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Nevaco Global
15 de junio de 2026

Claves y secretos de la antigua sede de Hacienda en Valencia

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Juan Vicente García Castillo tiene un sueño. Arquitecto jubilado de la Hacienda Pública y responsable del antiguo edificio de la Agencia Tributaria en la calle ... Guillem de Castro, aspira a verlo pronto rehabilitado y convertido, al menos en parte, en un museo dedicado a la arquitectura. Destinado en Valencia desde 1985, en su memoria tiene todos los secretos del imponente inmueble construido en 1954, un año después del acuerdo entre España y los Estados Unidos para el establecimiento de las bases norteamericanas.

García Castillo atiende a LAS PROVINCIAS en una cafetería del Ensanche, tomando un cortado mientras habla de otra de sus pasiones, este distrito repleto de edificios con nombres de arquitectos de prestigio. Acude a la cita con una gruesa libreta de hojas blancas repletas de dibujos y pequeños textos alrededor que salen de fachadas y patios interiores del edificio, que se encuentra ahora en pleno debate sobre los usos que debe tener.

El arquitecto se jubiló el pasado año. «Trabajé veintitantos años en el Catastro y otros tantos en la Agencia Tributaria», menciona, para señalar la primera de las claves a tener en cuenta para su rehabilitación. «Se trata de un solo complejo, pero estructuralmente está dividido en dos partes diferenciadas: una torre alta que cuenta con su propia cimentación y, adosado a ella, un edificio en forma de U. Ambas estructuras no se tocan porque existe una junta de dilatación en medio», desvela.

Con el paso del tiempo, este diseño ha terminado produciendo una fisura de arriba abajo, imposible de eliminar por completo, en la calle lateral que separa el complejo de la iglesia de San Agustín. «Todo el conjunto se construyó a la vez, pero seguramente los autores quisieron darle más importancia al edificio principal que al resto, el cual estaba destinado a oficinas para funcionarios. Por eso, la zona de oficinas se hizo más bajita y sencilla, mientras que la torre es la parte potente», desgrana en referencia al trabajo de Echenique y Calvo, profesionales que no tienen más obra en la ciudad de Valencia.

A nivel patrimonial, el edificio no está catalogado como Bien de Relevancia Local y no tiene ninguna catalogación propia. Solo cuenta con una protección ambiental en la fachada debido a la cercanía con la iglesia de San Agustín, que sí es un Bien de Interés Cultural (BIC). Al estar la fachada del inmueble incluida en el entorno delimitado de este BIC, cualquier intervención exterior tiene que pasar obligatoriamente por la Consellería de Cultura, por lo que ahí entra bastante en juego el criterio técnico. Por el contrario, el interior no está protegido en absoluto, lo que permitirá modificarlo por completo y hacer cualquier reforma que se considere necesaria.

«Los vestíbulos que tiene en las plantas baja, primera, segunda y tercera son espacios muy importantes, articulados por una escalera imperial magnífica de doble tramo que va desde abajo hasta arriba. Aunque no cumplía con las normativas actuales de evacuación, es espectacular y es el elemento que más me gusta junto a la organización general de los espacios», subraya.

El edificio es propiedad del Ayuntamiento (60%) y de la Diputación (40%). Aparte del uso administrativo, origen de la iniciativa por el consistorio, la institución provincial quiere que acoja también salas de exposiciones para mostrar sus fondos. En los últimos meses se ha hablado de una biblioteca, sin concretar más.

«Respecto a la propuesta planteada por la alcaldesa de habilitar el semisótano como salas de exposiciones, considero que técnicamente no es la mejor opción», dice García Castillo. Aunque el inmueble es enorme y tiene unos 11.000 metros cuadrados construidos, el semisótano es excesivamente bajo. «Se diseñó originalmente para el archivo de material y como garaje privado del delegado. Además, en los años 60 el hormigón empezó a mostrar síntomas de debilidad y se tuvo que reforzar la estructura metálica y de hormigón, lo que redujo aún más su altura libre». Lo idóneo en su opinión es colocar los usos públicos principales en las plantas altas y dejar los sótanos para instalaciones, aparcamiento o archivos documentales.

A pesar de carecer de protección interior, el edificio esconde elementos singulares e influencias artísticas muy interesantes. «La fachada del atrio de entrada y el propio patio de operaciones son una copia del acceso al patio de la Cancillería de Berlín. Además, posee claras referencias de Frank Lloyd Wright, concretamente del edificio Larkin, considerado el primer referente histórico de un edificio de oficinas moderno», subraya el arquitecto.

De este último edificio norteamericano, ya desaparecido, tomaron el concepto de patio abierto donde los pisos superiores vuelcan visualmente sobre el espacio central. «En la Delegación de Valencia esto solo ocurre en el primer piso, pero si se subiera el techo hasta la última planta, se lograría ese efecto en todo el inmueble», sostiene.

De ahí sale la primera propuesta de modificación. Elevar el techo del patio central para darle más amplitud y facilitar su ventilación. «Hace poco estuve en París visitando de nuevo el Museo de Orsay y me parece magnífica la idea de que desde cualquier punto del edificio se pueda ver la planta baja. En un museo esto es fundamental porque aporta una orientación espacial inmediata: te permite saber dónde estás, por dónde se entra y por dónde se sale. Además, ofrece la posibilidad de organizar una gran exposición en la planta baja que sirva de referencia visual y volumétrica desde todo el recorrido. Conseguir esto aquí sería sumamente interesante», explica.

García Castillo entronca esta idea con la idea de un museo dedicado a la arquitectura, un museo nacional. «Me gustó mucho el artículo que escribió Andrés Goerlich porque nos espolea y despierta el gusanillo de por qué no tenemos un museo de la arquitectura en Valencia. Yo apoyo totalmente esa propuesta e incluso la elevo: deberíamos aprovechar la coyuntura para ser más ambiciosos y solicitar para Valencia el Museo Nacional de Arquitectura y Urbanismo. Es muy probable que la respuesta oficial sea un no, pero si no se pide, nunca tendremos la oportunidad de conseguirlo», comenta sobre un artículo publicado en LAS PROVINCIAS por el presidente de la Fundación Goerlich. «En España existía el Museo Nacional de Arquitectura y Urbanismo, pero se desmanteló para crear la Casa de la Arquitectura, cuya sede actual se encuentra ubicada de forma un tanto circunstancial en las Arquerías de Nuevos Ministerios, en el Paseo de la Castellana de Madrid», apunta.

Para materializar ese museo, la propuesta pasa por una reestructuración interna. «Si tomamos el techo actual del patio central y lo trasladamos verticalmente hasta la terraza superior, el resultado espacial cambia por completo. Actualmente, en esas dos plantas superiores lo que hay son oficinas con ventanas que miran hacia un patio interior abierto», detalla.

Al reubicar el techo arriba, no se está eliminando esas plantas, sino «integrándolas visualmente en el atrio». Por fuera el edificio se mantendría exactamente igual, respetando la fachada que no se puede tocar, pero por dentro ganaría muchísima luz.

Destaca que esta reforma es «perfectamente compatible» con la intención del Ayuntamiento de destinar espacio para oficinas públicas. «Para albergar la zona administrativa disponemos de la torre alta que recae a la calle Guillem de Castro, que es por donde se realiza el acceso principal. Esa torre no es funcional como espacio museístico, pero cuenta con capacidad para albergar una gran densidad de oficinas».

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