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A treinta y cinco años del Tratado de Asunción, la supervivencia del Mercosur constituye un resultado destacable en sí mismo, aunque insuficiente. Compartir reglas comerciales no bastó para acercar las trayectorias de ingreso y producción de sus socios. Al mismo tiempo que el bloque discute la renovación del FOCEM, el fondo creado para reducir asimetrías entre sus miembros, comienza una nueva etapa en su relación comercial con la Unión Europea.
En este marco surge la pregunta: ¿qué significa que una integración sea exitosa cuando la convergencia que da nombre a su principal instrumento redistributivo no llegó a producirse? La integración suele evaluarse por el comercio intrarregional, la continuidad institucional o la capacidad para evitar rupturas. Esas dimensiones dicen poco sobre otra aspiración histórica del regionalismo: reducir asimetrías y favorecer una transformación productiva compartida.
Desde la conformación del Mercosur, todos los miembros crecieron, aunque sus trayectorias fueron dispares. La distancia en producto por habitante entre los cuatro socios es hoy mayor que al inicio del bloque. La divergencia se concentró en la primera década, coincidente con la etapa de mayor peso del comercio intrarregional en las exportaciones. Desde entonces, la participación del comercio intrabloque perdió peso en las ventas externas de los cuatro socios.
Argentina y Brasil, que explican alrededor del 96% del producto y de la población del bloque, mantuvieron casi inalterada su relación de producto por habitante, mientras que Paraguay recortó levemente la distancia con ambas economías. El alejamiento corresponde principalmente a Uruguay, que partía prácticamente empatado con Argentina en el primer lugar y amplió su ventaja: creció un 129% entre 1990 y 2024, frente a entre 56% y 64% para los otros socios.
La falta de convergencia no se produjo como un alejamiento general y sostenido durante treinta y cinco años. Fue un episodio concentrado principalmente en los años noventa y protagonizado por un socio, mientras el núcleo argentino-brasileño permaneció estable en el tiempo. La integración comercial, por sí sola, no alcanzó para converger.
Las estructuras productivas también cambiaron en sentidos opuestos. Paraguay fue el único socio donde la manufactura ganó participación en el PIB, al aumentar 5.1 puntos porcentuales entre el promedio de 1989-1991, en torno a la firma del Tratado, y el de 2022-2024. En Argentina, Brasil y Uruguay perdió peso.
El cuadro cambia al observar las manufacturas exportadas. Entre 2020 y 2024, más de la mitad de las exportaciones manufactureras de Argentina, Paraguay y Uruguay tuvieron como destino el bloque. Para Brasil, la proporción fue mucho menor, cercana al 20%. Sin embargo, el mercado regional absorbió apenas el 6% de sus ventas totales y la canasta enviada a sus socios fue considerablemente más industrial que la destinada fuera del Mercosur.
Esa es la paradoja. El Mercosur sostuvo un espacio valioso para ciertas manufacturas, pero esa función no alcanzó para generar convergencia en indicadores como el producto por habitante ni en las capacidades productivas.
El Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur, o FOCEM, financia proyectos de infraestructura, competitividad y desarrollo social destinados a reducir asimetrías. Su primera etapa fue diseñada sobre aportes anuales por 100 millones de dólares. Tomando la población de 2024 de los cuatro socios fundadores, esa suma equivale a menos de 40 centavos anuales por habitante.
Con los recursos de esa primera etapa acercándose a su agotamiento, el bloque negocia su relanzamiento mediante una segunda etapa. En octubre de 2025, Brasil presentó un anteproyecto que reducía el fondo a un tercio de su escala original y modificaba la distribución de aportes y beneficios entre los socios. La propuesta asignaba a Brasil el 57.1% de las contribuciones, frente al 70% previsto para este país en la etapa original, lo que habría situado su aporte en alrededor de 17 millones de dólares anuales.
La propuesta encontró una fuerte resistencia de Paraguay y Uruguay. Ambos cuestionaron el recorte y Paraguay llegó a rechazar públicamente un fondo de ese tamaño. Frente a esa oposición, Brasil cambió su estrategia: en junio anunció que estaba dispuesto a aportar por sí solo 100 millones de dólares anuales durante diez años y dejó para una negociación posterior el reparto de contribuciones y beneficios entre los miembros.
En ocho meses, Brasil pasó de un aporte implícito de alrededor de 17 millones de dólares a una oferta de 100 millones anuales. Más que una variación del instrumento en sí, el recorrido muestra cuánto depende todavía su relanzamiento de la negociación política entre los socios.
La aplicación provisional del Acuerdo Interino de Comercio con la Unión Europea agrega ahora una nueva dimensión. Desde el 1 de mayo de 2026 comenzaron a aplicarse sus disposiciones comerciales y las primeras reducciones arancelarias. La apertura externa, por lo tanto, dejó de ser una posibilidad futura.
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Aseveró que el máximo tribunal “le está costando a Estados Unidos billones de dólares con fallos terriblemente malos”.
En el marco de la Asamblea Extraordinaria de Accionistas de Ecopetrol, el presidente de la Unión Sindical Obrera (USO), Martín Ravelo, anunció su respaldo a la reforma del artículo 20 de los estatutos de la compañía propuesta por el Ministerio de Hacienda, así como al desarrollo de pilotos de yacimientos no convencionales para fortalecer la soberanía energética del país. Relacionado: Ecopetrol se juega su gobernanza: arranca asamblea extraordinaria para renovar su junta directiva Ravelo señaló que la modificación estatutaria permitiría renovar el gobierno corporativo de Ecopetrol, al eliminar la obligación de mantener tres integrantes de la junta directiva anterior. Durante su intervención en la Asamblea, el presidente de la USO advirtió sobre la dependencia del país de las importaciones de combustibles y gas, y planteó la necesidad de impulsar nuevos proyectos para fortalecer el negocio de hidrocarburos de Ecopetrol. “Hoy el país importa más del 30% del gas esencial que consumimos los colombianos, estamos importando más del 40% de la gasolina que consumimos en el país y la refinería de Barrancabermeja está importando más del 5% de los crudos livianos que requiere para balancear su dieta”, señaló Ravelo. Vea aquí: Robledo alerta por rumbo de Ecopetrol con De la Espriella: “No es raro que la vuelvan transnacional” Ante este escenario, sostuvo que se deben implementar políticas orientadas a la ejecución de proyectos que fortalezcan el negocio original de la compañía. Entre las iniciativas mencionó la incorporación de tecnología de punta para el recobro mejorado en campos maduros, la firma de nuevos contratos de exploración y el desarrollo de pilotos de fracking en el Magdalena Medio. Ravelo defendió particularmente el desarrollo de los pilotos de yacimientos no convencionales (fracking) y planteó que sus resultados permitirían evaluar el potencial de estos recursos para atender las necesidades energéticas del país. Lea también: ¿Quién es Camilo Barco, presidente encargado de Ecopetrol tras la renuncia de Juan Carlos Hurtado? “Si esos pilotos son positivos y arrojan buenos resultados, podrían significar la superación de la crisis en materia de suministro de gas y representarían la ampliación de la capacidad refinadora de Barrancabermeja, que ya se encuentra a tope”, afirmó. Para el dirigente sindical, avanzar en estas iniciativas permitiría reducir la dependencia de las importaciones y fortalecer la soberanía energética del país. Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí .