El dato duplica las previsiones y supone la mayor expansión desde principios de 2025, con España liderando entre las grandes economías a pesar de la guerra entre EE.UU. e Irán.
El PIB de la zona euro ha crecido un 0,4% en el segundo trimestre de 2026, según la estimación preliminar publicada hoy por Eurostat. Se trata de la tasa de expansión trimestral más alta desde el primer trimestre de 2025 y duplica el 0,2% que anticipaba el consenso de los analistas. En términos interanuales, el crecimiento se sitúa en el 1,0% para el área del euro y en el 1,2% para el conjunto de la Unión Europea.
El detalle que arroja la oficina estadística comunitaria revela un mapa muy heterogéneo. Irlanda ha anotado un repunte del 3,9% en el trimestre, seguida de Lituania con un 1,7%. Sin embargo, cabe recordar que los datos irlandeses suelen estar distorsionados por la contabilidad de las grandes multinacionales que tienen allí su sede fiscal europea, por lo que Eurostat los trata con cautela.
En el otro extremo, Austria y Bélgica no registraron crecimiento alguno en el trimestre. Las tres mayores potencias del bloque —Alemania, Francia e Italia— se anotaron una tímida expansión del 0,2% cada una. España, en cambio, ha vuelto a destacar: su economía creció un 0,7% en el segundo trimestre, consolidándose como uno de los motores más fiables del euro.
Eurostat también ha revisado ligeramente al alza el dato del primer trimestre de 2026, lo que refuerza la idea de que la actividad ha ganado tracción en la primera mitad del año.
Lo que me parece más relevante de esta lectura es la resistencia que demuestra la economía europea en un contexto geopolítico nada favorable. La guerra entre Estados Unidos e Irán, que ha encarecido el crudo y ha añadido incertidumbre a las cadenas de suministro, apenas se ha filtrado en el agregado del PIB. Los datos de empleo y consumo privado —que Eurostat desglosará en su informe completo dentro de unas semanas— apuntan a un mercado laboral sólido y a un gasto de los hogares que no se ha desplomado.
Esa resiliencia se traduce en un margen extra para el Banco Central Europeo. Con un crecimiento que duplica las previsiones, la presidenta Lagarde dispone de más argumentos para mantener los tipos en el nivel actual —el 4,25% en la facilidad de depósito— sin precipitar una recesión. Eso sí, la inflación subyacente, que sigue por encima del 3% en algunas grandes economías, impide cualquier gesto dovish anticipado.
Para el lector español, este dato tiene efectos directos en dos frentes. El primero es el Euribor: un crecimiento más robusto de lo esperado aleja la posibilidad de un recorte de tipos en la reunión del BCE de septiembre, lo que mantendrá el índice hipotecario a doce meses en torno al 3,7% durante el verano. Las cuotas de las hipotecas variables que se revisen en agosto o septiembre apenas experimentarán alivio.
El segundo es la competitividad exportadora. La economía española ha crecido al 0,7% mientras sus principales socios comerciales apenas avanzan al 0,2%. Esta divergencia es positiva para el empleo nacional, pero encarece las exportaciones y puede ensanchar el déficit comercial con la eurozona en los próximos meses si el diferencial de demanda interna se mantiene. Las empresas del IBEX con exposición al mercado único —energéticas, industriales y constructoras— seguirán atentas a los PMI de julio para confirmar si la demanda externa resiste.