Por Hedelberto Lopez Bianchi, Almayadeen, Resumen Latinoamericnao, 9 de agosto de 2026.
Con la obsesión de adueñarse del control político y económico de toda América Latina, el mandatario estadounidense Donald Trump se está introduciendo en la campaña presidencial de Brasil que se realizará el venidero 4 de octubre y que tendrá como principales contendientes a Luis Inacio Lula da Silva (en busca de la reelección) y al opositor ultraderechista Flavio Bolsonaro.
En reiteradas ocasiones Trump se ha expresado públicamente a favor de la liberación del expresidente Jair Bolsonaro (condenado por corrupción) y ha ratificado su apoyo a Flavio Bolsonaro en aras de que gane los próximos comicios, y así contar con un aliado incondicional al frente del Gobierno del gigante latinoamericano.
Desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump se ha entrometido en las campañas electorales de diversos países latinoamericanos, lo que le ha dado resultado al influenciar miedo a los electores amenazando con imponer sanciones al país si ganara algún candidato nacionalista.
Así vemos que se inmiscuyó en las elecciones legislativas de octubre de 2025 en Argentina, en los comicios presidenciales de noviembre de 2025 en Honduras y en los de Colombia en mayo-junio de 2026.
Esos actos injerencistas fueron reivindicados por Trump, quien se adjudicó públicamente los resultados de esos procesos electorales. Es la reinstalación de la Doctrina Monroe para ejercer el control de Estados Unidos sobre los pueblos de América Latina.
Este 22 de julio, Washington aplicó aranceles del 25 por ciento a una lista de productos brasileños amparado en un supuesto artículo 301 de la ley comercial estadounidense por considerar “practicas comerciales desleales del gobierno de Brasil.
Como justificación, el régimen estadounidense menciona sus “discrepancias con políticas del gobierno de Lula da Silva” en relación a diferentes rubros como “comercio digital y servicios de pagos electrónicos, aplicación de leyes anticorrupción, protección de la propiedad intelectual, acceso al mercado del etanol y protección de la deforestación ilegal”, entre otros.
Entre los productos afectados se destacan el acero, automotores, madera, azúcar, fertilizantes, productos farmacéuticos y minerales.
Exportaciones esenciales como carne bovina, piezas de aviones y café no serán afectados por la injustificada medida, aunque los aranceles impactarán en cerca del 18 por ciento de los envíos realizados desde Brasil hacia Estados Unidos.
El gobierno brasileño declaró que “no existe justificación para medidas unilaterales contra nuestro país”, pues según estadísticas del propio régimen norteamericano, Estados Unidos acumuló en los últimos 15 años un superávit de 424 mil 500 millones de dólares de bienes y servicios con Brasil.
Sintomáticamente, el secretario de Estado Marco Rubio, un siniestro personaje que está envuelto en todas las acciones que puedan afectar a los gobiernos progresistas de América Latina, anunció que Trump “ordenó a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) que se gravó con una tasa del 25 por ciento a buena parte de los productos importados desde Brasil porque Lula y su Gobierno no han negociado con Estados Unidos de buena fe”.
O sea, como insinuó Rubio: o te entregas económica y políticamente a los intereses de Washington o de lo contrario sufrirás las consecuencias.
El gobierno brasileño negó las acusaciones de prácticas comerciales injustas formuladas por Washington y activó respuestas inmediatas como dar un paquete de asistencia por 18 mil 500 millones de reales (uno tres mi 700 millones de dólares) en créditos a los exportadores que se verán perjudicados con los nuevos aranceles.
La ayuda se brindará mediante la expansión de un programa denominado Plan Brasil Soberano, que fue implementado el año pasado por el Gobierno tras una ronda previa de impuestos de Washington. De esa forma las compañías perjudicadas reciben seguros, garantías y créditos con subsidios.