La relación entre Estados Unidos y Canadá atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión en años. Lo que comenzó con amenazas arancelarias terminó por convertirse en un nuevo choque comercial entre dos socios históricamente estrechos.
Pero, ¿cómo llegaron ambos países hasta este punto y qué ocurrió para que las negociaciones no lograran evitar una nueva escalada?
La tensión actual entre Estados Unidos y Canadá no surgió de un día para otro, ya que durante el segundo mandato de Donald Trump, la relación entre ambos países comenzó a deteriorarse a partir de una serie de disputas comerciales, amenazas arancelarias y desencuentros políticos que fueron acumulándose con el paso de los meses.
Uno de los primeros episodios ocurrió en enero de 2025, cuando Trump anunció que planeaba imponer un arancel de 25 por ciento a las importaciones provenientes de Canadá. Washington justificó entonces la medida con argumentos relacionados con la migración irregular y el tráfico de drogas, mientras el entonces Primer Ministro Justin Trudeau advirtió que Ottawa respondería.
Aunque la entrada en vigor de los aranceles fue aplazada y posteriormente se establecieron algunas excepciones, la tensión no desapareció. En marzo de ese año, Canadá comenzó a aplicar sus propias medidas de represalia, mientras Estados Unidos mantenía otros gravámenes sobre sectores como el acero y el aluminio.
Las diferencias también alcanzaron las negociaciones comerciales. En octubre de 2025, el gobierno de Mark Carney planteó la necesidad de reducir la dependencia económica de Estados Unidos y aumentar las exportaciones hacia otros mercados, después de meses marcados por las amenazas arancelarias de Washington. Poco después, Trump volvió a suspender las conversaciones comerciales con Canadá tras molestarse por una campaña publicitaria de Ontario contra sus aranceles.
La relación continuó deteriorándose durante los primeros meses de 2026. Trump llegó a cuestionar la renovación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y amenazó con nuevos aranceles si Canadá profundizaba algunos de sus vínculos comerciales con China. Al mismo tiempo, Carney sostuvo que Canadá no permitiría que Estados Unidos dictara las condiciones de la revisión del acuerdo comercial.
Para entonces, la disputa ya no se limitaba a los aranceles. Las amenazas de Trump de convertir a Canadá en el “estado 51” también habían añadido una dimensión política a una relación que durante décadas estuvo marcada por una estrecha integración económica. En ese contexto llegaron las nuevas medidas de 2026 y las negociaciones que precedieron a la actual escalada.
La nueva etapa de tensión entre ambas naciones comenzó cuando el gobierno de Donald Trump decidió elevar la presión comercial sobre Canadá el pasado 20 de julio de 2026, fecha en que Estados Unidos anunció aranceles adicionales de 50 por ciento sobre determinadas importaciones canadienses, con el argumento de que Ottawa mantenía medidas que, desde la perspectiva de Washington, discriminaban contra productos estadounidenses.
La medida se apoyó en la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que permite al Presidente estadounidense imponer gravámenes de hasta 50 por ciento cuando considera que otro país aplica prácticas desiguales o discriminatorias contra el comercio de Estados Unidos. En este caso, Washington señaló medidas canadienses relacionadas con productos como vehículos, bebidas alcohólicas y lácteos.
Después, el gobierno estadounidense amplió la aplicación de los aranceles y estableció que un 50 por ciento de impuesto alcanzaría a productos canadienses por un valor de 27.6 mil millones de dólares, con entrada en vigor el 22 de agosto. Con ello, la presión comercial dejó de ser solamente una advertencia y pasó a convertirse en una medida efectiva.
Desde Washington, la administración de Trump presentó estas acciones como una respuesta a lo que considera un trato desigual para las exportaciones estadounidenses. Sin embargo, la decisión abrió una nueva disputa con uno de sus principales socios comerciales y preparó el terreno para la respuesta de Ottawa y para que se diera pie al inicio de un conflicto comercial.
Después de las tarifas que impuso Estados Unidos, ambos gobiernos buscaban alcanzar un acuerdo que redujera las tensiones comerciales y diera mayor certidumbre a empresas y trabajadores, mientras Estados Unidos presionaba para que Ottawa modificara algunas de sus políticas comerciales.
A finales de agosto, Trump había suspendido temporalmente las tarifas para su vecino del norte porque declaró que ambas partes estaban cerca de firmar un acuerdo comercial que era “muy bueno” para ambos países.
Sin embargo, al final todo dio un revés, ya que minutos antes de que finalizara el plazo para llegar a un acuerdo comercial, el Primer Ministro canadiense reveló que si bien se habían logrado “avances importantes” en las conversaciones, “no eran suficientes para cumplir nuestros objetivos para los canadienses”.