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Nevaco Global
26 de septiembre de 2026

Colombia. Estados Unidos fortalece su Escudo sobre las Américas

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Por José Benito Garzón, Colombia Informa, Resumen Latinoamericano, 25 de septiembre de 2026.

Con la formalización de la adhesión de Colombia y Perú, la gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Perú, y el primer gran operativo conjunto en el Catatumbo, el Escudo de las Américas y su brazo de seguridad (A3C) dejaron de ser una foto de cumbre y se convirtieron en una arquitectura operativa. Aquí repasamos los principales acontecimientos para entender qué cambió entre agosto y septiembre, cuáles son los costos, quiénes se siguen beneficiando y a costa de quiénes, y qué debemos vigilar en los próximos meses.

El 7 de marzo de 2026, en el club de golf de Donald Trump en Doral (Florida), una docena de presidentes latinoamericanos firmó el acta de nacimiento del Escudo de las Américas. Dos días antes, en la sede del Comando Sur en Miami, sus ministros de Defensa habían firmado la Declaración Conjunta de Seguridad que creó la Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C).

Durante meses, la coalición funcionó sobre todo como marco político de una campaña militar que ya existía: la Operación Southern Spear y los ataques a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, que hasta finales de agosto sumaban 67 ataques y 223 muertos, según el recuento de EFE.

Seis meses después, el panorama es otro. En cinco semanas —del 4 de agosto al 10 de septiembre— se activó una fuerza de tarea permanente, ingresaron dos nuevos miembros, el jefe del Comando Sur recorrió la frontera colombo-ecuatoriana, el secretario de Estado Marco Rubio firmó paquetes de acuerdos en Barranquilla, Quito y Lima, y la primera operación de rescate bajo bandera de la A3C se ejecutó en el Catatumbo, región limítrofe de Colombia con Venezuela. Repasemos estos hechos y ubiquémoslos en contexto.

Conviene distinguir, porque la prensa suele fundirlos, dos instrumentos con membresía distinta. El Escudo de las Américas es el foro político de jefes de Estado: hoy reúne a 15 países.

La Coalición de las Américas contra los Cárteles, conocida por su sigla en inglés como A3C, es el acuerdo operativo que firmaron ministros de Defensa y Seguridad: es más amplia (19 países, con Colombia como miembro 19) e incluye a Bahamas, Belice, Guatemala y Jamaica, que no firmaron el instrumento político. Su brazo ejecutor es la Fuerza de Tarea Conjunta – Hemisferio Occidental (JTF-WHEM), que se activó en el Comando Sur el 4 de agosto de 2026.

«Estados Unidos primero y la paz mediante la fuerza»: Pete Hegseth, Secretario de Guerra de EE.UU. (Texas A&M University in College Station, 19.09.2026)

Un matiz que vale la pena tener presente: Chile es fundador del Escudo de las Américas, pero firmó la A3C una semana después; Perú recorrió el camino inverso (A3C desde marzo, Escudo el 8 de septiembre), y Colombia formalizó su adhesión ante la A3C el 12 de agosto, aunque el gobierno la presenta como ingreso al Escudo y De la Espriella la ratificó públicamente en Barranquilla. Por fuera de ambos instrumentos siguen las dos mayores economías de la región: México y Brasil.

Venezuela y Cuba aparecen con tramas distintas porque su situación es asimétrica: intervención consumada en el primer caso, presión sin intervención militar en el segundo.

La exclusión de Colombia durante el gobierno Petro fue la anomalía más comentada de la versión original del Escudo de las Américas. El nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella, que se posesionó el 7 de agosto, la acató de inmediato; el 12 de agosto, en Panamá, el ministro de Defensa Jorge Mora formalizó la adhesión y el secretario de Guerra Pete Hegseth anunció que Colombia era el miembro 19 de la A3C.

Dos semanas después, el comandante del Comando Sur, general Francis Donovan, visitó Bogotá, Tumaco y San Lorenzo (Ecuador) para acordar con la nueva cúpula militar —en palabras de la Embajada de EE. UU.— «fortalecer y acelerar» las operaciones conjuntas, con foco en inteligencia, reconocimiento y operaciones especiales en el corredor del Pacífico.

El punto culminante fue la visita de Marco Rubio a Barranquilla el 8 de septiembre, la primera de un secretario de Estado a esa ciudad, convertida en sede presidencial alterna.

Los llamados «Acuerdos de Barranquilla» incluyen: la ratificación del ingreso al Escudo y una sede operativa de la coalición en Medellín; el «Plan Patriota Siglo XXI» —que la prensa ya llama la reedición del Plan Colombia— para modernizar aeronaves, radares, drones, sistemas antidrones, ciberdefensa e inteligencia, con el préstamo inmediato de tres drones de vigilancia; el reinicio de las fumigaciones aéreas; dos memorandos que nada tienen que ver con drogas (minerales críticos y tierras raras, y energía nuclear civil); y la promesa de un paquete de asistencia de US$1.000 millones sujeto al Congreso estadounidense. Rubio dejó abierta la posibilidad de una base militar estadounidense o conjunta en Colombia.

Quedaron fuera dos temas que interesaban a los gremios: el arancel del 12,5% que Washington aplica a los productos colombianos desde julio y la reapertura del consulado en Barranquilla.

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