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Nevaco Global
31 de mayo de 2026

Círculo Rojo: crece la tensión entre gurkas mileístas y los que quieren recambio

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Por:

Martín Piqué

@MartinPique

Más que un “Círculo Rojo” son protagonistas variados con poder e influencia, con intereses comunes y al mismo tiempo contradictorios. Actores que compiten, coordinan, pero que algunas veces antagonizan y se excluyen. La expresión que se popularizó durante el gobierno de Mauricio Macri parecía describir a una elite dirigida por los grandes empresarios argentinos como un bloque uniforme, cohesionado y monolítico. Por supuesto, no es así. Y esas diferencias, frontales o disimuladas bajo cuerda, están emergiendo en este tercer año de la presidencia de Javier Milei. Lo reflejan dos escenas bastante recientes, protagonizadas por los dos hombres más ricos de la Argentina.

Por un lado, el fundador y presidente ejecutivo de Mercado Libre, Marcos Galperin, abonó recientemente a la idea de que el gobierno mileísta está en plena recuperación tras lo que él mismo definió como “un ataque de todo el sistema de poder” que se prolongó, según dijo, a lo largo de “meses”. Por otro, el titular de la corporación Techint, el ítalo-argentino Paolo Rocca, dejó el cargo de CEO de la siderúrgica Tenaris, la productora de tubos de acero sin costura del grupo empresario del que, de todos modos, sigue siendo presidente.

Galperin, activo polemista del mundo digital, compartió un informe del BCRA con un posteo que sonaba eufórico. “¿Alguien más está viendo lo mismo que yo? Me parece que se dio vuelta la tortilla”, desafió el jueves pasado desde su cuenta de X. En el caso de Rocca la empresa Tenaris confirmó hace veinte días que dejaba la máxima responsabilidad operativa de la compañía en manos de Gabriel Podskubka, hasta ese momento director de Operaciones. Galperin y Rocca, aparte de encabezar el ranking de Forbes sobre los súper-ricos locales (se les atribuye un patrimonio individual superior a U$S 7000 millones), representan dos modelos opuestos en la relación con Milei.

Galperin, entre otras definiciones, podría estar cómodo con el rótulo de militante libertario (el empresario Gustavo Grobocobatel, que es su amigo, contó esta semana que el creador del gigante del e-commerce y de la billetera virtual Mercado Pago “piensa que ambas empresas han hecho un impacto social de la hostia, más que cualquier otra política pública” de la historia argentina reciente). Rocca, en tanto, debe sobrellevar lo que terminó conformándose -probablemente a su pesar- como una relación tensa y plagada de desconfianzas mutuas con el mandatario ultraliberal. Quienes lo han tratado últimamente suelen decir que el depositario principal de su antipatía no es el propio Milei sino su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger.

Para ese encono contribuyó un episodio traumático y hasta podría decirse que inédito en la historia de Techint: fue la derrota a principios de año en una licitación internacional para la provisión de caños necesarios para un gasoducto del consorcio Southern Energy (de la que forma parte YPF) ante la oferta presentada por una competidora de la India, Welspun. La noticia sacudió al ámbito empresario; Sturzenegger fue una de las voces que salió a opinar: le reprochó a Tenaris por haber presentado una oferta “40% más cara”.

“Aunque alguien quizás pensara que aun así debería habérsele adjudicado, eso es indefendible. Caños más caros implican menor rentabilidad del proyecto, menores inversiones, menos empleo, menos exportaciones”, azuzó el funcionario en sus redes. El propio Milei, por su parte, provocó más al rebautizar directamente a Rocca como “Don Chatarrín de los tubitos caros”. Desde ese momento, en el que para algunos pudo haberse traspasado un límite, comenzaron a circular versiones de que Techint estaba alentando la búsqueda de otras figuras alternativas -de una supuesta centroderecha o derecha moderada- que priorizaran el equilibrio fiscal y el orden macroeconómico.

Uno de los nombres que empezó a repetirse fue el de Mauricio Macri, que casualmente o no tanto retomó la actividad pública con bastante visibilidad en la agenda. Otro dirigente que tomó protagonismo, esta vez en el universo del panperonismo, fue Miguel Pichetto. También por esos días empezó a nombrarse como un hipotético candidato a la Presidencia al banquero Jorge Brito (h), titular del Banco Macro, una de las principales entidades financieras privadas pero además expresidente del club River Plate: dos periodistas, Iván Schargrodsky (en paralelo a cargo de la Comunicación en River) y previamente Carlos Pagni, habían dado eco a esa posibilidad. Pero había sido Macri el primero en mencionar a Brito (h) como un potencial candidato out-sider procedente del ámbito empresarial.

Tanto Brito (h) como su sucesor en el club de Nuñez, Stefano Di Carlo (hijo del relacionista público de los ‘90 Héctor “Yayo” Cozza), mantienen por si acaso lazos con miembros del gobierno mileísta: el asesor presidencial Santiago Caputo estuvo entre los invitados en una cena de la Fundación River; también ingresó alguna vez de incógnito a la cancha de River para presenciar un superclásico. Brito (h), de todos modos, no está en la lista de los grandes empresarios identificados al 100% con el proyecto de reconversión económica a velocidad turbo que tiene al presidente como agitador de la batalla cultural y mascarón de proa.

Entre los más convencidos de la necesidad de desregular y dejar que la Argentina se adapte sin anestesias y de una vez por todas al desarrollo de sus ventajas naturales a través del complejo agroindustrial, el potencial energético de los yacimientos no convencionales y el boom de la minería están el propio Galperin pero también Alejandro Bulgheroni (Bridas Energy), Marcelo Mindlin (grupo Pampa), Miguel Galluccio (Vista), Eduardo Elsztain (IRSA) y Eduardo Eurnekian (Corporación América). El proyecto mileísta implica, en su ejercicio cotidiano, la aplicación en el sur del mundo de la tesis de la “destrucción creativa” acuñada por el economista Joseph Schumpeter: en esa búsqueda por desincentivar y desmontar los entramados productivos que no son eficientes pagarán los costos sectores de la industria, como la textil, y hasta las alimenticias, como lo prueba el anuncio del cierre de la granja Tres Arroyos, de Entre Ríos.

Otro holding que está multiplicándose en esta época y cuyo titular asume con diplomacia la necesidad de convivir con el mileísmo -como expresión de la asociación con EE UU en la estrategia de la superpotencia por garantizarse cadenas de suministros- es Integra Capital. Lo encabeza José Luis Manzano. En su camino a consolidarse en el rubro energético Manzano está replicando el modelo que ya transitaron otros representantes de la elite empresaria, como Eurnekian, Mindlin y hasta el propio Rocca, que en los últimos años priorizó el despliegue de su petrolera, Tecpetrol. Manzano, quien le adquirió a Telefónica de España la principal operadora telefónica de Perú, ahora aspira a ampliar su participación en Metrogas, donde Integra Gas cuenta ya con el 9% del paquete accionario: va por las acciones que YPF tiene en esa distribuidora, próximas a licitarse. No será fácil. Tiene competidores con socios en la Casa Rosada: la familia Neuss.

Más allá de competencias y pujas intra-elite, dos factores son comunes para los holdings y conglomerados empresarios. Todos observan la expansión acelerada de un proceso del que al mismo tiempo son parte: la fusión entre el poder financiero y los grandes terratenientes, asociados al boom de los recursos naturales, que avanza -como señaló a Tiempo el economista Arnaldo Bocco- “sin preocuparse de ninguna manera por el reemplazo del empleo y la actividad económica de los sectores que caigan”. El otro factor es la incertidumbre: como las víctimas se multiplican, la continuidad de Milei a partir de 2027 no está asegurada. “Eso explica el apuro por cerrar ahora las compras y privatizaciones”, alertó a este diario un analista que trabajó por años en una de esas compañías  «

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Efecto lenticular en la política: síntomas de gobierno agotado y convicción en el círculo de poder de que el rumbo no se toca. Luis Caputo, profeta en la tierra ultra, mientras el Topo desmantela el Estado. El gobernador bonaerense se proyecta independizado de los Kirchner, defiende la "zona fría" y elude un tabú: cobrarles impuestos a los que más tienen La lectura del momento político se asemeja a aquellas imágenes lenticulares que adornaban los útiles de la escuela. Con un leve giro, la ilustración en la regla cambiaba radicalmente y, así, un leoncito inofensivo podía transformarse en una fiera al ataque. Al compás de la vida cotidiana empeorada por bajos salarios o directamente el desempleo, servicios públicos caros e insufribles —con el transporte a la cabeza—, y una moral ramplona que signa toda acción del gobierno ultraderechista, la imagen de los Hermanos Milei cayó varios puntos en los últimos meses. Se respira en las calles y lo dicen las encuestas en forma unánime, más allá del leve repunte reportado en la última semana. Desde un brinco espasmódico marcado por la victoria electoral de octubre, los sondeos señalan deterioro que excede la percepción de Milei: caída en intención de voto, pesimismo para lo que viene y creciente atribución de responsabilidad de la crisis a la ultraderecha gobernante . Todo ello, con la contracara de una mejora en los números de la oposición, con Axel Kicillof recortado sobre el resto, y apoyos cercanos a los dos dígitos, probablemente inéditos para la izquierda argentina, en la figura de Myriam Bregman . La consultora Tendencias, que fue la primera que reportó un ascenso de la abogada del Frente de Izquierda, luego ratificado por Atlas/Intel y otras, terminó un trabajo sobre intención de voto (4.730 casos en mayo, todavía no publicado) que ubica primero a Milei, con 36,5%, seguido por Kicillof, con 29,9%, y tercera Bregman, con 14,6%. 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Sobre lo primero, nadie se anima a tomarlo en serio, entre otras cosas, porque lo anunció en marzo y ya los números de abril —industria, construcción y consumo— lo desmintieron. A la espera del milagro, serán en todo caso 17 meses de jolgorio, no 18. Hay bastante endogamia en ese optimismo, propio de una elite que abreva en un acotado menú de análisis político y mediocre calidad informativa En cambio, la confianza de que el Presidente contará con un segundo mandato prevalece entre empresarios y ejecutivos de las finanzas, Vaca Muerta y el agronegocio. La idea de que la elección de Milei es causa y efecto de un cambio de paradigma, que se metió en el seno de la mayoría de los hogares, dispuestos a “bancar” aunque sufran, es proclamada en los altavoces del poder real . A lo sumo, si no es Milei —porque sus groserías y idus terraplanistas abochornan hasta algunos convencidos—, será otro, pero el rumbo no está en duda. Hay bastante endogamia en ese razonamiento, propio de una elite que abreva en un acotado menú de análisis político y mediocre calidad informativa. Ese hombre propenso a las fake news y el agravio amargo que se vislumbra detrás de la cuenta de Twitter de Marcos Galperín tiene una oferta generosa para alimentar sus prejuicios en los medios de mayor difusión. Vigencia del Soez Hay, sin embargo, factores sólidos para pensar que las urnas favorecerán a Milei el año que viene. Primero, las encuestas pueden fallar y la opinión pública se volvió bastante volátil. Si Manuel Adorni indigna hoy, podrá ser un pasivo asumido mañana. Los medios encontrarían motivos para cambiar el prisma. Quizás la aprobación de la compra de Movistar Argentina por parte de Telecom-Clarín —un dominio de mercado clamoroso—, que se rumorea inminente, provoque una súbita desatención a Adorni, las jubiladas y la cascada en el prime time de la tele y los portales. 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Un tercer elemento que fortalece la confianza de la elite está dado por un peronismo inmerso en melodías gastadas, sin abordajes entendibles sobre cuál es la respuesta ante la economía que formatea Milei con motosierra. Con las maldades de Karina , los negocios de Santiago y los devaneos filosóficos de Federico , la propuesta ultraderechista está clara: un topo destruye el Estado, para dar paso a un sálvese quien pueda. Suena feo, pero en la mirada libertaria y en cierto sentido común, es el motor de la competencia y el crecimiento. Con las maldades de Karina, los negocios de Santiago y los devaneos filosóficos de Federico, la propuesta ultraderechista está clara Allí la cámara vuelve a Kicillof, único candidateable peronista que registran las encuestas. Contra pronósticos casi unánimes, el gobernador bonaerense logró independizarse de la voluntad de Cristina como ningún dirigente supo hacerlo en veinte años. El eje Patria-Cámpora hoy luce a la defensiva, forzado a optar entre negociar espacios con Kicillof —en una pulseada en la que el gobernador puede imponer condiciones como no conoció el apellido Kirchner—, o volcarse a frustrar una candidatura del “traidor”, si no para consagrar a un reemplazante, que sirva para que pierdan todos. Esa página está abierta. “Está plantado en la cancha. No es títere de nadie y confronta con Milei. Con eso se despegó del pelotón” , resume un influyente ministro bonaerense. Myriam Bregman, en una movilización afuera del Congreso Kicillof marca un paso que genera disidencias y ansiedad entre sus heterogéneos aliados, que llegan a ver en él características procrastinadoras de impronta albertista, pero los resultados electorales conseguidos e indicios de que van cediendo ciertas resistencias en las provincias (por porteño, por bonaerense, por hijo político de Cristina, por su origen de izquierda) extienden el crédito. “Este año tiene que pasar a otro plano, es un desafío” , amplía la voz. El entorno del gobernador relata diálogos con dirigentes de todas las provincias. En algunos casos, se dan en un cono del silencio, por razones de conveniencia mutua. La indiferencia/no agresión pactada con el gobernador Martín Llaryora en una reciente visita a Córdoba es un ejemplo bastante relatado. El “pase a otro plano” alude a la construcción de un liderazgo y una estructura partidaria que sean vistos como un activo por los referentes provinciales. En otras palabras, que un cartel de un candidato a intendente en La Banda, Trelew u Oberá junto a la leyenda Kicillof Presidente sume en lugar de restar a ambos. “La ingeniería electoral no está en la mesa” , agrega el ministro bonaerense. Las fuentes kicillofistas son unánimes en un punto. El conflicto con Máximo y Cristina se va a agravar hasta el momento de la definición de las listas y, muy probablemente, más allá . Hay cuestiones personales y políticas consideradas insalvables de uno y otro lado. Llegado el caso, un escenario de primarias es concebido cada vez más como un paso necesario para ordenar el tablero y consagrar un liderazgo. Hasta allí, el activo político de Kicillof. ¿Y el económico? El gobernador se movió poco de la estrategia de denunciar la política económica de Milei. “Escudo para proteger a los bonaerenses y red para sostener a los afectados por la motosierra”, fue la premisa electoral en 2025. Le sirvió para ganar la elección local de septiembre, no para evitar una ajustadísima derrota en octubre. Caputo empezó a repartir RIGIs a diestra y siniestra Milei disparó la inanición del Estado . Redujo el gasto nacional a 15 puntos del PBI, hundió a las jubilaciones, las universidades y la cobertura de salud. Paralizó la obra pública y se empeñó en bajar impuestos a los ricos. Se encuentra en plena implementación de esquemas de promoción de actividades hiperlucrativas, como la producción de gas y petróleo (RIGI), que representa un hachazo para los ingresos estatales con vigencia por treinta años. Enunciado en 2024 como un esquema de incentivo a inversiones estratégicas, con resultado real exiguo (porque parte de las adhesiones fueron sobre proyectos que se iban a hacer de cualquier manera, y las de minería están casi todas en veremos), Caputo empezó a repartir RIGIs a diestra y siniestra. Ese Estado raquítico enfrenta a cualquier opositor que asuma la Presidencia a la imposibilidad de restaurar el poder adquisitivo de jubilados, docentes y empleados públicos, mientras saca a las universidades del subsuelo y retoma la construcción de cloacas. El próximo gobernante no tendrá con qué responder a todas las urgencias a la vez. El financiamiento externo no existirá, porque Milei se lo habrá consumido todo, como en 2019 lo había agotado el pulcro Mauricio Macri . Y si alguien se tienta con la receta burda de la emisión monetaria como recurso constante para solventar el déficit, disparará la inflación y su capital político se extinguirá en cuestión de semanas. Queda una receta vieja como la Biblia: cobrarles impuestos a los que más tienen para rescatar a los desclasados. NS/NC Kicillof no comunica nada concreto al respecto, más allá de algún criterio general. Transmitió a su equipo que, dada la magnitud del desfinanciamiento premeditado del Estado, es imposible saber dónde estará parado quien asuma en diciembre de 2027. El gobernador bonaerense no avanzó en el estudio de aumentar el impuesto a las personas físicas (conocido como Ganancias, que en Argentina afecta al 10% de la población, el decil de ingresos altos, muy por debajo de los países europeos e incluso vecinos), ni Bienes Personales (o riqueza, que Milei redujo al mínimo y se cobró cinco años por adelantado), ni a las ganancias extraordinarias (Galperín, ganadería), ni a las grandes herencias y fortunas, ni un esquema de retenciones a ciertas exportaciones. Kicillof fue uno de los pocos dirigentes que marcó críticas a los efectos nocivos del RIGI en la producción de gas y petróleo, pero tampoco dio indicios de qué hará con ese verdadero cepo a los ingresos estatales y al desarrollo de la industria local. Esta semana, una opinión del periodista Diego Iglesias en la radio Futurock, sobre la necesidad de levantar la bandera de cobrar impuestos con criterio de justicia social, para doblegar el sentido común coronado por la derecha de que todo gravamen en “un robo del Estado”, disparó la furia de Milei, Caputo y Galperín. “Delirante”, “zurdo ignorante”, “envidioso”. Retórica conocida, pero el camino que ofrece el oficialismo, guste o no, está claro. La contundente expresión “no tengo idea” es fidedigna de las respuestas de media docena de voces del entorno de Kicillof consultadas sobre eventuales modificaciones impositivas con alguna mínima precisión, lo que refleja más una voluntad política de no tratar el tema, que desconocimiento real. Uno de ellos se permite ir más allá al decir que “no hay dudas de que Galperín tiene que pagar más impuestos que el que vende medias en el tren, a quien hay que ayudar, más que cobrarle” . La fuente —clave en un hipotético gobierno de Kicillof— pone el acento en un sistema impositivo progresivo “sobre lo patrimonial y los ingresos” . En otras palabras, Bienes Personales, grandes fortunas y Ganancias. “El mundo está pareciéndose a una película distópica y la mayoría somos zombies . Se acelera la hiperconcentración, el Estado no hace nada y carga el peso a los de abajo” , concluye. El capítulo impositivo requiere calibración precisa y fortaleza política para responder el previsible bombardeo mediático que ve comunismo por todas partes. De allí a la ausencia casi absoluta de una explicación sobre cuáles son las medidas concretas que permitirán superar el agujero fiscal que dejará El Topo, hay un abismo. Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre, en sintonía con Milei En el discurso de Kicillof, gana visibilidad el reclamo por la desprotección comercial de ciertas industrias, como textiles y neumáticos, o la defensa de sistemas de subsidios aburdos, como la “zona fría” ampliada en 2021 a medio país, incluidas las provincias del centro del país, por iniciativa de Máximo Kirchner . En esos puntos, el texto de los Hermanos Milei encuentra argumentos efectivos, que les sirven para luego perpetrar sus verdaderas intenciones. Si la protección a textiles, neumáticos o heladeras redunda en precios extraordinariamente altos para los trabajadores, es un tema a abordar desde una perspectiva progresista, de izquierda o peronista. No alcanza con enumerar los males que genera la economía libertaria, conocidos por todo aquel que reciba un sueldo y espere el tren. Se impone explicar cómo no empeorar las cosas. Si por la “zona fría” resulta que un maestro o un carpintero que vive en Merlo debe pagar un extra en su factura de gas, para solventar el subsidio que beneficia a un hacendado de Pergamino, a unos 200 kilómetros, la economía cruje, el Estado se queda sin fondos y la inflación se dispara. Es, en definitiva, la ausencia de una explicación genuina, un texto político, sobre cómo se cocinó el caldo que permitió que un día desembarcara un topo con la promesa de destruir al Estado, y cosechara votos tanto en Merlo como en Pergamino. SL slacunza@eldiarioar.com

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