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El endurecimiento monetario responde a una inflación subyacente que alcanza el 4,4%, agravada por presiones salariales y el fenómeno de El Niño. Los precios de importación europeos podrían resentirse si la espiral de costes se traslada a las exportaciones filipinas de componentes
Acabo de revisar el último informe de Deutsche Bank Research sobre Filipinas y la lectura es directa: la inflación subyacente sigue calentándose y forzará al Bangko Sentral ng Pilipinas (BSP) a aplicar dos subidas más de tipos este año. El banco alemán, que sigue de cerca la economía del archipiélago, anticipa incrementos consecutivos de 25 puntos básicos en las reuniones del 27 de agosto y del 22 de octubre, lo que situaría la tasa de referencia en el 5,25% – su nivel más elevado desde abril de 2025.
El informe, fechado el 10 de julio, resume así el panorama de precios a junio de 2026:
El economista de la casa, Junjie Huang, subraya que “las medidas de inflación subyacente muestran que el proceso de ampliación de las presiones sobre los precios todavía está en marcha”. A su juicio, la moderación reciente de la inflación general no refleja una mejora estructural, sino una pausa puntual en los componentes más volátiles, mientras los efectos de segunda ronda siguen propagándose por la economía.
“Aunque la inflación general ha cedido en los dos últimos meses, los efectos de segunda ronda continúan filtrándose a través de la economía, como se aprecia en los indicadores de inflación subyacente.” — Junjie Huang, economista de Deutsche Bank Research, informe del 7 de julio de 2026
Lo que observo en estos datos va más allá del caso filipino. El BSP se enfrenta a un clásico dilema de política monetaria en economías emergentes: atacar una inflación que se enquista sin asfixiar un crecimiento ya renqueante. El PIB filipino se desplomó hasta el 2,8% en el primer trimestre, su peor registro desde la pandemia, y cada nuevo ajuste al alza resta oxígeno a la demanda interna.
Pero la presión de los costes no da tregua. La subida del salario mínimo aprobada para la región metropolitana —85 pesos filipinos en dos tramos, con 60 pesos adicionales desde el próximo 25 de julio— añade leña al fuego de una inflación de costes que Metrobank ya ha cuantificado: según sus cálculos, un alza salarial de 100 pesos a escala nacional podría restar hasta 0,4 puntos porcentuales al crecimiento del PIB. Aun así, el impacto macroeconómico de la medida sería manejable porque solo afecta al 2% de la fuerza laboral, como subraya la analista de la entidad Marian Monette Florendo-Obias.
A ese riesgo interno se suma un factor externo con mayúsculas: El Niño. La agencia meteorológica filipina prevé un episodio “fuerte” entre septiembre y noviembre, y otro potencialmente más severo de octubre a enero de 2027. Si los precios de los alimentos se disparan como ya ocurrió en otros países de la ASEAN, el BSP tendrá aún menos margen para frenar su ciclo de endurecimiento.
Además, el peso filipino acumula dos meses por encima de las 61 unidades por dólar, castigado por la guerra en Oriente Medio. Un tipo de cambio débil encarece las importaciones energéticas y de materias primas, alimentando aún más la espiral inflacionista. De ahí que el gobernador del BSP, Eli M. Remolona Jr., haya insistido en que hay espacio para una tercera subida consecutiva si la economía muestra cierto rebote en el segundo semestre.
Las cadenas de suministro no entienden de fronteras nacionales. Filipinas es un eslabón relevante en la producción de componentes electrónicos, semiconductores empaquetados y autopartes que llegan a las fábricas europeas. Si la escalada de costes laborales y energéticos se traslada a los precios de exportación, la factura que pagarán las empresas alemanas o españolas aumentará. En especial, España importa de Filipinas aceites vegetales, circuitos integrados y maquinaria eléctrica; un encarecimiento de estos bienes intermedios añadiría décimas a la inflación de los productos industriales en la península.
La señal que manda el BSP es, además, una advertencia para el Banco Central Europeo. El endurecimiento monetario en varias economías asiáticas, desde Filipinas hasta Indonesia, refleja que las presiones de precios en la región no son pasajeras. Para la eurozona —que compite por los mismos contenedores de importación ante un dólar fuerte— esto significa que la moderación de la inflación por el lado de los bienes podría ser más lenta de lo anticipado. En el momento en que las fábricas filipinas repercutan los costes salariales y climáticos, el IPC europeo sentirá el eco de un El Niño que, aunque lejano en el mapa, golpea directamente en la cadena de suministro global.
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