Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán atraviesan uno de sus momentos más complejos desde el inicio de la guerra regional desatada a finales de febrero. En medio de la presión sobre el mercado energético global, el riesgo de nuevas interrupciones en el estrecho de Ormuz y las crecientes tensiones militares en Oriente Próximo, Washington ha enviado un mensaje inequívoco: no habrá alivio económico para Teherán si antes no hay concesiones sustanciales sobre su programa nuclear.
La postura fue expresada con claridad por el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, durante su comparecencia ante el Senado. “No, eso no se ha discutido. No lo hemos ofrecido”, respondió cuando se le preguntó si Estados Unidos contemplaba levantar sanciones a cambio de la reapertura completa del estrecho de Ormuz o como incentivo para mantener abiertas las conversaciones.
La posición estadounidense representa un rechazo directo a una de las principales exigencias iraníes. Teherán aspira a un acuerdo interino que permita recuperar miles de millones de dólares procedentes de exportaciones energéticas y aliviar la presión económica derivada de las sanciones, especialmente ahora que el conflicto militar ha incrementado los costes internos y el aislamiento financiero.
Rubio insistió varias veces en que Washington mantiene una línea roja muy concreta. “Irán está sancionado porque ha enriquecido uranio a niveles elevados. Está sancionado debido a sus actividades nucleares. Si acepta renunciar a ellas, habrá un alivio de las sanciones asociado a ese compromiso y a su cumplimiento”.
Esa declaración ayuda a entender cómo se encuentran realmente las negociaciones: no están rotas, pero tampoco avanzan sobre la base que reclama Irán. La administración estadounidense intenta separar dos asuntos que Teherán busca vincular: por un lado, la reapertura estable del estrecho de Ormuz y la reducción de tensiones militares; por otro, la flexibilización económica. Washington acepta discutir el primero, pero condiciona completamente el segundo.
El estrecho de Ormuz se ha convertido en una pieza central de la negociación porque por esa vía marítima circula aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas comercializado globalmente. La reducción del tráfico marítimo y la incertidumbre sobre posibles cierres parciales han elevado la presión sobre mercados energéticos, gobiernos occidentales y consumidores. Esto explica por qué la Casa Blanca quiere estabilidad en la zona, aunque sin pagar el precio político que supondría levantar sanciones sin avances nucleares verificables.
Sin embargo, Rubio dejó entrever que existen movimientos inéditos en la negociación. Según explicó, por primera vez Irán habría aceptado discutir elementos específicos de su programa nuclear, un cambio relevante respecto a la posición mantenida hace apenas unas semanas. “Tenemos la esperanza de que se reabran las vías de diálogo y entremos en un periodo de negociaciones sobre temas muy específicos, con un marco bien delimitado, con la esperanza de alcanzar un resultado aceptable para nosotros y que ellos también puedan asumir”.
La dificultad, según la versión estadounidense, radica en la estructura interna iraní. Rubio describió un liderazgo dividido y lento para responder. El secretario de Estado sostuvo que los borradores enviados mediante intermediarios paquistaníes tardan días en recibir contestación debido a las fracturas internas del régimen.
Otro elemento que añade incertidumbre es la figura del nuevo líder supremo iraní. Rubio aseguró que Mojtaba Jameneí, sucesor de su padre tras el inicio de la guerra, estaría vivo y participando cada vez más activamente en las conversaciones indirectas. “No lo hemos visto en público y me imagino que, dado lo que les ha ocurrido a varios dirigentes del régimen, ser muy visibles públicamente probablemente no es algo que se les recomiende a nivel interno”. Y añadió: “Dicho esto, creo que hay indicios de que él está cada vez más implicado, de alguna manera, en todas las comunicaciones, tanto en los textos como a través de intermediarios”.
President Trump's negotiating team has not offered Iran sanctions relief to reopen the Strait of Hormuz, insisting any sanctions relief would be contingent on Tehran abandoning its nuclear program, said US Secretary of State Marco Rubio https://t.co/QNIfobUV0i pic.twitter.com/lBjfleaxrw
Pese a esas señales, la distancia entre las partes sigue siendo considerable. Irán suspendió oficialmente las conversaciones tras los ataques israelíes sobre el Líbano y continúa vinculando cualquier acuerdo regional a un alto el fuego más amplio. Estados Unidos, por su parte, mantiene nuevas sanciones activas mientras negocia, una estrategia que busca aumentar presión sin cerrar del todo la puerta diplomática.
La posición de la Casa Blanca también está condicionada por factores internos. La guerra comienza a generar desgaste político. Algunos republicanos cuestionan los costes económicos del conflicto, el aumento del gasto militar y el impacto sobre los precios energéticos. Las recientes votaciones en el Congreso reflejan que la unidad inicial alrededor de la ofensiva contra Irán empieza a mostrar fisuras.
Donald Trump insiste en que la guerra habrá merecido la pena si impide que Irán obtenga armamento nuclear y continúa defendiendo que un acuerdo está próximo. Pero las negociaciones actuales muestran una paradoja evidente: ambas partes necesitan avances rápidos, aunque ninguna parece dispuesta a hacer primero las concesiones fundamentales.
Por ahora, el mensaje estadounidense es inequívoco. La reapertura de Ormuz puede ser una prioridad estratégica global, pero Washington no está dispuesto a convertirla en moneda de cambio directa para levantar sanciones. Eso deja las conversaciones abiertas, aunque atrapadas en un equilibrio frágil entre presión militar, diplomacia indirecta y cálculos políticos internos específicos. @mundiario