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Nevaco Global
1 de noviembre de 2026

Socio preferente de Washington: lo que NABEP aporta a la seguridad energética de estados unidos

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Estados Unidos no solo ha firmado un acuerdo petrolero en Venezuela: se ha convertido en socio de su principal operador privado. La fórmula pactada con North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía de Alejandro Betancourt, combina tres papeles que Washington rara vez asume a la vez: el de comprador preferente, el de accionista y el de garante estratégico.

El núcleo del acuerdo es el acceso al crudo. Washington tiene acceso preferente al 20% de la producción de NABEP a precio de coste, una vez descontada la parte que corresponde a PDVSA. La compañía se refiere al Gobierno estadounidense como su "nuevo comprador principal", y el acuerdo le permite adquirir ese crudo sin margen de beneficio.

Ese derecho ya se ha estrenado. El primer cargamento llegó a Texas el 27 de octubre, y el Gobierno estadounidense venderá ese crudo a refinerías de ExxonMobil y Citgo. NABEP entregó ese primer millón de barriles sin coste alguno para el contribuyente.

La relación va más allá del suministro. El acuerdo, firmado por Marco Rubio y Pete Hegseth, otorga a la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono una participación del 35%. Además, el Gobierno estadounidense tendrá derecho de veto sobre los nombramientos en el consejo de administración. Es una garantía de alineamiento a largo plazo que pocos acuerdos energéticos internacionales incluyen.

La Casa Blanca explicó que el esquema busca asegurar suministros para emergencias, usos militares y la reposición de la Reserva Estratégica de Petróleo. Es decir, Washington gana una fuente de crudo cercana, en su propio hemisferio y con un socio que conoce el terreno.

Ahí reside el valor de Alejandro Betancourt. La Casa Blanca presenta a NABEP como la segunda mayor productora privada de petróleo venezolano y un operador de probada trayectoria. Un funcionario estadounidense lo resumió sin matices ante Axios: sin Betancourt, no habría acuerdo de seguridad energética.

El acuerdo también beneficia a la industria de EEUU El encargado de negocios estadounidense en Caracas, John Barrett, destacó que NABEP ha incorporado equipos de perforación procedentes de Estados Unidos y que esos equipos dan trabajo a venezolanos mientras el petróleo del país refuerza la seguridad energética estadounidense.

El reverso del acuerdo es geopolítico. La Casa Blanca presenta la salida de operadores chinos y rusos de los campos asignados a NABEP como parte de su estrategia para reducir la presencia energética de ambos países en la región.

El acuerdo no es solo una operación estadounidense. Para Venezuela supone la oportunidad de recuperar una industria que durante décadas sostuvo su economía y que se había desplomado. En los años setenta el país producía el 8% del petróleo mundial, y hoy apenas aporta el 1%, según la consultora Capital Economics.

Ingresos para el Estado. La Casa Blanca calcula que las operaciones podrían generar cerca de 200.000 millones de dólares en impuestos y regalías durante los primeros 25 años. A esos ingresos se suma el crudo que el Estado retiene directamente: Venezuela se quedará con entre el 16% y el 40% de la producción, según el campo.

Empleo. NABEP emplea directamente a más de 5.000 personas y sostiene más de 10.000 puestos de trabajo de contratistas en todo el país. Son 15.000 puestos de trabajo vinculados a la recuperación petrolera, una cifra que Washington espera ampliar con miles de empleos bien remunerados a medida que avance la inversión.

Recuperación industrial. La compañía ha desplegado los primeros equipos móviles nuevos de reparación y mantenimiento de pozos que operan en los campos venezolanos en más de quince años. Los resultados ya se notan: Petrozamora batió el 23 de octubre su récord con 115.000 barriles diarios, y el Gobierno espera cerrar diciembre en 120.000. Alejandro Betancourt vincula cada equipo que llega al país con la revitalización de la economía venezolana.

Un consenso poco habitual. El acuerdo ha logrado algo inusual en la política venezolana. El Parlamento lo aprobó con el voto del chavismo y de la disidencia de la oposición, y el diputado que presentó el proyecto, Miguel Pérez Abad, lo calificó como el más importante de los últimos 100 años.

Su alcance real dependerá de la ejecución. El impacto económico estará ligado a la continuidad operativa, a las exportaciones y a los ingresos que reciba el Estado. Pero las primeras semanas muestran un país que vuelve a producir, a contratar y a invertir en sus campos.

El esquema tiene detractores en el Congreso estadounidense: varios senadores demócratas cuestionan que el acuerdo tenga una base legal clara. Pero sus defensores subrayan que pocas veces un acuerdo energético ha ofrecido tanto a ambas partes: a Washington, un socio fiable y crudo seguro en su hemisferio; a Venezuela, ingresos, empleo y la reconstrucción de su principal industria.

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