Por:
Pablo Pozzi
En unas sorprendentes declaraciones, Donald Trump declaró: «Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas».
El presidente estadounidense expresó esa frase en relación con la posibilidad de retirar el apoyo norteamericano a la ocupación británica de las islas Malvinas. La sorpresa es con relación a que hace décadas Estados Unidos se alinea con Gran Bretaña como parte de mantener su “relación especial”.
¿Se está quebrando la alianza transatlántica? ¿Puede efectivamente Estados Unidos terminar apoyando los reclamos argentinos en los foros internacionales?
Supongamos que las declaraciones de Trump tienen algún viso de racionalidad y de lógica política. ¿Qué está pasando? Aclaremos que es poco probable que Washington rompa su tradicional alianza con Gran Bretaña, sobre todo para apoyar los reclamos de una nación cuyo partido de gobierno ha repetido varias veces, con total incoherencia, que las Malvinas no son argentinas mientras mantiene su reclamo de que si lo son.
Entonces, una posibilidad es que Trump esté buscando la forma elegante de que la Argentina acepte la instalación de una base militar en Tierra del Fuego. Esto es algo que Washington desea desde hace ya muchos años y se trata de controlar las rutas marítimas del sur.
Pero, ¿hace falta sacrificar la relación con los ingleses por una base que el gobierno argentino podría, concebiblemente, otorgar a cambio de ayuda en el Fondo Monetario Internacional?
Más factible es que Estados Unidos tiene un fuerte conflicto con Canadá. Hace ya varias semanas que Trump aumentó las tarifas y aranceles sobre bienes canadienses a 50%, que se harán efectivos el 8 de septiembre. Para sorpresa de todo el mundo el primer ministro canadiense Mark Carney respondió aumentando al mismo monto los aranceles de su país a bienes norteamericanos, mientras estrechaba relaciones comerciales y económicas con China. Todo con el apoyo abrumador de la ciudadanía canadiense. En respuesta Trump declaró, primero, que Canadá no estaba cumpliendo sus compromisos en la defensa continental, y luego dijo que sería bueno que se convirtiera en el estado 51 de la unión. Esto mientras emitía un decreto presidencial que cambiaba el nombre del Lago Ontario por Lago América, y un par de sus asesores dijeron que sería una buena idea ponerle Lago Donald y Lago Trump a otros de los grandes lagos de la frontera con Canadá…
Carney respondió solicitando apoyo a sus aliados de la OTAN, cosa que recibió a la brevedad. Luego dijo que Estados Unidos estaba reduciendo su apoyo económico a NORAD (North America Aerospace Command) que protege la frontera ártica y que existe desde 1958.
Canadá es una monarquía constitucional cuyo monarca es Carlos III de Inglaterra, y que nombra un gobernador general que es el que convoca al partido mayoritario a formar gobierno. Dicho de otra forma, técnicamente Carney ha sido nombrado por el Rey inglés que tiene el poder de presionar a Canadá para que haga lo que Trump dice. Es muy posible que esto esté detrás de la declaración malvinera del presidente estadounidense.
Pero al igual que con el caso de Groenlandia, que también armó una disputa mayúscula en la OTAN, es muy factible que EE UU (o por lo menos el gobierno MAGA) esté tratando de avanzar en el reordenamiento mundial surgido de la post Segunda Guerra Mundial. Ese orden mundial no es más útil a las aspiraciones norteamericanas, sobre todo porque se ha resquebrajado en base a las políticas de los BRIC (en particular de China) y a que Europa Occidental ha demostrado ciertos visos de independencia. Esto último con diversos hechos. El más notable fue el rechazo europeo a participar de la guerra con Irán. Luego Alemania retiró 111 toneladas de oro depositadas en la Reserva Federal norteamericana, y fue seguida por Holanda que hizo lo mismo con otras 86 toneladas. En el medio Bruselas rechazó la propuesta de expropiar los billones de euros rusos depositados en una institución denominada Euroclear, y entregarlos a Ucrania. Luego, ocurrió el caso de Groenlandia, donde lo último que Trump esperaba era que la OTAN expresara su decidido apoyo a Dinamarca. De hecho, Carney invocó el artículo 188 del Tratado del Atlántico en defensa de su soberanía frente a la agresión norteamericana. El artículo llama a los estados miembros a apoyar a aquellos miembros que sean atacados. Es la primera vez que esta cláusula es invocada en contra de Estados Unidos.
Si esto es así las declaraciones de Trump esconden un conflicto profundo y muy peligroso. Obvio que también está la posibilidad que Donald tenga incontinencia verbal. O que esté totalmente loco. Sea como sea, lo que diga Trump sobre defender la soberanía argentina en la Malvinas hay que tomarlo un con una pizca de sal.
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