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Nevaco Global
3 de noviembre de 2026

¿México se queda sin carne? Alza de precios y desabasto amenazan tu bolsillo

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México come carne más rápido de lo que logra producirla. El Consejo Mexicano de la Carne (CoMeCarne) alertó que el país es dependiente de la importación de res, pollo y cerdo para garantizar el consumo diario de las familias y negocios de alimentos; abasto que —en este momento— está en peligro porque los permisos para traer los cárnicos del extranjero vencen en diciembre y no han sido actualizados por la Secretaría de Economía.

CoMeCarne reportó que en los últimos cinco años la producción nacional de carne aumentó hasta 5%, pero las compras se dispararon hasta 9% en el caso particular del cerdo, brecha que obliga al país a complementar con importaciones una parte de la carne que llega al mercado mexicano.

En un informe especial, advirtió que las empresas del sector necesitan conocer con meses de anticipación las condiciones para importar porque deben negociar el abastecimiento, contratar embarques y organizar sus programas de producción antes de que terminen los cupos o permisos de importación vigentes.

Advirtió que no se trata solo de una exigencia meramente comercial, porque lo que está en juego termina en la mesa de los consumidores: si la producción mexicana no alcanza y el suministro externo llega tarde o resulta más costoso, aumenta el riesgo de menor disponibilidad y nuevos aumentos sobre el precio de la carne y los alimentos que utilizan estas proteínas.

Para que no quede duda sobre dichas advertencias, CoMeCarne precisó que entre 2020 y 2025 la producción de pollo creció a una tasa media anual de 2.1%, mientras que el consumo subió 3.1%; en cerdo, la diferencia fue de 5.1% contra 9% y, en res, de 2.1% frente a 3.7%. Evidenció que las tres proteínas cuentan la misma historia: México consume más rápido de lo que aumenta su capacidad para producir carne.

Refirió que, frente a tales cifras, es cuando entra la urgencia de renovar los cupos de importación de los cárnicos, debido a que los mecanismos que permiten importar carne de res y cerdo terminan el 31 de diciembre de 2026; en tanto que ese mismo mes también finaliza el esquema de arancel cero aplicado al pollo.

El consejo explicó que traer carne desde países como Brasil, Argentina o Chile —para garantizar el abasto del producto— requiere entre 30 y 50 días para programar un embarque y otros 18 a 35 días de traslado marítimo. En el escenario más largo, el producto puede tardar hasta 85 días en llegar a México; incluso desde Estados Unidos y Canadá se necesitan entre 14 y 22 días entre programación y transporte.

Insistió en que los nuevos mecanismos deben quedar definidos antes de terminar 2026 para que las empresas comprometan compras y aseguren el suministro del próximo año. Con importaciones que pueden requerir casi tres meses, cada semana sin reglas para 2027 reduce la capacidad de reaccionar ante un faltante.

CoMeCarne advirtió que el problema golpea directamente a los consumidores: sin nuevos cupos de importación, México tendrá menos margen para cubrir un consumo de cerdo que se disparó 13% durante 2025, el mayor aumento entre las principales proteínas, así como el crecimiento de 3.3% en pollo y 4.3% en res.

En la misma línea, reportó que entre enero y agosto de 2026 los mexicanos consumieron 3% más pollo y 2.9% más cerdo que en el mismo periodo del año anterior, mientras la res cayó 2.5%. El crecimiento, por lo tanto, no terminó en 2025: dos de las tres proteínas siguen necesitando más producto mientras México intenta cerrar la brecha con importaciones.

Mientras que para el próximo año, el consejo estimó que el consumo cárnico nacional crecerá 3.5% y advirtió que ese avance puede coincidir con una recuperación de las exportaciones mexicanas y una oferta internacional limitada, elementos que complican más el panorama.

Ernesto Salazar, gerente de Estudios Económicos de CoMeCarne, explicó que las importaciones permiten responder cuando crece el consumo o la producción nacional resulta insuficiente y reducen los costos para acceder a proveedores externos. Si esos mecanismos no se renuevan a tiempo, el riesgo para el consumidor es directo: menos carne disponible y mayor presión sobre el precio que termina pagando en el supermercado, carnicerías y mercados.

En conjunto, México consumió 11 millones 271 mil toneladas de estas tres proteínasdurante un solo año.

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