Bloomberg Television dedica su programa Balance of Power al desplome del mercado de bonos, mientras Trump promete el final de la guerra con Irán sin fecha concreta y la Casa Blanca se prepara para recibir a los líderes de la IA.
El mercado de bonos se ha convertido en el principal adversario político de Donald Trump. Lo planteó sin rodeos el equipo de Balance of Power, el programa de Bloomberg Television que se emite desde Washington: la venta masiva de bonos del Tesoro, con el bono a diez años marcando máximos de casi dos décadas, está reordenando la agenda de la Casa Blanca tanto como la guerra con Irán o la pugna tecnológica con China. Y no es una historia de un solo día.
Desde la sede de Bloomberg en Nueva York, la corresponsal Emily Grefeo lo resumió con precisión: los operadores dudan de que la Reserva Federal tenga la inflación bajo control, sobre todo mientras el crudo se mantiene en niveles elevados. Todo confluye en lo mismo, tipos más altos y presión sobre las acciones. El rendimiento a diez años llegó a tocar máximos de casi veinte años, el S&P 500 cerró en rojo, el Nasdaq 100 también, y el índice de semiconductores de Filadelfia se dejó cerca de un 1,6%.
Hubo excepciones contadas en el sector tecnológico, pero la tónica fue de recogida de beneficios. Entre los movimientos corporativos del día, AMD acordó comprar la startup World Labs por 8.200 millones de dólares, una empresa fundada por la investigadora Fei-Fei Li. Boeing cayó después de que la FDA aplazara la certificación de la variante 737 Max 10 por un problema de software. Y MongoDB perdió terreno al confirmarse que su consejero delegado se marcha a Meta.
Desde la Casa Blanca, la corresponsal Skylar Woodhouse siguió el hilo de las declaraciones presidenciales. Trump volvió a prometer que la guerra terminará muy pronto y ató ese final a un alivio inmediato para los estadounidenses: si el conflicto se cierra, los precios de la gasolina caerán. Confirmó que hay conversaciones con Teherán a través de mediadores, aunque dejó abierta la puerta a intensificar los combates después de las elecciones.
El problema es de calendario y también de credibilidad. La promesa de un final inminente se ha repetido varias veces desde el inicio del conflicto, y los funcionarios iraníes, según lo que se comenta en el programa, se muestran pesimistas en privado sobre un acuerdo antes de los comicios. Mientras tanto, el petroleo no espera: el Brent llegó a superar los 105 dólares y la volatilidad sigue instalada en el mercado energético.
Si el conflicto se cierra, los precios de la gasolina caerán; hasta entonces, cada semana de guerra es una factura que paga el consumidor.
El segundo gran bloque del programa fue la inteligencia artificial. Trump y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, reciben este martes a los principales ejecutivos del sector. Entre ellos estará Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, que ya cenó en privado con el presidente el domingo por la noche.
La coincidencia temporal no es menor. India presentó ese mismo día una plataforma abierta de seguridad para agentes de IA, con un centenar de socios industriales entre los que figuran Microsoft, Palantir y la propia Anthropic. La compañía anunció además una colaboración con el gobierno indio para añadir una capa adicional de seguridad de la IA sobre la pila de agentes.
La analista A. Ibrahim, ex asesora del Consejo Económico Nacional y hoy en AI Now, puso el foco donde suele faltar: no hay solución única. Calificó el paso de lógico, coherente con los llamamientos de los propios líderes del sector, pero recordó que la responsabilidad última recae en quienes diseñan y despliegan la tecnología. Y lanzó una advertencia incómoda sobre el marco regulatorio: el presidente acierta cuando dice que las leyes existentes bastan, aunque su administración ha recortado de forma agresiva la capacidad administrativa para hacerlas cumplir. Leyes sin capacidad de aplicación, vino a decir, son papel.
Sobre la carrera con China, su diagnóstico fue más duro. Competir sin definir qué significa ganar deja a la vista, sobre todo, el coste del capital: los tipos se disparan a medida que se acelera esta expansión y no está claro que los beneficios se repartan. A eso se suma que parte de la opinión pública empieza a organizarse contra las infraestructuras que la IA necesita para crecer.
Estamos a poco más de un mes de las elecciones de medio mandato y la Casa Blanca promete una campaña agresiva para que los republicanos conserven el Congreso. El programa anunciaba para más tarde al analista electoral veterano Charlie Cook, con una tesis que resume bien el ambiente: la Cámara lleva tiempo siendo, en la práctica, un asunto resuelto para los demócratas. Es una opinión, no un resultado, pero marca el tono con el que se negocia todo lo demás.
En el plano comercial, el acuerdo para reducir aranceles sobre 60.000 millones de dólares en bienes, cerrado tras la visita a la Casa Blanca de la semana pasada, demuestra que esta administración sabe firmar operaciones cuando le conviene. La pregunta que flota es por qué ese pragmatismo no aparece en Irán.
Hay un hilo que atraviesa las tres historias del programa y conviene decir en voz alta. Washington ha decidido que manda el calendario electoral. La guerra con Irán puede tener salida negociada, pero no parece haber prisa por cerrarla antes de los comicios; el mercado de bonos castiga cada semana de incertidumbre energética; y la regulación de la IA se aparca mientras se libra una carrera con China cuyo premio nadie ha definido con claridad. Para el lector que sigue estos frentes, la consecuencia práctica es sencilla: lo que pague en la gasolinera, en la hipoteca o en la factura energética depende menos de un dato económico y más de una decisión política que se está postergando. Bloomberg no afirmó que exista una estrategia deliberada de demora. Lo que describió es un patrón: promesas de final rápido, negociaciones discretas a través de mediadores y un mercado que ha dejado de creer en ambas cosas a la vez. Cuando el rendimiento a diez años se instala en máximos de dos décadas, la paciencia deja de ser gratis.
Queda una pregunta abierta. ¿Cuánto puede aguantar el bono del Tesoro sin que la política tenga que reaccionar antes de lo previsto? Probablemente responda el mercado mucho antes que la Casa Blanca.