La caída del índice manufacturero a 49,2 puntos, su peor lectura en cinco meses, obliga al Politburó a preparar un nuevo paquete de medidas que podría acelerar los recortes del BCE.
He estado siguiendo de cerca los datos del PMI oficial chino esta madrugada, y el desplome del índice manufacturero por debajo de 50 me obliga a replantear el escenario de estímulo inminente desde Pekín. El sector fabril se ha contraído de forma inesperada en julio, y la lectura general del PMI compuesto confirma que la segunda economía mundial pierde fuelle justo cuando la eurozona empieza a ver brotes verdes en su industria.
La Oficina Nacional de Estadísticas (NBS) ha publicado esta mañana unas cifras que han pillado a contrapié a los mercados. El PMI manufacturero oficial se situó en 49,2 puntos, frente a los 50,3 de junio, su peor lectura en cinco meses y claramente por debajo del umbral de 50 que separa la expansión de la contracción. El consenso de analistas esperaba un 50 justo, según el sondeo de Reuters.
Estos datos refuerzan el diagnóstico de que el crecimiento del 4,3 % del PIB en el segundo trimestre no fue un bache aislado. La sólida demanda externa del primer semestre, que amortiguó la crisis inmobiliaria y el desempleo juvenil, está perdiendo vigor justo cuando la economía china necesita motores internos.
«Debemos prestar gran atención a las dificultades y los desafíos de la economía y desplegar nuevas políticas de manera oportuna.» — Comunicado del Politburó chino, reunión del 30 de julio de 2026
Lo que veo en estos números no es solo un bache coyuntural; es la constatación de que Pekín se enfrenta a un dilema clásico de trampa de liquidez. El Banco Popular de China (PBOC) ya ha recortado el LPR a un año y ha reducido el coeficiente de reservas (RRR) en los últimos trimestres, pero la transmisión al crédito y a la inversión privada sigue siendo débil. El Politburó, en su reunión del jueves, prometió «aprovechar las políticas existentes y lanzar otras nuevas a su debido tiempo», pero no concretó medidas. Eso sugiere que los estímulos fiscales o cuasi-fiscales —como la emisión de bonos especiales para infraestructuras— podrían intensificarse en las próximas semanas, probablemente en forma de transferencias directas a hogares o rebajas fiscales selectivas.
El riesgo para Occidente es que una China que no logra reactivar su demanda interna acabe exportando deflación a través de precios industriales a la baja. El PPI chino lleva meses en terreno negativo, y si el gigante asiático vuelca su exceso de capacidad en los mercados globales, los bienes manufacturados que llegan a Europa se abaratarán aún más. Para las fábricas alemanas, italianas o españolas que compiten con importaciones chinas, esto supone una presión adicional sobre márgenes.
La caída del PMI chino tiene tres canales directos de contagio para la economía europea. En primer lugar, menor demanda de materias primas: el cobre, el mineral de hierro y el petróleo reaccionan a la baja ante la debilidad industrial china, y eso puede abaratar la factura energética de España y la eurozona. En segundo lugar, presión desinflacionista importada: si los precios de los bienes de consumo duradero y la maquinaria fabricada en China siguen cayendo, el IPC europeo podría moderarse más rápido de lo previsto, dando al BCE argumentos para acelerar los recortes de tipos. Y en tercer lugar, las empresas europeas con alta exposición al mercado chino —fabricantes de automóviles de lujo, firmas de bienes de equipo alemanas y conglomerados industriales presentes en el IBEX 35— verán cómo sus pedidos desde Asia se ralentizan en el segundo semestre. La combinación de estímulos inminentes en Pekín y una demanda doméstica renqueante mantiene abierta la puerta a un escenario de tipos más bajos a ambos lados del Atlántico, pero también a una mayor volatilidad en las divisas emergentes si el yuan se deprecia para compensar la atonía interna.