, el principal canal de transmisión sería a través de la inflación importada en los mercados de alimentos y fertilizantes, traduciendo potencialmente las perturbaciones energéticas en un retraso de la producción agrícola y en tensiones fiscales en las economías dependientes de las importaciones. Esto aumenta el riesgo de tensiones macroeconómicas en contextos que ya son sensibles a la deuda. En Asia, los resultados estarían fuertemente diferenciados. Los importadores avanzados pueden absorber los costes más altos a través de reservas y la diversificación del suministro, mientras que las economías más vulnerables podrían enfrentarse a presiones en sus cuentas externas, inflación y un espacio político limitado. En general, el impacto sería desigual en lugar de uniforme.

¿Las consecuencias del cierre de Ormuz cambiarán de forma permanente el modelo energético, el cual se basa tradicionalmente en la idea de un crecimiento ilimitado dentro de un mundo de recursos finitos?La interrupción del Estrecho de Ormuz no revertirá fundamentalmente el modelo energético global en un solo paso, pero puede acelerar una transición estructural que ya está en marcha. El sistema actual, todavía anclado parcialmente en supuestos de crecimiento impulsados por combustibles fósiles, probablemente experimentará una presión intensificada a través de la volatilidad de los precios, la inseguridad del suministro y primas de riesgo elevadas en los mercados de energía y transporte. En respuesta, las economías acelerarán las estrategias de diversificación, incluyendo la inversión en energías renovables, reservas estratégicas y la reconfiguración de las cadenas de suministro. En lugar de una ruptura sistémica, el resultado más probable es un reequilibrio gradual de las prioridades de seguridad energética dentro del marco global existente.

¿Cómo afectará esta situación al turismo internacional y a los destinos globales como Mallorca?Principalmente en los costes. Los precios más altos del petróleo se traducirían en un aumento de los costes del combustible de aviación, tarifas más altas y una menor elasticidad de la demanda, particularmente para los viajes de larga distancia y los más sensibles al precio. Los destinos mediterráneos como Mallorca no perderían atractivo estructural, pero podrían enfrentarse a una moderación de la demanda a corto plazo y a una compresión de los márgenes, especialmente en las temporadas altas. Con el tiempo, la adaptación se produciría probablemente a través del reequilibrio del mercado y cambios hacia flujos turísticos más regionales.

¿Cree que el turismo de masas disminuirá en los próximos años por el impacto del cierre de Ormuz?Es poco probable que el turismo de masas desaparezca, pero su arquitectura económica se verá sometida a una tensión visible si los precios de la energía aumentaran bruscamente tras la interrupción en Ormuz. El modelo de ocio europeo que maduró después de la década de 1990, especialmente en destinos como Mallorca, se construyó sobre una base que a menudo se pasa por alto: un combustible de aviación económico y una conectividad aérea global altamente eficiente. Un aumento sostenido de los precios del petróleo se transmitiría rápidamente a los costes del combustible para aviones, afectando a las tarifas de las aerolíneas y, a su vez, a la demanda. El primer impacto no sería un colapso del turismo, sino una compresión de los viajes sensibles al precio, particularmente los segmentos de corta distancia y de mercado medio que sostienen a los destinos basados en el volumen.

Las grandes cadenas hoteleras apuestan por mejorar su oferta y centrarse en atraer a turistas con mayor poder adquisitivo, pero sencillamente no hay suficientes ricos en el mundo para tantos destinos, y mucho menos para sostener infinidad de destinos creados gracias al petróleo barato. ¿Cuál es su postura al respecto?Este cambio que señalas debe interpretarse con cautela. Existe un límite estructural para la medida en que la "premiumización" del sector puede reemplazar a la demanda de masas. El turismo global no está impulsado únicamente por viajeros de altos ingresos, sino por una amplia clase media cuyas decisiones de viaje son muy sensibles al precio y a los costes de transporte. El resultado más probable no es el fin del turismo de masas, sino un reequilibrio gradual: viajes menos frecuentes y más caros, estancias más cortas y una mayor concentración de los flujos alrededor de los mercados cercanos. Destinos como Mallorca seguirían siendo atractivos, pero podrían operar en un entorno más cíclico y sensible a los costes que en la era de los precios de la energía persistentemente bajos.

¿Qué opina de los análisis que aceptan la teoría del pico de Hubbert: tras alcanzar la máxima producción, la extracción cae en picado? ¿Cree que ya estamos ante ese escenario? Aunque quizás el declive no sea tan inmediato y, por supuesto, no se manifieste de la misma manera en todos los países.La formulación original del pico de Hubbert, una curva única y predecible en forma de campana para la producción mundial de petróleo, no se sostiene en su forma estricta. El auge de la producción no convencional, en particular el petróleo de esquisto (hidrocarburo atrapado en rocas sedimentarias de muy baja permeabilidad extraído mediante el fracking), demostró que el cambio tecnológico puede reformar significativamente las trayectorias del suministro. Sin embargo, la lógica subyacente sigue siendo relevante. Los yacimientos individuales todavía siguen patrones de declive predecibles y, con el tiempo, la extracción se vuelve más intensiva en energía y dependiente del capital. Lo que ha cambiado no es la física, sino el sistema: la tecnología, los precios y los ciclos de inversión interactúan ahora con la geología de formas complejas.

¿Hasta qué punto?El concepto más útil hoy en día no es un único pico de producción, sino una transición en la dinámica del crecimiento. La producción puede continuar aumentando o estancarse en una meseta, pero a menudo a un coste y una volatilidad crecientes, mientras que las ganancias marginales se vuelven más difíciles de sostener. Respecto a la cuestión de los plazos, las previsiones difieren ampliamente. Instituciones como la Agencia Internacional de la Energía y la Organización de Países Exportadores de Petróleo proyectan un pico o un estancamiento de la demanda en diferentes momentos durante las próximas décadas. Lo que es cada vez más visible, sin embargo, es que la limitación decisiva puede estar pasando de la oferta a la demanda.

Continúa la lectura estratégica

Accede a la nota completa y mantente a la vanguardia de los movimientos financieros globales.

Leer artículo en Nevaco Global

Nevaco Report — Monitoreo en tiempo real de mercados globales y análisis macroeconómico.

También podría interesarte