Mientras el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo consolida un modelo de control político en el que la oposición ha sido prácticamente desaparecida y los espacios de participación ciudadana han sido reducidos, Costa Rica y el resto de Centroamérica enfrentan una dificultad práctica: Nicaragua continúa siendo una pieza indispensable para la movilidad comercial de la región.
“Somos altamente sensibles a lo que pasa en Nicaragua y altamente vulnerables porque no tenemos capacidad de cambio”, explicó Carlos Humberto Cascante, investigador y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional (UNA).da
A su criterio, la región tiene limitaciones históricas e institucionales para responder, porque los mecanismos regionales no están diseñados para enfrentar el deterioro democrático de uno de sus integrantes.
“Nosotros como países centroamericanos no tenemos las herramientas históricas ni políticas para solventar una situación de este tipo. De ahí es que el cálculo es económico y todo el mundo calcula económicamente la situación, y es que Nicaragua está en el centro”, explicó.
Cascante cuestionó incluso la capacidad de los propios gobiernos centroamericanos para liderar una presión democrática contra Managua, debido a que varios países de la región atraviesan sus propios cuestionamientos institucionales.
“No le veo sinceramente a Costa Rica o al resto de países centroamericanos la capacidad de establecer (una respuesta), primero porque la mayoría de países no son democráticos en este momento, o sea, no tienen una característica de país democrático, respetuoso de derechos humanos”, señaló. El investigador puso como ejemplo la situación de países como El Salvador y Honduras.
Duayner Salas, exviceministro de Comercio Exterior y exjefe de gabinete del secretario general de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), explicó que históricamente Centroamérica ha mantenido una relación pragmática: las tensiones políticas no necesariamente se traducen en rupturas comerciales.
“Cuando teníamos las broncas con Nicaragua, el comercio no se detenía y eso es un enfoque muy pragmático que históricamente ha tenido la región centroamericana”, señaló.
Nicaragua mantiene un papel central dentro del sistema de integración económica regional y continúa participando en decisiones relacionadas con facilitación comercial y políticas de integración. La razón principal es geográfica: Nicaragua es el territorio que conecta comercialmente al norte y al sur de Centroamérica.
Para Costa Rica, Centroamérica es su tercer socio comercial. En 2025, las exportaciones de bienes hacia la región alcanzaron los $3.264,6 millones, equivalentes al 14,4% del total exportado por el país, según datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer).
Salas explicó que incluso en momentos de fuertes tensiones diplomáticas, la lógica económica ha terminado imponiéndose. Uno de los ejemplos es el comercio terrestre: aunque en distintos momentos se han planteado alternativas para reducir la dependencia del paso por Nicaragua, como el ferry de carga entre El Salvador y Costa Rica, estas opciones no han logrado sustituir la ruta terrestre por sus costos.
“El sector privado siempre va a preferir la alternativa menos costosa, que siempre va a ser el transporte terrestre si no hay un bloqueo”, indicó.
Por eso, considera poco probable que una disputa política derive automáticamente en una ruptura económica regional.
“No visualizo que vaya a tener una repercusión en términos del flujo comercial y del intercambio que la región tiene, ni tampoco de la relación de Nicaragua con el subsistema económico”, señaló.
Una situación distinta podría presentarse si a lo interno de Nicaragua la situación llega a desestablizarse, como sucedió en 2018