Trump dijo que dejará de comerciar con algunos países si la Fed no baja su tasa
A pesar de las exigencias de Donald Trump, la atención se ha centrado ahora en un posible en un aumento de las tasas de interés.
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La reciente declaración del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, evidenció un giro drástico en la postura de la administración de Donald Trump frente a Teherán. Tras siete meses de conflicto armado bilateral e intentos fallidos por revivir una tregua colapsada, Washington reconoció formalmente que las posibilidades de alcanzar el pacto nuclear que el presidente estadounidense buscaba originalmente son cada vez más remotas.
"Quizá no haya un acuerdo nuclear. Podría tratarse simplemente de destruir sus capacidades para lograrlo", sentenció Wright en una entrevista concedida al programa This Week de ABC News. El funcionario de la Casa Blanca sugirió además que, bajo las condiciones actuales, un entendimiento diplomático definitivo no ocurrirá pronto y tendría que postergarse hasta "la próxima administración en Irán".
Las palabras de Wright coinciden con un repunte de las hostilidades en el Oriente Próximo. Apenas un día antes de la entrevista, el Comando Central de EE UU (CENTCOM) bombardeó tres buques cisterna iraníes tras un intento de ataque con misiles contra buques de guerra de la Armada estadounidense.
Este recrudecimiento militar avanza en paralelo con la estrategia bautizada por el Departamento del Tesoro como "Operación Marginado Económico", un bloqueo total reimpuesto a los puertos iraníes para asfixiar su comercio de crudo. Con este nuevo enfoque, la diplomacia pasa a un segundo plano: si Teherán no cede ante la máxima presión económica, la estrategia estadounidense se centrará en la degradación física y militar de la infraestructura atómica iraní mediante el uso de la fuerza.
La importancia de esas palabras no está únicamente en su dureza. Revelan que Washington empieza a contemplar dos caminos diferentes para alcanzar el mismo objetivo declarado: impedir que Irán pueda desarrollar un arma nuclear. Uno sería diplomático, mediante un acuerdo verificable; el otro, militar y económico, mediante la destrucción o degradación de las capacidades iraníes y la presión sobre su economía.
Un pacto permitiría establecer límites, mecanismos de inspección, compromisos recíprocos y algún tipo de alivio de sanciones. La alternativa que plantea Wright deja el problema abierto en el tiempo y convierte la capacidad militar estadounidense para impedir la reconstrucción del programa nuclear iraní en el principal mecanismo de contención.
El propio funcionario insistió en que Estados Unidos está degradando la capacidad de Irán para desarrollar y eventualmente utilizar armas nucleares. El Gobierno de Donald Trump sostiene que los ataques han golpeado seriamente las infraestructuras nucleares y militares iraníes. Sin embargo, que una instalación haya sido destruida o dañada no equivale automáticamente a resolver el problema nuclear: también están en juego el material enriquecido, el conocimiento científico, las instalaciones supervivientes y la capacidad de reconstrucción.
Precisamente ahí aparece uno de los principales obstáculos. Reuters informó esta semana de que Irán sigue sin permitir el regreso completo de los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica a las instalaciones atacadas ni verificar qué ha ocurrido con sus reservas de uranio enriquecido, parte de ellas enriquecidas hasta el 60%. Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania pretenden que el OIEA impulse una nueva presión internacional sobre Teherán.
La vía diplomática tampoco ha desaparecido. El problema es que el acuerdo provisional alcanzado en junio se ha deteriorado hasta quedar prácticamente bloqueado.
El llamado Memorando de Entendimiento de Islamabad contemplaba el cese de las operaciones militares, la apertura del estrecho de Ormuz, una negociación de hasta 60 días para alcanzar un acuerdo definitivo y compromisos sobre el programa nuclear iraní. También preveía la discusión sobre el destino del uranio enriquecido, el levantamiento progresivo de sanciones y garantías para la navegación comercial.
Pero los dos gobiernos acabaron acusándose mutuamente de incumplir sus compromisos. Uno de los puntos más conflictivos fue precisamente Ormuz. Irán sostiene que el acuerdo le reconoce un papel esencial en la administración del estrecho; Washington insiste en la necesidad de garantizar la libre navegación comercial. Reuters ya advertía en julio de que esa interpretación enfrentada estaba erosionando el memorando.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, todavía defendía el 1 de septiembre la posibilidad de reactivar el entendimiento. Afirmó que Teherán estaba dispuesto a corresponder inmediatamente si Estados Unidos regresaba al cumplimiento de sus compromisos. También vinculó la libertad de navegación por Ormuz a la aplicación del acuerdo.
El problema es que, mientras la diplomacia intenta reconstruir aquel marco, los misiles han vuelto a ocupar el centro de la relación.
Energy Secretary Chris Wright says “there may not be a nuclear agreement” during the Trump administration.
“An agreement may await the next administration in Iran. We simply don't know that.”https://t.co/FM0lal4JT0 pic.twitter.com/SOg9coaKDH
La última escalada se produjo después de que la Guardia Revolucionaria iraní lanzara misiles contra dos buques de la Armada estadounidense. Washington respondió atacando tres petroleros iraníes, según el Mando Central de Estados Unidos. Teherán, por su parte, afirmó posteriormente haber atacado embarcaciones estadounidenses y petroleros que consideraba fuera de las rutas autorizadas, aunque algunas de esas afirmaciones no han sido confirmadas por Estados Unidos.
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A pesar de las exigencias de Donald Trump, la atención se ha centrado ahora en un posible en un aumento de las tasas de interés.
La guerra en Oriente Medio lleva meses provocando una sacudida en los mercados internacionales energéticos, con problemas de suministro generados por el cierre intermitente del estrecho de Ormuz -vía principal del comercio global de petróleo y gas- y con los precios al alza al calor de los picos de tensión en la escalada bélica entre Estados Unidos e Irán.