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Nevaco Global
1 de agosto de 2026

“Cuba no está y nunca estará sola”: Editorial del diario del Partido Comunista de Uruguay

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El domingo se cumplieron 73 años del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes con los que el pueblo cubano retomó la lucha inconclusa por su independencia encabezada por José Martí.

Se realizaron actividades y homenajes en Cuba y en buena parte del mundo. En Uruguay se hicieron pintadas, se colocaron pasacalles, en todos los departamentos del país y hubo varias actividades, la central fue en el Teatro El Galpón, en Montevideo, que fue desbordado por la presencia solidaria de cientos de personas.

Es que el impacto del asalto al Moncada en la historia de Cuba y de América Latina es de tal magnitud, simbólica y práctica, política y ética, que merece, como se lo hemos intentado dar, notas, editoriales, reflexiones y sobre todo, compromiso.

El 26 de Julio, que en Cuba con justicia es el Día de la Rebeldía Nacional, es una fecha de enorme contenido histórico, de gran vigencia en el presente de la isla, de nuestro continente y del mundo y, por sobre todo, de proyección hacia el futuro.

Es un día de homenaje y de expresar, con firmeza, solidaridad con Cuba, con su pueblo y con su revolución.

Del ejemplo de esa generación de jóvenes revolucionarios encabezados por Fidel, Raúl, Abel Santamaría, Juan Almeida y las inolvidables Haydee Santamaría y Melba Hernández, se pueden y se deben rescatar varias cosas. La decisión de lucha, sin la cual la tarea de la emancipación social queda reducida a una aspiración justa. La necesidad de la organización y la acción política, de la vanguardia. El valor de la unidad, única posibilidad y garantía del triunfo y de la construcción de una sociedad nueva. El pueblo como protagonista, como sujeto de las revoluciones y las transformaciones sociales. El valor del programa, asumido como propio por el pueblo, como ruta de las transformaciones, medida de los avances y de lo que falta.

Todo eso sigue enseñando el Moncada, 73 años después. En el juicio que siguió a la captura, tortura y asesinato de un importante número de los asaltantes al Moncada, Fidel pronunció su histórico alegato: “La historia me absolverá”. En él planteó un programa, que sintetizó una perspectiva por la que luchar. El programa del Moncada, compromiso asumido con el pueblo cubano, fue cumplido punto por punto por la Revolución. La reforma agraria, la reforma urbana, la alfabetización y la educación para todos, el acceso a la salud, la libertad y la soberanía, fueron construidas a pulso, enfrentado agresiones, invasiones, actos terroristas, un bloqueo genocida de más de 60 años. El avance inmenso que implicó la realización práctica del programa del Moncada alumbró una sociedad nueva. La Revolución cubana se ha caracterizado por un profundo humanismo y por tener a la solidaridad como ética y como práctica cotidiana.

La construcción de esa sociedad nueva, el desarrollo del socialismo en un país pobre, agredido y asediado no estuvo, ni está, exenta de errores, ni alumbró nada parecido a la perfección. Ningún proceso histórico de transformación social fue ni será perfecto, ni se ajustó ni se ajustará a las previsiones teóricas previas. Rodney Arismendi definió con razón a la revolución cubana como “un escándalo teórico”. Todas las revoluciones verdaderas lo son.

Quienes defendemos a Cuba, el derecho de su pueblo a la soberanía y la autodeterminación, lo que incluye la elección del sistema social y político que se quiera construir, no lo hacemos desde la exigencia de un modelo perfecto, sino desde la convicción de que Cuba y su pueblo se han ganado el derecho a elegir soberanamente su destino y a vivir y construir en paz.

Este aniversario del Moncada encuentra a Cuba en una situación muy difícil. El imperialismo yanqui siempre ha tenido a Cuba como enemiga y siempre ha buscado ponerla de rodillas y hacerle pagar caro la osadía de su rebeldía, de su ejercicio de soberanía.

Pero este no es un año cualquiera, EEUU, el régimen de Donald Trump, que representa una oligarquía que ejerce el poder en una potencia imperialista en declive relativo, lo que aumenta su agresividad, ha incrementado a niveles inéditos el asedio contra Cuba.

A los efectos del brutal bloqueo que lleva más de 60 años, nunca un pueblo ha sido sometido por tanto tiempo a una medida así, le han agregado el bloqueo petrolero y la provocación permanente. Cuba es una obsesión para el fascista de Marco Rubio y sus halcones.

Al bloqueo petrolero, total, que busca rendir por desesperación y hambre al pueblo cubano, hay que agregar el planteo explícito de poner de rodillas a la revolución. El régimen de Trump se lo ha planteado como objetivo, tanto en la Doctrina de Seguridad Nacional publicada a finales del año pasado, que reivindica a texto expreso la Doctrina Monroe que considera a nuestro continente como su propiedad; en la Estrategia de Defensa Nacional publicada poco después; en el impresentable Escudo de las Américas; y, más recientemente, en la cumbre que tuvo un nombre que es toda una declaración de principios “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, realizada el 16 de julio en Washington, con el objetivo de unificar estrategias contra lo que denominaron “redes de extrema izquierda”. En esta última cumbre se acusó a Cuba de financiar y organizar “redes terroristas” en todo el continente e incluso en EEUU.

Por supuesto que no es solo contra Cuba, porque estas acusaciones mentirosas del imperialismo yanqui son contra todos los pueblos y contra todas las luchas de liberación y de resistencia de nuestro continente. Así como el Escudo de las Américas no busca combatir el narcotráfico, sino aumentar la presencia militar yanqui en nuestros países y el control sobre nuestros recursos naturales; esta cumbre última no busca ni la paz, ni la democracia, ni el combate el terrorismo, busca volver a colocar como enemigo a la lucha política y social y justificar la persecución, la proscripción, la cárcel y el asesinato de todas y todos quienes se rebelen contra la dominación imperialista y defiendan la libertad y la soberanía de nuestros pueblos. Y lo hacen, como siempre, enarbolando el trapo sucio y ensangrentado del anticomunismo.

EEUU ha sido y es el principal promotor del terrorismo en nuestro continente y de su versión más letal y brutal: el terrorismo de Estado. EEUU promovió la formación de escuadrones de la muerte, apoyó y entrenó grupos paramilitares de derecha en todos nuestros países, protagonizó y/o apoyó en 200 años más de 140 agresiones, intervenciones, invasiones y golpes de Estado. Promovió las dictaduras fascistas que asolaron nuestro continente con cientos de miles de muertos, desaparecidos, presos y torturados. Entrenó en la Escuela de las Américas a miles de cuadros militares y policiales en la Doctrina de la Seguridad Nacional y en tácticas de contrainsurgencia, es decir tortura, asesinato y represión.

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