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El gasto en bares y restaurantes pierde fuelle: la cerveza fuera de casa retrocede un 16,1% desde 2022, con una cuota que cae del 37,3% al 36,1% en un año. El sector apela al turismo extranjero y a la cerveza sin alcohol para suavizar una tendencia que ya afecta al consumo por pe
La cerveza en hostelería ha pasado de ser una costumbre a ser un gasto que se mira dos veces: el consumo fuera de casa acumula una caída del 16,1% desde 2022, según el informe de consumo alimentario 2025 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Detrás no hay una sola causa, sino una renta más apretada, menos ocio presencial y unos precios de barra que no se han ajustado al bolsillo.
El dato es rotundo. La cerveza perdió peso en el consumo extradoméstico en 2025: supuso el 36,1% del volumen total, por debajo del 37,3% de 2024. Y aunque sigue siendo el principal motor del sector, su retroceso arrastra a toda la categoría de bebidas frías que se sirven en bares y restaurantes.
La tendencia general lo confirma: la caída de la cerveza se enmarca en un descenso del 9,4% del consumo de bebidas frías fuera del domicilio entre 2022 y 2025. Pese a liderar la barra, la cerveza es el principal motor de esa tendencia por su peso específico dentro de la hostelería.
El consumo per cápita de cerveza fuera de casa quedó en 18,4 litros por persona en 2025, frente a los 19,9 litros del año anterior. La diferencia puede parecer pequeña, pero en un mercado de alto volumen marca la pauta de la rentabilidad de la barra.
No es un fenómeno aislado. Las bebidas espirituosas retrocedieron un 16,9% en el mismo periodo, el agua envasada un 2,7% y las bebidas refrescantes un 4,2%. Aunque sus caídas son menores, confirman que el cliente ha cambiado la forma de gastar en hostelería.
La cerveza sigue siendo la bebida dominante del bar, pero se pide menos y con más mirada al bolsillo: el gasto en bares y restaurantes ya no es un automatismo.
La patronal Cerveceros de España introduce un matiz importante: el indicador del ministerio solo recoge el consumo de los residentes. El director general, Jacobo Olalla, sostiene que el mercado total de cerveza cerró 2025 un 2,7% por encima de 2022, apoyado en la producción, las exportaciones y el gasto de los turistas extranjeros.
El argumento de fondo es demográfico. España ha ganado alrededor de 1,6 millones de habitantes desde 2022, por lo que el volumen total comercializado se mantiene muy estable pese a la caída del consumo por persona en restauración. Aun así, la patronal admite que la hostelería sigue sufriendo por una renta disponible menor y por nuevos modelos de ocio menos presenciales.
El otro vector de resistencia es la cerveza sin alcohol. Hay marcas que han movido ficha por completo, como Cervezas Mica, que ha transformado su producción hacia un modelo exclusivamente sin alcohol. La categoría crece por encima del 4% anual en España, según datos del sector, y no se dirige solo a abstemios.
El perfil mayoritario es el consumidor que alterna: cerca de la mitad de quienes eligen cerveza sin alcohol en España lo hace por motivos vinculados a la conducción, y el 90% de los clientes de esta categoría es consumidor mixto, según el propio sector.
Aquí conviene mirar la letra pequeña. El precio por litro o por copa sigue siendo el criterio más fiable para comparar una cerveza con alcohol y una sin alcohol en la carta de un bar. El precio manda. Muchas veces el producto sin alcohol se vende a un precio parecido al convencional, con un coste de elaboración distinto, y es en ese punto donde el consumidor puede ajustar su ticket.
No es la primera señal de alarma. Desde la salida de la pandemia, la hostelería arrastra costes de energía, alquileres y materias primas que no siempre se han repercutido al cliente. El resultado es un equilibrio frágil: el bar ya no es la primera opción de ocio barato y la cerveza fuera de casa compite con formatos de consumo doméstico más económicos.
El precedente importa porque explica el tono del sector: no se habla de cierre masivo, sino de una demanda que se desplaza hacia el turismo y hacia ocasiones puntuales. Quien sale a tomar algo consume menos veces, pero pide más calidad o experiencias concretas.
En términos de gasto, la caída del consumo extradoméstico se traduce en una hostelería más dependiente del turismo y más agresiva en precios o promociones para atraer al local. El riesgo es un mercado de dos velocidades: zonas turísticas con mayor demanda y barrios donde la caña fuera de casa deja de ser diaria para convertirse en ocasión.
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