La declaración de independencia de las colonias de Norteamérica se produjo en 1776, pero la actual república nació en 1787, con la redacción de la Constitución, que sigue vigente, con las posteriores 27 enmiendas.
El primer presidente, George Washington, fue elegido entre diciembre de 1788 y enero de 1789, sin rivales, y tomó posesión en abril de 1789. Desde entonces, el país ha tenido otros 44 presidentes. Nunca se han suspendido las elecciones presidenciales y siempre se han celebrado todos los años bisiestos. De estos 45, ¿cuáles se consideran los mejores?
Rico plantador virginiano y jefe del Ejército Continental que obtuvo la victoria sobre los británicos, con la ayuda de españoles y franceses. Dotó a la presidencia de una reputación que casi ningún otro en su puesto habría podido repetir. Sus poderes estaban en constante discusión por los representantes de unos estados muy celosos de sus prerrogativas. Hasta se protestó por que pronunciase el Mensaje de Acción de Gracias a todo el país, ya que, según los críticos, se trataba de una fiesta religiosa y él desempeñaba un cargo civil.
En sus ocho años de gobierno mantuvo la unidad de un pequeño gobierno de solo cuatro departamentos (Secretarías de Estado, del Tesoro y de Guerra, más la Fiscalía General) y la vicepresidencia, pero dividido por dos de las figuras más impresionantes de la revolución: Alexander Hamilton, federalista, y Thomas Jefferson, demócrata-republicano y tercer presidente.
En su mandato, se aprobaron y entraron en vigor las diez primeras enmiendas de la Constitución, que limitan el poder estatal sobre los ciudadanos.
Tan grande era el respeto que le rodeaba que se le ofreció un tercer mandato, pero lo rechazó, con lo que introdujo el precedente de los dos mandatos presidenciales como regla.
Su Mensaje de Despedida, redactado por Hamilton, expone las líneas principales que dirigieron la política de EEUU en las décadas siguientes, como la neutralidad en las guerras europeas y la desconfianza ante los partidos políticos.
Con el séptimo presidente, el general Andrew Jackson, entró el pueblo en la Casa Blanca. Invitó por primera vez a cientos de ciudadanos del común a su toma de posesión, al coste del destrozo del mobiliario y la vajilla de la Casa Blanca.
Aunque nació en las Carolinas y poseía esclavos, era un nacionalista intransigente que combatió todo acto de sedición, aunque viniese de sus paisanos. Se consideraba el único cargo público elegido por todo el pueblo y eso, junto con su baja extracción social, le condujo a la demagogia. Exacerbó el sistema de despojos, ya asentado en Nueva York y Pensilvania.
Fue el primer y único presidente en pagar la deuda pública con los fondos ingresados de la venta de tierras, los impuestos y las aduanas. Se opuso a la existencia de un banco central, porque estaba convencido de que era un instrumento de corrupción de las oligarquías del Norte y desconfiaba del papel moneda. Pero permitió una burbuja de bancos locales que emitieron papel y dieron créditos sin respaldo en metálico. A su sucesor, su vicepresidente Martin van Buren, le dejó el Pánico de 1837.
Su principal herencia fue la implicación real de millones de ciudadanos humildes en la política, en contraste con el elitismo de las dinastías de los virginianos (el estado dio cuatro presidentes) y los Adams (padre e hijo ocuparon el cargo). A partir de entonces, varios candidatos alardearon de haber nacido en una cabaña de troncos o en la frontera, o de no haber cursado estudios universitarios.
Este sureño extendió su país de costa a costa en su único mandato. El Congreso aceptó a la república de Texas en la Unión (1845), lo que provocó la guerra con México, en la que Estados Unidos le arrebató la mitad de su territorio, más de 3.000.000 de km². En la guerra actuó como capitán general, nombrando y destituyendo mandos y aprobando campañas. Su ejemplo fue un precedente que permitió a Lincoln, un abogado y político sin experiencia militar, dirigir su bando como máxima autoridad.
Zanjó la disputa con el Reino Unido sobre el territorio de Oregón mediante un tratado de partición (1846), después de amenazar a Londres con otra guerra. Suprimió la obligación de que la Secretaría del Tesoro depositara su liquidez en bancos privados y pasó a guardarla en su edificio central y sus delegaciones, hasta que se instauró la Reserva Federal (1913). Otro de los puntos de su programa fue la rebaja de los aranceles, para beneficiar al sur.
Cumplió su promesa de gobernar un solo mandato, pero no disfrutó mucho de su retiro, porque murió de cólera a los 104 días de salir de la Casa Blanca.
El primer presidente del Partido Republicano es el más importante del siglo XIX, porque consiguió mantener unido al país y abolió la esclavitud, a la que era contrario.