La soja fermentada japonesa triplica sus exportaciones por su perfil nutricional. Aporta proteína completa, fibra y vitamina K2 en su forma más biodisponible.
El natto, ese fermentado de soja de textura viscosa y aroma potente que divide opiniones en Japón, está conquistando despensas de medio mundo por una razón muy concreta: su densidad nutricional. Con más de 17 gramos de proteína completa por cada 100 gramos y una forma de vitamina K2 especialmente biodisponible, este alimento tradicional se perfila como un aliado sólido para quien busca optimizar la estructura ósea y el rendimiento cardiovascular sin recurrir a suplementos sintéticos.
La soja fermentada con Bacillus subtilis multiplica su valor nutricional respecto a la legumbre sin procesar. Durante las 18 horas de fermentación se generan enzimas que predigieren parte de los nutrientes, lo que mejora su absorción y explica la sensación de energía sostenida que muchos consumidores describen. Los tres pilares que mueven la aguja del rendimiento son:
Las exportaciones japonesas de natto se han triplicado desde 2017, superando las 5.200 toneladas en 2025, según las estadísticas comerciales del país. Estados Unidos y China lideran la demanda, empujados por la ola de alimentos fermentados que ya habían encumbrado al kimchi y a la kombucha.
Kenji Suzuki, dueño del restaurante japonés Suehiro en Los Ángeles, ha observado cómo las redes sociales han despertado la curiosidad: “Cuando se empezó a hablar del natto como superalimento, muchos clientes no japoneses quisieron probarlo para ver si era tan malo como decían”. Wesley Smith, un turista estadounidense de 47 años que almuerza en Sendaiya (Tokio), lo compara con un queso fuerte: “Al principio resulta un poco extraño, pero con los años se convierte en un gusto adquirido, como un queso que huele a calcetines”.
La dosis diaria y la calidad de la soja marcan más la diferencia que toda la etiqueta de superalimento junta.
El natto se ha mantenido accesible en Japón: tres envases de 40-50 gramos cuestan alrededor de 100 yenes (menos de un euro). Yoshihiro Noro, antiguo responsable de la Federación de Cooperativas de Natto, lamenta que esta asequibilidad lo etiquetara como “comida de pobres”, pero ve en la reciente subida de precios una oportunidad para que los consumidores valoren las versiones premium, elaboradas con soja seleccionada y fermentación controlada.
La ciencia que rodea al natto es sólida, pero con matices. Varios estudios asocian la ingesta regular de menaquinona-7 con una mejor utilización del calcio en el organismo y un menor depósito de este mineral en las arterias, lo que a nivel funcional se traduce en una elasticidad vascular mantenida y una mayor resistencia ósea al estrés mecánico. Sin embargo, el efecto no se debe solo a la vitamina K2; la matriz completa del fermentado —proteína, fibra, probióticos y posiblemente otros péptidos bioactivos— parece jugar un papel sinérgico.
El auge internacional de los fermentados ha puesto al natto en el punto de mira, pero conviene recordar que el término “superalimento” no tiene una definición regulatoria; es, ante todo, una etiqueta de marketing. Lo que de verdad aporta el natto es una combinación de nutrientes difícil de encontrar junta en otros alimentos: una proteína de calidad, una fibra que alimenta la microbiota y una vitamina K2 de acción prolongada. A efectos prácticos, quien ya incluya lácteos grasos, yema de huevo y vegetales de hoja verde en su dieta puede estar cubriendo buena parte de esas necesidades. Pero para quienes buscan una fuente concentrada y de rápida integración en el desayuno o la comida, el natto encaja como un comodín denso y funcional.
En China, la Organización de Comercio Exterior de Japón señala que la tendencia hacia la conciencia nutricional entre las clases medias y altas está avivando el interés por los alimentos japoneses. Y en Estados Unidos, aunque Wesley Smith duda de que el natto se convierta en un producto de masas —“no se me ocurre nada en la cocina americana que tenga esa textura viscosa”—, las cifras de exportación dicen lo contrario.