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Nevaco Global
22 de julio de 2026

Comercio en cadenas de valor: la OCDE confirma un récord en 2024 que desafía las tensiones geopolíticas

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El comercio a través de cadenas de valor globales alcanzó en 2024 su nivel más elevado desde que existen registros, según un nuevo informe de la OCDE. La cifra desafía la narrativa del reshoring y las políticas proteccionistas impulsadas por las tensiones geopolíticas.

He leído con atención el nuevo informe de la OCDE que hoy ve la luz. La conclusión es cristalina: en 2024, el comercio a través de cadenas de valor globales (GVC, por sus siglas en inglés) alcanzó un nivel récord desde que la organización comenzó a recopilar estos datos. La cifra desafía de frente la narrativa del reshoring —la vuelta de la producción a casa— y el proteccionismo que ha dominado la política comercial de las grandes potencias en los últimos años.

Lo que la OCDE mide no es el comercio bruto, sino la fragmentación internacional de la producción: cuánto valor añadido cruza al menos dos fronteras antes de llegar al consumidor final. Ese indicador lleva décadas creciendo, pero muchos analistas daban por hecho que las tensiones geopolíticas, los aranceles de Trump o las políticas industriales de Pekín habrían empezado a reducirlo. El informe de hoy desmiente esa intuición.

En los últimos años, líderes políticos de Washington a Bruselas han defendido la necesidad de acortar las cadenas de suministro para blindarse frente a crisis como la pandemia o la guerra en Ucrania. Sin embargo, el tejido productivo demuestra ser mucho más resiliente de lo que sugiere la retórica. El récord de 2024 apunta a que las empresas, lejos de replegarse, han optimizado sus redes globales para sortear las barreras comerciales.

No se trata de un dato aislado. Otros indicadores —desde el tráfico marítimo de contenedores hasta el comercio de semiconductores— han batido marcas en los últimos trimestres. La globalización, entendida como la interdependencia productiva, no ha muerto; simplemente ha mutado.

Me hago una pregunta inevitable: ¿es este récord una señal de fortaleza o un artificio contable? Cuando las empresas reconfiguran sus cadenas para eludir aranceles —por ejemplo, enviando componentes a través de terceros países—, el comercio en GVC puede inflarse sin que aumente la integración real. La OCDE es consciente de este sesgo y ajusta sus series, pero no es descartable que parte del incremento responda a esa geografía cambiante.

Dicho esto, el grueso del avance parece genuino. Las multinacionales siguen viendo en la fragmentación internacional una fuente de eficiencia que ningún subsidio doméstico puede sustituir por completo. Eso explica por qué sectores como la automoción o la electrónica —los más expuestos a la geopolítica— mantienen huellas globales a pesar de las sanciones cruzadas entre Occidente y China.

Lo que veo en este informe es una lección de humildad para los arquitectos del nuevo orden comercial. La realidad económica se impone a menudo por encima de los discursos. Y nos recuerda que el nearshoring puede ser una tendencia, pero no ha sustituido al offshoring; ambos conviven.

España, como economía exportadora fuertemente integrada en las cadenas europeas, es un observador privilegiado de esta dinámica. El récord global de GVC se traduce en pedidos para la industria auxiliar, el sector de componentes de automoción y la logística. Además, refuerza la posición de los puertos españoles como nodo clave entre el Mediterráneo y el Atlántico.

Sin embargo, la dependencia de insumos exteriores vuelve a la economía española vulnerable a cuellos de botella. El spread entre el Euríbor y las expectativas de tipos en la eurozona apenas acusa este fenómeno —la política monetaria del BCE sigue más atenta a la inflación subyacente—, pero a medio plazo, una mayor integración comercial puede presionar los precios de bienes importados y condicionar los márgenes empresariales. El tejido exportador español, desde las bodegas hasta los fabricantes de maquinaria, necesita una globalización abierta y predecible. El récord de 2024 es una buena noticia, siempre que no nos haga olvidar los riesgos de concentración geográfica que, como advierte la propia OCDE, siguen ahí.

La OCDE actualizará estas cifras a lo largo de 2026 con los datos de 2025. Si la tendencia se mantiene, el debate sobre la desglobalización quedará definitivamente superado por los hechos. Mientras tanto, la foto fija de 2024 nos dice que las cadenas de valor globales no están en retirada: están más vivas que nunca.

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