Las autoridades de la Federación Rusa han constatado cifras preocupantes relativas a la pérdida de rastro de niños y adolescentes en el país. Durante la primera mitad del año 2026, se han registrado más de un millar de casos de este tipo, de los cuales una pequeña parte ha terminado en tragedia. Según la información difundida por el diario ruso Védomosti, que cita los registros del servicio especializado Gde moi deti (Dónde están mis hijos), entre los meses de enero y junio se documentaron un total de 1.043 desapariciones en el territorio nacional.
A pesar del elevado volumen de alertas emitidas por las familias y los servicios de emergencia, el balance arroja que la inmensa mayoría de las incidencias lograron resolverse de manera favorable. En concreto, los equipos de rescate y las fuerzas de seguridad localizaron a 996 personas a salvo. No obstante, el reporte confirma que 25 de estos jóvenes fueron hallados sin vida y que en la actualidad todavía existen 22 expedientes abiertos en los que los afectados siguen en paradero desconocido.
Para elaborar esta estadística, el citado medio se ha basado en los datos proporcionados por casi un centenar de grupos de búsqueda que operan a lo largo de toda la geografía rusa. El análisis geográfico revela una importante disparidad entre las distintas regiones. La mayor incidencia de estos sucesos tuvo lugar en la región siberiana de Krasnoyarsk, donde se contabilizaron 94 casos. Le siguen muy de cerca Sverdlov, con 83 registros, y el territorio oriental de Primorie, que acumuló un total de 67 alertas por pérdida.
En lo que respecta a los principales núcleos urbanos y sus áreas metropolitanas, los números también resultan llamativos. En San Petersburgo y en la región aledaña de Leningrado, los equipos de emergencia fueron notificados de 63 situaciones de este tipo, de las cuales dos culminaron con el fallecimiento de la víctima y otras dos permanecen sin resolver. Por su parte, en Moscú y su área circundante, las autoridades computaron 38 expedientes. Curiosamente, esta zona ostenta el menor número de incidencias documentadas, si bien cuatro de ellas finalizaron con el descubrimiento de los cuerpos sin vida.
Ante la magnitud territorial de Rusia y la complejidad de estas operaciones, el Ministerio de Interior ha apostado fuertemente por la integración de nuevas tecnologías en las labores de rastreo. Según las fuentes oficiales, los operativos se apoyan de manera creciente en el sistema de inteligencia artificial denominado KurAI. Esta plataforma permite procesar y cruzar datos obtenidos en tiempo real a través del despliegue de drones y cámaras de seguridad repartidas por diversas ciudades y enclaves estratégicos.
El uso de este tipo de tecnología no es exclusivo de las instituciones gubernamentales, sino que también ha sido adoptado por el tejido asociativo. El presidente de la agrupación de voluntarios Liza Alert, Grigori Serguéyev, ha explicado a Védomosti que los sistemas automatizados se utilizan en estas labores desde el año 2019. El responsable del grupo ha destacado la eficacia de estas herramientas, hasta el punto de subrayar que en el pasado año 2024 la inteligencia artificial logró localizar a más personas que los propios equipos humanos desplegados sobre el terreno.
Más allá del despliegue operativo para dar con su paradero, los expertos también ponen el foco en las causas subyacentes que motivan este fenómeno. La experta en psicología Alexandra Iziúmenko ha analizado estos comportamientos y señala que una gran parte de las fugas protagonizadas por adolescentes guardan una relación directa con una situación familiar difícil. En este sentido, la profesional apunta a contextos marcados por la violencia en el hogar, los conflictos habituales con los progenitores y un profundo rechazo emocional que empuja a los jóvenes a abandonar sus domicilios de forma voluntaria.