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Nevaco Global
17 de junio de 2026

Las renovables en España y la crisis del gas: Ember revela que el gas fija el precio solo el 9% de las horas, ahorrando 10 €/mes

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El análisis muestra que la exposición al gas ha caído del 52% de las horas en 2021 al 9% en 2026, una reducción que evita un incremento del 19% en la factura. La expansión eólica y solar, junto al almacenamiento, consolida la desvinculación de los precios mayoristas de la volatil

El auge de las renovables ha blindado a España de la crisis del gas. Según un análisis de la consultora británica Ember, el gas natural fija el precio mayorista de la electricidad solo el 9% de las horas, frente al 52% de 2021. La expansión eólica y solar, unida al almacenamiento, ha desacoplado en gran medida el recibo de la luz de la volatilidad del combustible fósil, con un ahorro tangible de 10 euros al mes para los hogares.

El dato no es coyuntural. En los primeros cinco meses de 2026, las centrales de ciclo combinado de gas han marcado el precio marginal —el que cobran todas las tecnologías— solo el 9% de las horas. Cinco años atrás, en 2021, esa cifra era del 52%. La razón es clara: las renovables han aumentado un 37% su generación en ese periodo, desplazando al gas incluso en momentos de tensión geopolítica.

El efecto se sintió con fuerza esta primavera. Mientras las tensiones en Oriente Medio disparaban las cotizaciones internacionales del gas, la Península Ibérica se beneficiaba de una producción renovable récord. En marzo de 2026, el precio mayorista español rondó los 42 €/MWh, frente a los 143 €/MWh de Italia, un mercado mucho más dependiente del gas. El diferencial no es casualidad: es la factura de no haber apostado por la transición.

Ember subraya que España ha conseguido, en la práctica, desvincular el precio de la electricidad de las fluctuaciones del gas, algo que el diseño del mercado mayorista europeo no garantiza por sí solo. Han sido los megavatios limpios adicionales, y la regulación que ha facilitado su integración, los que han roto la correlación que asfixió a tantos consumidores durante la crisis de 2021–2024.

La brutal caída de la exposición al gas —del 52% al 9% en cinco años— demuestra que la transición energética no es solo un imperativo climático, sino el mayor escudo económico frente a la volatilidad fósil.

Traducido a la factura doméstica, el blindaje renovable supone unos 10 euros menos al mes en el recibo regulado, según las estimaciones de Ember. De no haberse reducido la influencia del gas, la factura habría sido casi un 19% más alta.

El cálculo desglosa dos efectos contrapuestos. Por un lado, los precios mayoristas más bajos ahorran alrededor de 15 euros por hogar al mes; por otro, una parte de ese ahorro se diluye con los costes crecientes del equilibrado de red y los servicios de ajuste —algo lógico en un sistema con más renovables intermitentes—. Aun así, el saldo neto es de 10 euros a favor del consumidor, un alivio en plena escalada de precios energéticos.

Esta desvinculación del gas no sería posible sin el despliegue acelerado de las baterías a gran escala (BESS). Tras el apagón de abril de 2025, las reformas regulatorias simplificaron la hibridación de los parques renovables con almacenamiento y lanzaron esquemas de apoyo a nuevas inversiones.

El resultado: la capacidad de almacenamiento a gran escala se cuadruplicó en 2025 y Ember espera que vuelva a cuadruplicarse en 2026. Lejos de frenar la transición, la respuesta al apagón aceleró la instalación de nueva potencia eólica y solar a un ritmo medio de 1,3 GW al mes entre mayo de 2025 y febrero de 2026.

Además, los cambios normativos han permitido que las plantas renovables participen en servicios de estabilidad de la red, como el control dinámico de tensión, reservados antes a las centrales convencionales. En mayo de 2026, cerca de 6 GW de capacidad renovable ya prestaban estos servicios al sistema, una cifra que reduce progresivamente la necesidad de recurrir a los ciclos combinados de gas para mantener el equilibrio del sistema.

El almacenamiento ya no es una promesa: cuadruplicar la capacidad en dos años consecutivos coloca a España en la vanguardia de la estabilidad renovable, reduciendo la necesidad de recurrir a los ciclos combinados de gas.

Pese a los avances en el sector eléctrico, Ember recuerda que España sigue importando una parte relevante de la energía que consume, sobre todo en transporte, industria y climatización. Para extender el escudo renovable a toda la economía, la electrificación de la demanda final es el siguiente paso crítico.

La Unión Española Fotovoltaica (UNEF) comparte el diagnóstico pero lanza una advertencia: este liderazgo no está asegurado. Si no se agilizan los permisos, se refuerzan las redes, se sigue ampliando el almacenamiento y se acelera la electrificación, podríamos asistir a una «ralentización histórica» del despliegue renovable, con consecuencias directas sobre la competitividad industrial y la dependencia energética.

El caso español —y, por extensión, el ibérico— encierra una lección para la Unión Europea. Mientras la Comisión debate cómo reformar el mercado eléctrico para desacoplar los precios del gas, los datos de Ember demuestran que la herramienta más eficaz no es un parche regulatorio, sino volúmenes masivos de generación renovable y almacenamiento. En mercados como el italiano, donde el gas aún marca el precio la mayor parte del tiempo, el coste de la inacción se mide en decenas de euros por megavatio hora y en facturas domésticas más pesadas.

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