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Nevaco Global
12 de julio de 2026

Por qué la economía ha sobrevivido a las crisis impulsadas por Donald Trump

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Durante los últimos años, la economía mundial ha afrontado una sucesión de acontecimientos que, en circunstancias normales, habrían desembocado en una profunda recesión. La invasión rusa de Ucrania disparó los costes de la energía cuando todavía se intentaban superar los efectos de la pandemia.

Poco después, la vuelta de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos reavivó el proteccionismo mediante una nueva batería de aranceles, mientras que la escalada militar entre Israel e Irán volvió a poner en jaque el suministro mundial de petróleo con el cierre temporal del estrecho de Ormuz.

Aun así, el escenario más temido nunca terminó de materializarse. Lejos de hundirse, la actividad económica global mantiene un crecimiento cercano al 3%, una cifra que supera incluso la media registrada durante la última década.

Este comportamiento ha llevado a economistas e instituciones internacionales a utilizar un concepto que cada vez aparece con más frecuencia en sus informes: la resiliencia. La capacidad de adaptación de empresas, consumidores y gobiernos ha permitido absorber impactos que, hace apenas unos años, habrían provocado una caída mucho más intensa de la producción y del empleo.

Los datos también muestran que el actual ciclo expansivo, iniciado tras la pandemia, continúa prolongándose pese a convivir con un contexto internacional especialmente volátil.

Los especialistas coinciden en que esta fortaleza responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. Uno de los principales motores ha sido el fuerte aumento de la inversión en innovación tecnológica, especialmente en inteligencia artificial, centros de datos e infraestructuras digitales.

Estados Unidos lidera buena parte de este impulso gracias al elevado gasto de las grandes compañías tecnológicas, mientras Asia continúa consolidándose como el principal foco de crecimiento económico mundial. China, India y el sudeste asiático siguen aumentando su peso en la economía internacional, compensando parcialmente la desaceleración de otras regiones.

A ello se suma una actuación distinta por parte de gobiernos y bancos centrales respecto a crisis anteriores. Tras la pandemia, las políticas fiscales expansivas ayudaron a sostener el consumo y evitaron un desplome de la demanda. Al mismo tiempo, las autoridades monetarias han tratado de controlar la inflación sin provocar un frenazo excesivo de la actividad económica.

Otro elemento destacado es la mejora de la productividad registrada desde el final de la pandemia, incluso antes de que la inteligencia artificial comenzara a mostrar todo su potencial económico. Si esa tendencia continúa, podría convertirse en uno de los pilares del crecimiento durante los próximos años.

Además, los mercados financieros han mantenido un elevado nivel de confianza, favoreciendo la inversión empresarial y generando un efecto riqueza que ha sostenido el gasto de hogares y empresas incluso en momentos de elevada incertidumbre.

Pese al optimismo moderado que reflejan muchos indicadores, los expertos advierten de que la situación sigue siendo frágil. Los conflictos geopolíticos mantienen una enorme capacidad para alterar los mercados energéticos y las cadenas de suministro mundiales.

Europa continúa siendo especialmente vulnerable por su dependencia energética exterior, mientras numerosos países en desarrollo afrontan problemas adicionales derivados del encarecimiento de materias primas esenciales y de fertilizantes, factores que pueden afectar tanto a la producción agrícola como a la seguridad alimentaria.

Las políticas comerciales de Estados Unidos representan otro foco de incertidumbre. La continuidad de los aranceles y nuevas medidas proteccionistas podría terminar reduciendo el comercio internacional y aumentando las presiones inflacionistas, limitando el crecimiento de numerosas economías.

También existe preocupación por el margen de actuación de los bancos centrales. Aunque la inflación se ha moderado respecto a los máximos alcanzados tras la pandemia, cualquier decisión precipitada sobre los tipos de interés podría frenar la inversión y el consumo.

El Fondo Monetario Internacional mantiene una visión relativamente favorable para el medio plazo y espera una ligera aceleración del crecimiento mundial en 2027 gracias al impulso tecnológico y a la expansión de nuevos sectores vinculados a la inteligencia artificial.

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